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ACUSA A JULIO CARO DE BORRAR LA VERDAD SOBRE EL ESCRITOR

Baroja era antisemita, envidioso y misógino hasta justificar la violación, según una biografía

El escritor y ensayista navarro Eduardo Gil Bera, autor de una biografía no autorizada por la familia del novelista Pío Baroja, considera que todo el mito barojiano se construyó sobre la mentira y califica al autor de la Generación del 98 de antisemita, misógino y envidioso entre otros calificativos.

Bajo el título "Baroja o el miedo" (Península), Gil Bera trata de demostrar que "el escritor tuvo el acierto no sólo en crear ese mito falso, sino en perpetuarlo, algo a lo que ha ayudado el clan familiar heredero, entre ellos su sobrino Julio Caro Baroja". El ensayista navarro atribuye, en parte, a Julio Caro, heredero intelectual de la casa familiar, que muchas de las acusaciones que ahora documenta en su biografía fuera expurgadas.

Gil Bera también desmiente el pretendido apoliticismo de Baroja al documentar que se presentó desde candidato a diputado hasta concejal de una aldea como Vera.

Gil Bera sostiene que "la mano de Julio Caro borró el antisemitismo de Baroja, sustentado en las teorías de Georges Vacher de Lapouge, que influyó posteriormente en los ideólogos nazis" y recuerda que el autor de "El árbol de la ciencia" llevaba en 1922 una cruz gamada en su solapa o que "las expresiones racistas ya aparecen en su tesis doctoral "El dolor" en 1896.

No menos crítico se muestra Gil Bera con "su misoginia, su avaricia, su pudor casi obsesivo por el sexo o su relación edípica con su madre hasta el punto de que Baroja era incapaz de construir un personaje sin la aprobación previa de ella". De esa relación surge, según el biógrafo, un odio obsesivo a la mujer, que le lleva a considerar que "la violación es terapéutica", como asegura en su libro "Las horas solitarias".

Detrás de la apariencia de "liberal antitotalitario, viejo cascarrabias, pero sincero y entrañable", Gil Bera descubre un personaje envidioso, que "no sólo envidia a colegas coetáneos como Blasco Ibáñez, que puede incluso ser comprensible, sino incluso a personas fallecidas mucho antes como el violinista Sarasate, simplemente porque tuvo éxito".

A los barojianos que le critican, Gil Bera responde que "no pretendo que nadie lea a partir de ahora a Baroja, sino que lean la obra con otro foco de luz, porque, sin duda, Baroja es el mayor creador de estampas, sin entender estampas en tono peyorativo, y es una de las prosas más eficaces del siglo XX y muy dotado para el impresionismo”.

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