
¿De qué puede llenarse un cántaro que pese menos que el cántaro? Viejo acertijo andaluz con el que se desconcertaba a los niños, y no tan niños, desde siempre. La respuesta es: "De boquetes". Lo mismo pasa con la confianza en la democracia. Si la llenas de boquetes, de agujeros, por ellos se va el respeto a un modo de convivir aceptado y el peso de la nación que lo sustenta disminuye hasta advertir que su propia existencia está en peligro.
La confianza es un sutil e invisible elemento primordial de la convivencia, un intangible que mueve montañas o las derruye. La confianza consiste precisamente en poner fe, en disponernos a creer que lo que va a suceder, y cómo va a hacerlo, es lo esperado (prometido) y/o lo acordado (legislado). Cuando se deja de esperar y se menosprecia e incumple lo convenido, se pierde, poco a poco, o aceleradamente, la confianza.
España ha estado desde los años de la Transición entre las naciones que más confianza han depositado en el valor de la democracia como cimiento de la convivencia pacífica. En las últimas décadas, una serie de agujeros, si no nuevos sí muy dañinos, están provocando la desconfianza radical o la confianza ciega, que es la peor desconfianza. El proceso de polarización ideológica, política, moral e incluso sentimental que es, en sí misma, la negación de la conversación y el acuerdo políticos, lo demuestra.
