Por José Carlos Rodríguez
Son las diez de la mañana y la actualidad está marcada por lo que se creía que era la noticia del día, la inclusión en el preámbulo del nuevo Estatuto del término "nación" para Cataluña. Todavía no se ha producido el acontecimiento que marcará la actualidad hasta arrollar la corriente informativa, el comunicado de ETA. Nos entrevistamos con Arcadi Espada, con motivo de la presentación de su libro Informe sobre la decadencia de Cataluña reflejada en el Estatuto. Espada analiza párrafos escogidos del texto de septiembre, hurga detrás de las palabras para dar con el significado profundo, con la concepción última del "muñidor" del texto. Aunque el texto final cambie, su informe seguirá siendo válido, ya que el muñidor sigue siendo el mismo, como idéntico es el proceso político que le ha dado lugar.
Libertad Digital: Según las últimas noticias, Cataluña es una nación.
Arcadi Espada: Bueno, sí. Esto es de hoy mismo. Los periódicos sabes que mienten mucho. Dicen muchas mentiras. Bien, yo no puedo responder a esta pregunta sin hacer una larga excursión. Cataluña es una nación, efectivamente, pero no hay nadie que sepa exactamente qué quiere decir eso. El único concepto practicable de Nación es el que está ligado al Estado y a que éste mantenga con los ciudadanos una seguridad jurídica. Y es la única concepción moderna, racional y democrática. Todo lo demás es mito, anacronismo y folklore.
O algo peor, si es que uno opta por el concepto de nación cultural, que es el que los amables muchachos del nacionalismo quieren colar. Es un concepto archivado y archivable. Es un concepto que de alguna manera convivió con el concepto republicano y que perdió su partida histórica. Pero además, en el caso de Cataluña, que es singular, introduce un aspecto segregador muy preocupante, por una razón muy concreta. El concepto germánico tradicional de nación cultural implica que en una determinada comunidad haya una lengua, una cultura y una tradición. Y una etnia, también, pero dejemos la etnia aparte. Bien, si hay algo claro en Cataluña es que ha más de una lengua, más de una cultura y más de una tradición. Por tanto, ese concepto que se propone como eufemismo, resulta a la postre mucho más dañino para el conjunto de la libertad. Porque deja fuera a una parte muy importante de la sociedad catalana.
Es decir, que por un lado la nación política, actualmente este estatuto no la fija por que por los pujos anticonstitucionales o aconstitucionales no la puede fijar, y por otro lado esa nación cultural, que tampoco se fija explícitamente pero que parece que es la que surge como alternativa al aspecto político, es todavía más anacrónica y está todavía mucho más fuera de la realidad.
"Una escritura antidemocrática"
Yo entiendo que haya personas en Cataluña que quieran la independencia y que quieran crear un nuevo sujeto político. Creo que tienen todo el derecho a plantearlo y tienen todo el derecho a malgastar el trabajo y la juventud de muchas generaciones de catalanes. Por lo tanto, Caraluña es nación, pero nadie sabe a qué se refieren.
En el fondo es un ejemplo de escritura antidemocrática. El Estatuto está escrito de una manera oracular. De una manera que sirve al mito y que no sirve a la razón, lo que resulta altamente antidemocrático. Hay algo muy claro en los textos legales desde el código civil stendhaliano, elogiado por Stendhal. Y es que los textos legales deben ser claros porque sirven a una concepción de la vida y de la política caracterizada por la nitidez, la claridad y la sinceridad democrática. Bueno, pues si hay un texto en nuestra última historia, mucho más que el estatuto del 32 del 79, o las constituciones modernas, si hay un texto retorcido, antidemocrático, oracular, basado en conceptos indescifrables como derechos históricos, el blindaje de las competencias, ese es el texto del Estatuto. Y este ejemplo de escritura antidemocrática es lo más importante de todo. No se puede escribir un texto democrático con esos términos.LD: ¿Supone esto el fin de la soberanía nacional en España?
