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José María de Cossío y la Generación del 27

¡Vivan los toros y EL COSSIO! Y vivan todos los libros que escribió el polígrafo de Tudanca.

¡Vivan los toros y EL COSSIO! Y vivan todos los libros que escribió el polígrafo de Tudanca.
Librería Del Prado

Sigue la polémica sobre la persecución del gobierno de Sánchez a la fiesta de los toros. Y a Sánchez Mejías. No rectifican. Nunca lo hacen y nunca lo harán. Así son los gobiernos totalitarios. Jamás reconocerán que se equivocaron al suprimir el Premio Nacional a la Tauromaquia.

Ocultarán que la prestigiosa publicación francesa Cahiers du Cinema ha premiado como mejor película mundial de 2025, se dice pronto, el documental de tauromaquia de Albert Serra: Tardes de Soledad. Persistirán en excluir a Sánchez Mejías, el torero, aglutinante inicial, junto a José María de Cossío, de la G-27. Así son estos destripaterrones. Analfabetos. Porque seguirán estigmatizando a todos los autores que estén relacionados con el mundo de los toros, es obligación moral de primer orden reivindicar a nuestro primer escritor nacional de toros. Sí, gritemos alto y claro: Cossío. ELCOSSIO es el libro de libros, la gran enciclopedia nacional sobre los toros. Sólo un humanista neo-renacentista, alguien tan gran conocedor de los clásicos como de nuestro Siglo de Oro, y abierto a las vanguardias innovadoras del pasado siglo, pudo llevar a cabo una obra de las dimensiones y calado de esta Enciclopedia de la tauromaquia.

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Rafael Ortega "El Gallo"

Experto y gran aficionado al mundo taurino, fue amigo de toreros como José Gómez Joselito, Ignacio Sánchez Mejías, Rafael Ortega "El Gallo", Juan Belmonte, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida y Domingo Ortega. En 1934, inició la redacción de su monumental obra dedicada a la tauromaquia, Los toros. Tratado Técnico e Histórico, en cuatro volúmenes, publicados entre 1943 y 1961. Es conocido popularmente como ELCOSSIO. Ortega tuvo la feliz idea de apoderar a Cossío para que llevara a cabo la faena literaria sobre los toros más importante del siglo XX. Fue y sigue siendo la más ambiciosa aventura editorial del mundo de los toros. Ortega le hizo saber a Cossío mediante su pariente José María de Corral, catedrático de Medicina, su interés porque fuera él y no otra persona quien emprendiese esa magna publicación. Así consta en una carta, fechada el 8 de noviembre de 1934, que se conserva en la Casona de Tudanca:

"No hay razón, decía el propio Ortega con la pluma de Corral, para desdeñar un arte milenario tan nuestro y que creo era el momento de hacer una cosa en serio y dirigida por un literato de nombre como el excelente taurófilo y taurólogo; como literato e investigador que se aúna en José María de Cossío, para hacer un Diccionario Taurino".

En el Archivo de la Casona de Tudanca también se conserva una carta, fechada el 12 de diciembre de 1934, de los directivos de Espasa-Calpe a Cossío, que confirma la iniciativa de Ortega:

"Nuestro Consejero Don José Ortega y Gasset considera que es V. la persona mejor preparada para llevar a cabo esta obra y por ese motivo desearíamos cambiar impresiones con objeto de hacerle presente nuestro pensamiento y concretar la presentación que ha de tener la obra en cuestión (…). Mucho agradeceríamos estudiara V. este asunto y nos expusiera lo que a su juicio debe ser la obra a reserva de ultimar en alguna visita que haga V. a Madrid y que desearíamos nos fuese avisada previamente para que estuviera presente Don José Ortega y Gasset, cuyo consejo hemos de tener presente para hacer el estudio de la obra."

Más aún, Ortega, durante la entrevista que tuvo con Cossío en la navidades del 35, le insistió en que había "llegado el momento reflexivo de la fiesta. Desde el apogeo con Joselito y Belmonte, esta en el momento de madurez que puede convertirse en éxodo y putrefacción. Es más interesante reaccionar sobre la fiesta que espolearla, quien sabe que metas…ese mundo popular de los toros que ha sabido llevarla hasta la perfección en que la contemplamos es el llamado a hacerla continuar. Nuestros consejos y nuestra opinión puede ser perturbadores en cambio puede ser fecundo cuando ilustre sobre lo que la fiesta ha sido y sobre todo lo que puede significar."

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Hago hincapié en estas cartas de Ortega, el filósofo más grande que ha dado España en el siglo veinte, para que nos hagamos cargo de que se escogía a Cossío, naturalmente, porque era ya un extraordinario humanista de reconocido prestigio, baste citar su gran obra de 1931, Los toros en la poesía castellana. Estudio y antología, 2 vols., que consiguió el Premio Fastenrath de la Real Academia Española de la Lengua. Cossío es uno de los grandes de la crítica literaria, seguramente el mejor seguidor de la prosa lírica de don Marcelino Menéndez Pelayo, famoso, sí, por ELCOSSIO, pero grandioso en el resto de su extensa obra. Pocos como Cossío han penetrado en los misterios de Lope, Quevedo y Gracián, o en los rasgos renacentistas y populares del cántico espiritual de San Juan de la Cruz. Sus trabajos sobre don Marcelino Menéndez Pelayo son de lectura obligada para quien quiera saber algo del inventor de la crítica en España. Cossío nos ha enseñado que el rigor más tolerante es la única manera de no "convertir al español más humano y de pensamiento más idóneo, don Marcelino Menéndez Pelayo, para construir el lazo de unión de todas las disconformidades españolas en un guerrillero tosco y agresivo al servicio de un sector reducido de intérpretes de la tradición o el españolismo."

