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ENTREVISTA CON EL POETA

Leopoldo María Panero: "La vida cotidiana es un infierno"

Leopoldo María Panero arrastra la leyenda de poeta maldito y loco, capaz de cometer todos los excesos, y aunque nadie puede dudar del importante lugar que ocupa en la poesía española, él considera, tras más de treinta años de ir de manicomio en manicomio, que este país le ha tratado “peor que a un perro”.

L. D. / Carmen Sigüenza (EFE)- ”El príncipe de los excesos”, Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) se encuentra a sus 53 años en el psiquiátrico de Canarias, desde donde habla con Efe del libro de su poesía completa que acaba de salir a la calle, publicado por Visor, bajo la edición del profesor de literatura y máximo experto en la obra de Panero Túa Blesa. Con un verbo atropellado, y de cuando en cuando incomprensible, Panero da la impresión de un ser ya derrotado, su queja es constante y antes de hablar de poesía dice que está harto, que le han tratado muy mal, y que, a pesar de que goza de régimen abierto y sale a la calle, “estoy siempre solito”.

”La vida cotidiana es un infierno —dice—, primero me mato para que me den el pase de salida, luego paseo, me fumo casi cinco paquetes de tabaco y voy a la librería “Esdrújula”, donde hace poco leí que un verso de Dante sirve para enamorar a una muchacha y una página de Hegel para humillar a un enemigo”. Una de las múltiples citas que repite a lo largo de la conversación, porque de todos es sabido la amplia cultura y memoria que posee este personaje, uno de los más convulsos y subversivos de la cultura española.

Asegura que, aunque sabe que no está bien, no está loco. “Me dan un alud de pastillas y lo que necesito es que me alquilen un apartamento y que si me da una crisis me ayuden y punto, pero aquí me tratan como si fuera bobo y no puedo hablar con nadie porque todos los internos se creen que son reyes o vírgenes”. Panero lleva visitando manicomios desde 1968, cuando tuvo su primera crisis. Un tiempo que le ha servido para decir que sabe más de psiquiatría que de poesía y que por eso ha escrito un libro antipsiquiátrico denominado “Puntos para una psiquiatría de surtido” y que “quiero —matiza— que sirva para que a la gente la traten mejor que a mi”.

Hijo del poeta Leopoldo Panero, tildado el poeta del régimen, y de Felicidad Blanc, con quien tenía una relación de amor-odio que queda patente en sus versos, Leopoldo María salió de los círculos literarios cuando el director cinematográfico Jaime Chávarri realizó en 1976 “El Desencanto” y luego Ricardo Franco, “Después de tantos años”. En ambas películas quedaba de manifiesto el complejo entramado familiar. Considerado uno de los “nueve novísimos”, junto con Pere Gimferrer y Vázquez Montalbán, entre otros, Leopoldo María Panero dice que él lo que ha conseguido ha sido darle categoría filosófica a la realidad de afuera.

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