Para sorpresa de los padres que durante décadas han puesto en manos de sus hijos las, aparentemente, inocuas aventuras del osito Winnie, el burro Eeyore, el cerdo Piglet y el niño Christopher Robin, éstas encierran un problemático mundo psicológico propio de una pesadilla.
Su compañero inseparable, Eeyore, no sale mejor parado. Sufre una constante depresión a consecuencia de la amputación traumática de la cola, por lo que los doctores de la Universidad Dalhousie de Halifax recomiendan unas buenas dosis de Prozac y terapia. El cerdo Piglet, al fin y al cabo mucho estudios señalan que estos animales son psicológicamente muy parecidos a los humanos, padece ansiedad generalizada fácilmente observable, dicen los doctores, por su propensión a ruborizarse y a balbucear. Solución: Paroxetine, un medicamento para combatir la sensación de pánico.
Finalmente, el muchachito Christopher Robin se enfrenta a una crisis de identidad sexual, le falta una adecuada supervisión paterna y es preocupante que pase tanto tiempo hablando con animales.
El estudio del equipo pediátrico de Halifax, que por si alguien tenía dudas de su seriedad se publicó en el último número del prestigioso "Diario de la Asociación Médica Canadiense", no podía haber llegado en peor (o mejor) momento, justo en plena campaña navideña.

SEGÚN UN ESTUDIO PEDIÁTRICO
El osito Winnie The Pooh es un enfermo mental
Winnie the Pooh, el osito que se ha convertido en uno de los iconos culturales infantiles de Canadá y de todo el mundo, no volverá a ser el mismo tras ser analizado por los pediatras más destacados del país, que han diagnosticado que sufre sufre hiperactividad y falta de atención, es obsesivamente compulsivo, tiene tendencia a la obesidad y además podría desarrollar en el futuro el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que se caracteriza por tics y movimientos involuntarios, rápidos y repetidos. Los médicos han recomendado que sea tratado con un medicamento llamado Ritalin.
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