Esta escena fue la más criticada por los espectadores. Pero el público ya comenzó a sorprenderse nada más levantarse el telón: cuando contemplaron a una hilera de personajes sentados en un retrete leyendo el periódico con cisterna y cadena incluidos. La sorpresa continuó durante el segundo acto, en el que un hombre y una mujer desnudos tocan sus cuerpos. Minutos después, un grupo de militares violan y asesinan a un proxeneta. La ira fue en aumento hasta que en el tercer acto el personaje de Renato maltrata físicamente a su esposa infiel, poniéndola una pistola en la sien.
La adaptación de la ópera de Giuseppe Verdi fue bien recibida por el público joven, pero no por el de edad más avanzada, que ya había escuchado rumores sobre la extremada violencia de la obra. Fue precisamente este sector el que protestó durante y después de la puesta en escena del montaje, llegando a exigir incluso la presencia inmediata del director del Liceo, Josep Caminal. Los aplausos fueron dirigidos a los cantantes. Las pitadas y gritos de “marrano, marrano”, al director de escena, Calixto Bieito.
Bieito ha ambientado el libreto del compositor italiano en el Parlamento español durante la transición. El drama transcurre en un día y medio, y convierte a los personajes en una serie de conspiradores que urden sus tramas en los lavabos. Según Bieito, a Verdi le interesaba la complejidad de la persona, sus contradicciones. Su montaje, una coproducción del Liceo, la English National Opera y la Royal Danish Opera de Copenhague, volverá a ponerse sobre las tablas del coliseo barcelonés en diez ocasiones más, dos de ellas a precios populares.
Un director acostumbrado a las críticas
Bieito fue también el responsable de una adaptación de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca que se representó durante un mes en el Teatro de la Comedia de Madrid, y que también vino acompañado por la crítica. El propio director de escena declaró que su adaptación de la obra tenía como resultado “un montaje salvaje”. Su intención fue sorprender a los espectadores, y sin duda lo consiguió. Para ello se valió de un techo de cristal móvil que volaba por el recinto o un escenario cubierto de grava que hacía aún más intensos los ritmos de flamenco que acompañaban al espectáculo.
