
Domingo, 18 de enero. Tarde-noche. Renfe. Tren de cercanías entre el Aeropuerto y Chamartín. Transbordo a otro tren de cercanías con destino El Escorial. Sale a las 21.45 h., pero a los veinte minutos se detiene en medio del campo. Después de cuatro horas, se restablece el servicio y, finalmente, llega a El Escorial. Son las tres de la madrugada. Al fin, está en casa, de la que había salido al amanecer del día anterior para ir a trabajar a Manoteras en unas oficinas del Banco de Sabadell. Acabó su relato: "Es lo que hay. Nada importante con lo sucedido en Adamuz alrededor de las 19:43 h. de ese domingo." Lo dijo con la misma cara de tristeza de quienes la escuchábamos, el miércoles 21 de enero a las 22 h., en un tren que hacía el mismo trayecto entre Chamartín y El Escorial. Nuestra compañera de viaje nos había situado en la realidad. Habían pasado casi tres días y todos viajábamos con el alma encogida. Todos sabíamos que nuestro tren pasaba por Adamuz. Este tipo de "historia" se repetirá por toda la geografía de España. Tragedia de España.
