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DE CLIFFORD THURLOW

Un libro escarba en la homosexualidad frustrada de Dalí

El periodista británico Clifford Thurlow describe por primera vez la vida privada del pintor Salvador Dalí a partir del testimonio del colombiano Carlos Lozano, su amigo íntimo desde 1969 hasta la muerte del artista, que, según ha explicado el autor a EFE, vivió "atormentado" por una homosexualidad siempre ocultada.

Desde lo más profundo del impenetrable círculo cerrado del pintor ampurdanés, Lozano, un indio colombiano, cuenta las frases extraordinarias del pintor, las fiestas más locas e increíbles, el lujo desenfrenado en que se desenvolvía y la capacidad de Dalí en convertir todo en oro.

Thurlow comenta que "lo que más gustaba a Dalí era observar el acto sexual practicado por una pareja joven que había llegado a su casa de Portlligat, una escena que comparaba con la estocada de la corrida, y aún se excitaba más si los dos amantes no se conocían previamente".

En opinión del autor, "Dalí era totalmente homosexual, algo que compartía el propio Lozano, y como siempre ocultó esa homosexualidad, Dalí vivió durante toda su vida una especie de tormento que le llevó a pensar más de la cuenta en el sexo", pero “al no practicar, se convirtió en voyeru”.

En este círculo, Thurlow cree que "Gala jugaba el papel de la madre, porque Dalí quería una madre, pero paralelamente ambos buscaban en 1969 chicos jóvenes veinteañeros, él por su deseo homosexual, y ella por una voracidad ninfomaníaca".

Sobre García Lorca, quizás la primera personalidad que despertó el deseo homosexual en el joven Dalí, el autor opina que "a Dalí no le gustaba la idea de penetración, pero sobre la relación que mantuvo con Lorca es algo de lo que no habló hasta que se encontró en los años 60 con Carlos Lozano".

Entre las numerosas anécdotas que el propio Lozano relata a Thurlow, el periodista destaca aquella velada en la que Dalí espeta a Kirk Douglas y Yul Brinner en un tono provocador que "las mujeres no pueden pintar ni escribir, ni componer: producen embriones". "Para pintar hace falta genio -agrega Dalí- y el genio no está en ningún otro sitio sino en los cojones".

En ese mismo encuentro tras preguntarle Kirk Douglas sobre cuál era su filosofía, Dalí respondió con una mirada desafiante: "Canibalismo y putrefacción" y luego añade "me pusieron el nombre de Salvador porque nací para salvar el arte de las manos despóticas de los suicidas".

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