
Sin que sirva de precedente, voy a considerar que algo que ha dicho Pedro Sánchez tiene parte de razón. En concreto, cuando advirtió contra la cofradía de plutócratas de Silicon Valley que pretenden convertir el sistema de libre mercado en una farsa tecnofeudal a mayor gloria de la IA.
Como siempre, detrás de todo político, economista o militar que impone su acción en el mundo, hay un filósofo que pone las ideas. Nuestro filósofo es Nick Land. Este filósofo británico se exilió a Shanghái para, en principio, no volver a Occidente, ya que su tesis es que el foco del mundo se va a desplazar del Atlántico al Pacífico y el eje Europa-EE. UU. va a ser sustituido por el de China-EE. UU. Pero volvió a aparecer en una mansión de San Francisco rodeado de los fundadores de Midjourney, Anthropic y OpenAI. Cuando la expareja de Elon Musk, la cantante Grimes, le preguntó qué pasará cuando la IA se coma el universo, Land respondió que «la tecnología comiéndose el universo es la imagen más hermosa». Esto lo que significa es que en Silicon Valley hay una corriente de innovadores que no solo se ven como empresarios que sacan adelante un producto o un servicio, sino que se ven a sí mismos como profetas de una utopía que se vende como un plan de negocio. El artículo de James Duesterberg en The New Yorker (febrero de 2026) ha hecho la crónica en tiempo real de cómo el nihilismo aceleracionista de los años 90 se ha convertido en el software filosófico de la élite tecnológica que hoy manda en Washington.
