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Santiago Navajas

Las mentiras de Al Gore sobre el cambio climático 20 años después

Ninguna de sus predicciones apocalípticas se ha cumplido. Esa es la única verdad incómoda de un político fracasado y un estafador científico.

Cordon Press

En 2006, el mundo vio fascinado cómo Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, presentaba en salas de cine lo que llamó "la película más aterradora que verá jamás". Una verdad incómoda se convirtió en un fenómeno cultural, recaudó más de 50 millones de dólares, ganó dos Oscar y le valió a Gore el Premio Nobel de la Paz en 2007. Dos décadas después, ninguna de sus predicciones apocalípticas se ha cumplido. Esa es la única verdad incómoda de un político fracasado y un estafador científico que ha sabido transformar, eso sí, su fracaso y su estafa en una fuente inagotable de ingresos al estilo de los vendedores de crecepelo. Un análisis basado en datos científicos revela cómo el alarmismo climático de Gore ha sido contraproducente para la ciencia que pretendía defender.

Y lo que es peor, su catastrofismo ha dañado la credibilidad de la ciencia climática legítima. Las exageraciones de Gore son tan peligrosas que cuando las profecías apocalípticas no se cumplen, el público pierde confianza en toda la ciencia climática. "Dentro de la década", advirtió Gore en 2006, "las nieves del Monte Kilimanjaro habrán desaparecido completamente". Mostró imágenes dramáticas del glaciar retrocediendo y estableció un plazo claro: 2016. Pero en 2026, el Kilimanjaro sigue cubierto de nieve. De hecho, en 2018 se registraron las nevadas más intensas jamás documentadas en el volcán. Los operadores turísticos informan que los visitantes llegan esperando encontrar un pico desnudo —gracias a Gore— y se sorprenden al ver glaciares donde según los catastrofistas debía existir solo un páramo de piedras desnudas. Más revelador aún es que la ciencia posterior demostró que el retroceso glaciar en el Kilimanjaro se debe principalmente a cambios en los patrones de precipitación oceánica, no al calentamiento global directo. Gore simplificó excesivamente un fenómeno complejo para crear una narrativa apocalíptica.

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