AE: No. Vamos, no soy un experto constitucionalista. Sí creo que el texto supone un debilitamiento del Estado y un debilitamiento del concepto de igualdad de los ciudadanos. Naturalmente, eso también lo significaba, en cierta medida, el texto del Estatuto del 79 y la propia Constitución, que optaba por un Estado unitario, pero con autonomías. Se habla de que es un modelo federal, pero tú conoces la sociedad norteamericana y sabes perfectamente que el federalismo norteamericano no tiene nada que ver, ni el modelo federal europeo.
Naturalmente había un cierto debilitamiento del Estado previsto, que incluso en términos liberales hay gente que les satisface eso, ya que todo lo que signifique un debilitamiento del Estado les parece bien. Esto me gustaría debatirlo un día, porque realmente, esa presunta debilitación presunta significa que ese foco del Estado lo tenéis más cerca, por lo que quema más e interviene más sobre tu vida que el Estado jacobino. Esto es algo que los liberales no entendéis.
Es cierto que ese debilitamiento del Estado a que este Estatuto llega a un punto intolerable. Pero reconozcamos que ese proceso no se inicia ahora. A mí me parece que en efecto España debe tener alguna forma de reestructuración del poder, por razones históricas, por razones sociolingüísticas, culturales, pero todo lo que signifique el debilitamiento de la igualdad como concepto básico, es negativo.
"La soberanía, no sé qué quiere decir"
Ayer escribí una columna en El Mundo respecto a la capacidad de improvisación de esta gente respecto de las consecuencias de lo que han planteado. Por ejemplo, la obligación de los jueces de hablar catalán, y en general de los funcionarios que trabajen en Cataluña. Ayer Arteta decía en un artículo, y con razón, que eso iba a significar que el ciudadano catalán tendrá más opciones de trabajar en la función pública que el ciudadano extremeño. Porque el ciudadano catalán puede trabajar sin problemas en Extremadura porque conoce el idioma perfectamente, pero el ciudadano extremeño no. Bien, hasta ahí Arteta. Yo añadiría. Y el Gobierno, ¿Qué puede hacer? La única cosa que se me ocurre es que implante en la escuela pública el estudio de los idiomas españoles, es decir, el euskera, el gallego y el catalán. Un Estado es como un diente. Está lleno de prismas. Tú no puedes romper un prisma sin que tu no hagas que el diente se venga abajo. Es decir, tú no puede decir "funcionarios que tengan la obligación de hablar catalán". Bien, ¿Y quién va a proveer a los ciudadanos españoles de la opción a la lengua para que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y trabajar en Bilbao o en el Puerto de Santamaría? A mí el de la soberanía, no es que me interese menos, es que no sé muy bien qué quiere decir.
LD: ¿Qué es Cataluña, que es capaz de definir una lengua y una cultura y de modelar un paisaje? Lo digo, porque elevar conceptos colectivos, a la categoría de actores, de agentes, tiene numerosos precedentes y no son buenos.
AE: Pues ya está contestado. Jaja. Tienes toda la razón, no hay más que decir.
LD: Bueno, pues nada. Pasamos a la siguiente pregunta.
AE: Fíjate que, además, esto ha desaparecido del nuevo preámbulo. Esto es como lo de Dios, yo lo digo en el libro. "Dios ha modelado el paisaje". Es completamente religioso.
LD: ¿Tan mal estamos que es necesario articular un partido en torno al concepto de ciudadanía?
AE: No sé si estamos mal o bien. Pero te digo una cosa, esto no debería ser ya una aventura solamente catalana. Creo que debería ser española. En España hay que resolver el bloqueo institucional y político de alguna manera. En Cataluña hay un grupo de personas, entre los que me encuentro yo mismo, que cree que el concepto de ciudadanía está en peligro.
