Durante el discurso previo a la votación de la propuesta, el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, ha recordado que Miguel Delibes se encuentra entre “los literatos más importantes en lengua castellana, en el periodo más señero de las letras españolas contemporáneas”. El edil popular también ha repasado las numerosas distinciones que ha recibido el académico a lo largo de sus cincuenta años de trayectoria literaria. En 1947, el autor de “El camino” consiguió el Premio Nadal por “La sombra del ciprés es alargada”, galardón al que sucedieron el Príncipe de Asturias de las Letras en 1982, el Nacional de las Letras (1991) y el Premio Cervantes en 1993.
El pleno celebrado este miércoles no pasa de ser otro reconocimiento que rinde Valladolid a su hijo predilecto. Como ha explicado De la Riva, Miguel Delibes ha reflejado mejor que nadie la realidad de su Castilla natal, “cuyo paisaje y paisanaje – ha dicho el alcalde – han protagonizado sus novelas, trascendiendo su problemática a una categoría universal”.
Miguel Delibes: un vallisoletano universal
De la primera persona que se acordó el último Premio Cervantes, Francisco Umbral, al conocer la distinción que se le otorgaba, fue de Miguel Delibes. El agradecimiento se debió a los conocimientos que recibió el columnista del escritor durante la etapa que ambos compartieron en los años ´40 en “El Norte de Castilla”. En el diario vallisoletano se encontraba Miguel Delibes cuando en 1948 le fue concedido el Premio Nadal de Novela por su obra "La sombra del ciprés es alargada". Delibes tenía 28 años, y comenzaba una brillante carrera literaria.
Escritor de cuentos, novelas, ensayos, narraciones de caza y artículos periodísticos, Miguel Delibes continuó publicando obras maestras de la literatura castellana; "El camino", "Mi idolatrado hijo Sisí","Diario de un cazador", "La hoja roja", "Las ratas" o “Cinco horas con Mario”, son sólo un ejemplo de una prolífica carrera cargada de éxitos.
Considerado uno de los novelistas españoles más representativos, Miguel Delibes sufrió un periodo de inactividad tras la muerte de su esposa en 1974. Reinicia su creación en 1978 tras la edición de "El disputado voto del señor Cayo", al que siguieron "Los santos inocentes" o "Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”.
En 1998 publica "El hereje", una novela ambientada en el Valladolid del siglo XVI y considerada por el escritor castellano como "una obra de final de carrera". Con "El hereje" obtuvo el 19 de octubre de 1999, el Premio Nacional de Narrativa.
