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Semana rosa

La dulce primavera de la Esteban y el resurgir de la Pantoja

Por Ignacio Montes

Ya no es un rumor que Belén Esteban haya encontrado de nuevo el amor. El afortunado, Oscar Lozano (sobrino de la mexicana De la Vega y ex de Carmen Morales) se descuelga en Lecturas con unas exquisitas declaraciones: “Voy a convertir a Belén en una señorita”. Y es que la Esteban tiene una mano negra en su vida. En Ambiciones (la mansión de aquel currupipi de Ubrique) no la querían, la consideraban ordinaria (dime quién eres...) y ahora, después de tanto sufrimiento, después de tanta y tan descarnada lágrima por el padre de su Andrea, llega el Lozano y la quiere convertir en princesa. ¿Cuántos cuentos leyeron estos adonis del amor eterno?

Dice ella que no puede pasar un día sin pensar en su Oscar y que a sus padres les gusta el chico. Cuando se despegan (ya saben que los primeros días la pareja se convierte en un solo ser) se aconsejan uno al otro (qué bagaje dan las separaciones). Lecturas regala a la Esteban un idílico reportaje campestre en el que la moza vuelve a contar lo que ya ha cacareado en todas las televisiones del país.

La Pantoja abre “La Cantora”

Se había jartao Isabel de decir que nunca mostraría su finca andaluza porque allí había vivido los últimos y maravillosos momentos de Paquirri. Y ahora, el tiempo lo cura todo, Hola nos muestra en exclusiva un amplio reportaje en la secreta casa, y lo hace para celebrar la recuperación de la coplera. Titula la revista: “Tras su grave enfermedad Isabel nos abre las puertas de su casa y de su corazón”, un corazón, por cierto, que le ha robado ese empresario (es el título de moda en los mundos del colorín) que responde al nombre de Diego y que hace gala de su mal humor con excelente maestría.

Isabel se sincera. “Sé que mi final está aquí, en esta casa, y por mí me retiraría ahora mismo”. La cantante tuvo que suspender sus galas en el Calderón por una enfermedad nerviosa que le ha retirado de las tablas por un tiempo.

Los gemelos del Alba

La próxima paternidad de Cayetano Martínez de Irujo sigue desatando dimes y diretes en las revistas del cuore. Él se apunta al “no sabe no contesta” pero las futuras abuelas, enternecidas por la llegada doble de la cigüeña, abren sus boquitas de piñón para contarnos lo felices que se sienten. En la revista Hola la abuela materna Mariana González-Reimann, desde México, dice: “Cayetano es un caballero con mi hija y está pendiente de ella en todo momento”.

En Semana habla la abuela paterna. La duquesa de Alba afirma que “los mellizos son una bendición de Dios”, “soy una mujer muy liberal y no sé por qué han dicho que estoy disgustada”.

La princesa quería ser payasa

Estefanía de Mónaco sigue enamorada (ya es un récord) del director del circo Knie. Allí los niños de la monegasca campan a sus anchas entre las fieras, mientras en Mónaco Carolina (que es más señora) se acicala para volver un año más al tradicional Baile de la Rosa. Raniero guarda silencio y Claudine Knie, su ex mujer, suelta la lengua en Hola para acusar a la princesa de manipuladora. “No sé lo que Estefanía ha hecho pero mi marido ya no es el hombre que yo conocí”.

Los Oscar en Hollywood y Armani en el Guggenheim

Todas las revistas completan sus páginas con un especial de la gala de los Oscar y con la presentación que hizo el diseñador Giorgio Armani en el Museo Guggenheim de Bilbao. En la cita española, Isabel Preysler (de Armani), Carmen Martínez Bordiu (de Poiret) y Jacqueline de la Vega (también de Armani) destacaron por su elegancia. No se puede decir lo mismo de Joaquín Cortés, que lució una imposible chaqueta galvanizada en blanco, ni de Carla Royo-Villanova en rayas naranjas, rojas y verdes.

De la gala de los premios más prestigiosos del mundo del cine, hay que destacar, una vez más, el Valentino lucido espectacularmente por una impresionante Julia Roberts (que nos trajo el recuerdo más fresco de Audrey Herpburn), la belleza y antipatía (todo en uno) de Penélope Cruz (vestida por R. Lauren) y la naturalidad del perdedor de la noche, Javier Bardem (a quien Armani prestó uno de sus trajes de etiqueta). Entre los horrores de la noche, como muestra Hola, estaban la compositora irlandesa Björk (disfrazada de cisne), una desmesurada y ordinaria Pamela Anderson y una mullida y entrada en carnes (Diez Minutos) Mónica Lewinsky, que jamás pierde la ocasión de dejarse ver, y digo ver porque si se deja caer ¡la armamos!

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