Vamos a ver. Puedo admitir, y parece que lo admite el TC, que la enseñanza de organice a través de una lengua vehicular y que ésta sea el catalán. A mí técnicamente me importa tres puñetas. En Cataluña no hay conflicto lingüístico, porque no puede haberlo. Yo siempre digo que si hubiera tenido la opción de inmersionar a mis hijas en inglés, lo hubiera hecho. Es decir, la idea de la inmersión en la lengua materna es una bobada. Aunque reconozco el derecho de los padres a enseñar a sus hijos en un idioma oficial, naturalmente. Pero distingo este del concepto técnico de que los niños no aprenden matemáticas porque les enseñan en catalán.
LD: Pero, entonces, ¿cree que el partido Ciudadanos de Cataluña es exportable al resto de España?
AE: Yo creo que es una obligación. Creo que hay una obligación española de salir adelante. Y por parte de muchas gentes que están en los arrabales de los partidos mayoritarios, que vienen a hacer política, que es lo que les gusta. Yo no me voy a dedicar a hacer política. Yo, en fin, en un momento de urgencia, he puesto en macha esto, ayudaré y tal, pero yo no me dedico a esto; me dedico a la escritura, que es muy diferente. Quienes tienen que hacer esto son los políticos. En España, el territorio de la razón está amenazado. Amenazado por la izquierda y amenazado por la derecha.
LD: He leído su discurso de presentación de Ciuidadanos de Cataluña en Barcelona. En él defiende la desobediencia. ¿Qué desobediencia?
AE: El nacionalismo se impone tácitamente. Esa es su principal virtud. Hay una ley en Cataluña obliga a los colegios a enseñar en la lengua que los padres eligen. Es decir, que si un padre quiere que sus hijos estudien castellano, la ley le protege hasta los siete años. Pero cuando un padre reivindica ese derecho, se le dice que no. ¿Porqué se le dice que no? Lo más bonito son los argumentos. "¿Cómo va usted a apartar a ese niño, a segregarle creando dos comunidades?" Entonces, la gente se acojona. ¿Por que? Porque en lugar de pedirlo 2.000 padres, lo piden 10. Ese es un ejemplo de la intimidación. ¿Qué es la ley? No, la ley dice que esos padres tienen derecho a que su hijo aprenda en español.
Otro ejemplo. En Cataluña, hoy, si tu tienes una tienda, te pueden obligar a que utilices un determinado idioma en tus carteles. Bueno, eso es ilegal. Es más, si eso fuera legal, esto no sería un Estado de Derecho. Hay normas que están por encima de cualquier filigrana autonómica. Por ejemplo, la propiedad privada. Es decir, no puede ser que la sociedad catalana no reaccione ante esto. Eso es ilegal. A eso me refiero con que el nacionalismo se desobedece, pero la ley se cumple.Por ejemplo, esas personas que se ven obligadas en televisión a expresarse una lengua que no dominan, teniendo una lengua que es utilizable por todos. Pero prefieren hablar de una manera rudimentaria y lamentable otro idioma por la intimidación nacionalista.
LD: ¿Cómo piensan hacer llegar el mensaje crítico con el nacionalismo, cuando la prensa catalana expulsa casi completamente el mensaje no nacionalista.
AE: Yo estoy muy en contra de este victimismo. En estos momentos todos los que viven en Cataluña tienen elementos suficientes para saber que hay catalanes que nos oponemos al estado de las cosas. Y no ya Ciudadanos de Cataluña, sino personas que escribimos y nos manifestamos. Es decir, se ha producido ya tal rebote en la oposición, que uno no puede escudarse en que la prensa está amordazada.
Mira, este estatuto solo tiene una ventaja. Solo una. Y es que a mí me dejará perfectamente tranquilo cuando se produzca el referéndum, porque va a significar que la sociedad catalana va a elegir. Si este estatuto sale votado por la población de Cataluña con más apoyo que el Estatuto de 1979, yo tendré que decir "esto es Cataluña, esto es lo que quieren los ciudadanos de Cataluña, lo mío puede ser legítimo, puede ser razonable"; tan razonable como los que decían en Europa que las brujas no existían en el siglo XVI, pero naturalmente con el mismo éxito. Pero no cabe duda de que nos va a dar la medida exacta de la capacidad de disidencia de la sociedad catalana respecto de los planes nacionalistas. La sociedad catalana es una sociedad informada y ella tiene que tomar la decisión. Y no van a valer luego excusas. Si el voto a este estatuto supera el de 1979, la suerte estará echada. Y, desde luego, por mi parte estará echada.