Cossío, el gran amigo de Sánchez Mejías, y otros grandes toreros, no es una figura menor de la G-27. Y, sobre todo, nadie tiene derecho a sacarlo de los festejos que preparan los sectarios del Ministerio de (In) Cultura para celebrar el Centenario de la G -27 por escribir de Toros. ¡Vivan los toros y EL COSSIO! Y vivan todos los libros que escribió el polígrafo de Tudanca. Lean su extraordinaria investigación Cincuenta años de poesía (1850-1900), publicada en 1960, es un acercamiento "con humildad y respeto a estos poetas. No es ciertamente el trato que vienen soportando, puede decirse que los cincuenta y más años que tiene de vida nuestro siglo."

Debemos esforzarnos por recordar a Cossío

Merece la pena ahondar en la figura literaria y la figura humana de este poliédrico escritor, aunque solo sea para hacerle rabiar a estos policías de la cultura española de nuestro tiempo, o sea a los del Ministerio de (In) Cultura. Y, de paso, recordamos que Cossío no estuvo en el famoso festejo de homenaje a Góngora, en Sevilla de 1927, porque tuvo que atender asuntos familiares de urgencia:

"Sentí en el alma no acompañaros a Sevilla. Debió (de) ser delicioso."

Cossío no fue a Sevilla, porque en esos días estaba en Valladolid acompañando a su hermana Carlota que hubo de ser trasladada a Madrid por enfermedad de urgencia. No estuvo, pero sin su mediación jamás se hubiera celebrado el homenaje a Góngora. Sánchez Mejías, el patrocinador de la celebración, era íntimo amigo de Cossío.

Mil maneras hay de acercarse a la obra y la personalidad de Cossío. No descarten jamás una visita a la Casona de Tudanca. Pero sobre todo consulten los juicios de los poetas del grupo del 27 y sus allegados. El bueno de Pepín Bello, el otro gran aglutinador de la generación, decía que

"Cossío era un hombre de primera. Ortega le tenía un gran respeto y le trataba con deferencia. Precisamente fue Ortega quien indujo a Cossío, que era un trabajador impenitente, a que hiciese su famoso libro sobre los toros, que es una obra faraónica".

Debemos elegir una de sus mil facetas para hacernos cargo de este personaje, pero no estaría mal entrarle por el soneto que le dedicó José María Pemán con la siguiente entradilla:

"Supone el soneto el soliloquio del insigne montañés, cuando, a los cien años que le deseo, chochee y mezcle sus aficiones y saberes".

Y ahora el soneto:

El famoso Marqués de Santillana

era del "Racing" delantero centro.

¡Y como toreaba en cada encuentro

"al natural" con su muleta grana!

Se llamaba José. Por su ventana

se veía Tudanca, sierra adentro:

eje de la Poesís y epicentro

donde "el Gallo" compuso la Araucana.

Mientras Pepe Luis Becquer Suarez

del "Barcelona" y de las Rimas gala,

nos colaba un "penalty" de cantares.

Este es, lector, mi cielo y mi Walhala:

Pereda… Peña Amaya… Cielos… Mares…

Una marquesa… un puro… ¡un gol!…¡Kubala!

Tampoco se queda atrás Federico García Lorca cuando se lo imagina en su casa de Tudanca: Le veo a usted en su casa de Tudanca, entre membrillos y nogal pulimentado, trabajando en cosas bellas por el día y durmiendo un dulce y lento sueño de oso por las noches.

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Miguel de Unamuno

Este hombre, que en Salamanca formó su irrenunciable vocación taurófila, se hizo íntimo amigo de don Miguel de Unamuno, más tarde visitante asiduo de su Casa de Tudanca. Cossío hizo de la amistad el gran leitmotiv de su vida. Humanista e ingenioso, jovellanista y libre pensador. Fue un libertario. Sus amigos se contaba por ciento y en todos los sectores sociales…, tuvo de "secretario" y amigo a Miguel Hernández… Dice uno de sus "biógrafos", Rafael Gómez de Tudanca, que sus "inquietudes literarias fundamentales como el retorno al mundo de los clásicos y a los cancioneros y romanceros, y la novedosa y torrencial sangre temática de los toros en la poesía, fueron aportación y alimentación casi exclusiva de Cossío en los poetas del 27. Su grandes y primitiva amistad con Ignacio Sánchez Mejías, que ya le venía de su profunda amistad con Joselito, produjo repercusiones en cadenas, aún nunca profundizadas en justo cálculo por la crítica". Cierto. Por ahí se abre toda una veta para seguir investigando. Pero yo, querido lector, me despido de usted hasta un próximo encuentro con el soneto que le dedicó Max Aub en 1930:

¿De qué oso montañés, suave y bravío,

de tus potentes montes -gris de cielo,

de nuve manantial, cálido yelo-

alcanzaste, José María Cossío

al toro afición, central navío

de castizo bibliofilo -en celo?

Gafas de inteligencia, leve velo,

si divino el catar, tuyo el envío.

¿Conocedor de toros por sonetos

o de verso por fiera bien toreada?

Sabe Tudanca, campo de cristal,

goles en bibliotecas de- abetos,

de las aguas toreando al natural

montes que el sol recogen de estirada.

¡Goles en bibliotecas! Genial. Nunca sus amigos olvidaron la otra pasión de Cossío: el fútbol.