LD: La construcción de una conciencia nacional en Cataluña se viene forjando desde hace mucho tiempo.
AE: Bueno, desde la prehistoria.
LD: Efectivamente. Si originalmente esa no era una preocupación o no era una inquietud real de una parte importante de Cataluña y empieza a serlo por la construcción del mensaje nacionalista, ¿es la sociedad catalana una sociedad débil, dócil, moldeable? ¿Lo es la española?
AE: No, no. Yo creo que la pregunta está mal planteada. Las sociedades son todas fuertes o débiles, moldeables o no, en función de los discursos que generan. El nacionalista es un discurso muy fácil, y tan atractivo como el discurso religioso. ¿Porqué tiene éxito el discurso religioso? Pues la evidencia de que mi padre se murió hace unos años y que no volveré a verle. El nacionalismo funciona con recursos parecidos. Dice: "usted pertenece a una comunidad que es superior a las demás". Siempre. No hay ningún nacionalismo que diga, "esto es una mierda". No, siempre dicen que es lo más.
Luego la primera cuestión es la vanidad política, el ego colectivo. Y la segunda es: "usted tiene más derechos porque llegó antes". Y no hay más. Yo siempre sostengo que el nacionalismo no se puede discutir. Puede obedecerse o no, pero no se puede discutir. ¿Cómo vas a discutir tú lo que hoy dicen en el horóscopo para los cáncer, que van a encontrar el amor de su vida? Pues esto es lo mismo.
LD: ¿Porqué el Partido Popular parece impedido en Cataluña de abrazar definitivamente un discurso claramente no nacionalista?
AE: Por una razón muy sencilla, porque aspira al poder. En España se ha instalado la conciencia, y eso ha tenido consecuencias dramáticas, de que no se puede gobernar sin los nacionalistas. El Partido Popular está preso de esta especie de ten con ten. El PP, hay que recordar, ha hecho pactos con los nacionalistas. Pero no el Partido Popular de Cataluña, querido José Carlos, el Partido Popular de España, que gobernó con Jordi Pujol aquí y allí en muchísimas ocasiones. El diario ABC, el respetabilísimo portavoz de la derecha centralista española durante toda su historia, sacó una portada en la que decía que Jordi Pujol era el español del año. Y todavía en Madrid hay mucha gente que a ese funesto gobernante llamado Pujol, que ha conformado la mentalidad contemporánea de Cataluña, el gran reconstructor, le sigue llamando "estadista".O sea, que aquí la responsabilidad está muy compartida. Aquí hay gente que ante la cercanía del poder, no ha tenido un proyecto español. Cuando hablo de un proyecto español no hablo para nada a la batalla de las Navas de Tolosa. Es decir, hablo de un proyecto de derechos, de modernidad, de progresismo, de todo lo que interesa.
LD: Ustedes son de izquierdas. Desde su posición...
AE: No. Niego la mayor.
LD: La mayoría de ustedes son de izquierdas.
AE: Bueno, hay personas en este grupo que se dicen de izquierdas
LD: Pues empiezo desde el principio
AE: No. Voy a responder. Mire, en una de estas cenas en que nos reunimos, y se hablaba, es un tema recurrente si éramos de izquierdas, si dejábamos de serlo. Y un día me harté, y le dije a los demás, ¿Os puedo hacer unas preguntas?. ¿Tú estás a favor de la utilización de las células madre? "Sí" fue la respuesta de los quince. ¿Tú estás a favor de que se casen los maricones? "Sí". ¿Está de acuerdo con que el Estado tenga alguna intervención en la vida económica? "Sí. Estamos de acuerdo la tenga, manteniendo el equilibrio como corresponde a una socialdemocracia liberal". Muy bien. Pero luego vienen los problemas. ¿Usted está a favor de la discriminación positiva? "No". Los quince. Todos en contra de la discriminación positiva. ¿Usted está a favor de la utilización del guerracivilismo como instrumento de confrontación política? y ¿a quién hace responsable de esta actitud? Nos mostramos todos en contra, e identificamos a la izquierda como principal responsable.
LD: Hay una parte de la izquierda española, que se ha aliado, como si fuera su aliado nacional, con el nacionalismo. Y quería saber cómo ha ocurrido eso cuando, en principio, según una definición amplia de lo que debería ser la izquierda, habría de mostrarse en lógica oposición.
AE: En primer lugar por la pequeñez del alma liberal de la izquierda española. En la izquierda española hay un alma liberal, pero es pequeña. Para mí esa tercera España que está en periodistas como Corpus Barga, Julio Camba… Cuando me preguntan para quién escribo, yo escribo para ellos. ¡Que evidentemente, están muertos! Esa alma liberal es pequeña y por lo tanto, en la izquierda española hay una sumisión al grupo; que antes era una sumisión al grupo de clase cuando el marxismo tenía más peso, y que se ha transformado en una sumisión a la nación.
En segundo lugar, el franquismo hizo una identificación con España. Lo peor del franquismo es que contaminó España, como están contaminando Cataluña los nacionalistas. Claro, hay una diferencia, porque éstos actúan en democracia y el otro en una dictadura y tras una guerra civil. La gran diferencia es que a mí no me meten en la cárcel ahora por decir que pensar que Jordi Pujol es un estadista es una calamidad conceptual, y antes sí.
LD: En el terreno más práctico, por ejemplo en la educación, si se educa lo que dice y en las condiciones que elige el Estado (o Cataluña, ese ser capaz de modelar paisajes), ¿Qué margen queda para el ciudadano? Lo digo, porque al final hay que elegir un compromiso entre la función que se le otorga al Estado y la que dejamos a la autonomía de los ciudadanos. Y cuando nos enfrentamos a un discurso nacionalista que tiende a ser totalizador y modelizador, hay que tomar posición en este tipo de cuestiones, y me centro en este caso en la educación.
AE: Nosotros ya hemos tomado claramente posición. Hay una frase que a mí me ha costado muchos insultos: hay que expulsar al nacionalismo del espacio público. Por ejemplo, ¿Cómo tratan en América la religión? En los colegios no se enseña religión.
LD: No, en los públicos no.
AE: Los colegios están para transmitir conocimiento, y por tanto la religión no forma parte de ellos. Lo mismo ocurre con el nacionalismo. No puede ser que el nacionalismo impregne el espacio público como lo está haciendo. El nacionalismo es un sentimiento privado. Eso de pensar que tu patria es la mejor del mundo, y que quieres colonizar y llenar de catalanes el universo.
Un ejemplo de cómo se vacila en la concepción del espacio público. Sobre todo, cómo vacila la izquierda. Las caricaturas de Mahoma, cuando se dice: "las caricaturas de Mahoma no se deben publicar, cuando nosotros no podemos hacer chistes del holocausto". Es decir, el espacio público que esos replicadores diseñan es uno en el que un mito, Mahoma, tiene el mismo valor que un hecho, la muerte de seis millones de personas. Cuando se dice que en el espacio público no caben las caricaturas de Mahoma porque no caben chistes sobre el holocausto, cuando se hace esa analogía, se está diseñando uno en el que el mito tiene el mismo estatus que la razón. Y para un ilustrado, que piensa que no hay más método que la razón para hacerse una idea cabal de lo real, le repugna esta idea.
Bien, pues con el nacionalismo igual. ¿Cómo va a aceptar un demócrata que haya unos derechos históricos que permita legislar ¡hoy! a Cataluña sobre la lengua o sobre la historia o sobre la educación? ¿Qué espacio público es ese? Es un espacio público contaminado.
