L. D. / Carmen Sigüenza (EFE)- ”El príncipe de los excesos”, Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) se encuentra a sus 53 años en el psiquiátrico de Canarias, desde donde habla con Efe del libro de su poesía completa que acaba de salir a la calle, publicado por Visor, bajo la edición del profesor de literatura y máximo experto en la obra de Panero Túa Blesa. Con un verbo atropellado, y de cuando en cuando incomprensible, Panero da la impresión de un ser ya derrotado, su queja es constante y antes de hablar de poesía dice que está harto, que le han tratado muy mal, y que, a pesar de que goza de régimen abierto y sale a la calle, “estoy siempre solito”.
”La vida cotidiana es un infierno —dice—, primero me mato para que me den el pase de salida, luego paseo, me fumo casi cinco paquetes de tabaco y voy a la librería “Esdrújula”, donde hace poco leí que un verso de Dante sirve para enamorar a una muchacha y una página de Hegel para humillar a un enemigo”. Una de las múltiples citas que repite a lo largo de la conversación, porque de todos es sabido la amplia cultura y memoria que posee este personaje, uno de los más convulsos y subversivos de la cultura española.
Asegura que, aunque sabe que no está bien, no está loco. “Me dan un alud de pastillas y lo que necesito es que me alquilen un apartamento y que si me da una crisis me ayuden y punto, pero aquí me tratan como si fuera bobo y no puedo hablar con nadie porque todos los internos se creen que son reyes o vírgenes”. Panero lleva visitando manicomios desde 1968, cuando tuvo su primera crisis. Un tiempo que le ha servido para decir que sabe más de psiquiatría que de poesía y que por eso ha escrito un libro antipsiquiátrico denominado “Puntos para una psiquiatría de surtido” y que “quiero —matiza— que sirva para que a la gente la traten mejor que a mi”.
Hijo del poeta Leopoldo Panero, tildado el poeta del régimen, y de Felicidad Blanc, con quien tenía una relación de amor-odio que queda patente en sus versos, Leopoldo María salió de los círculos literarios cuando el director cinematográfico Jaime Chávarri realizó en 1976 “El Desencanto” y luego Ricardo Franco, “Después de tantos años”. En ambas películas quedaba de manifiesto el complejo entramado familiar. Considerado uno de los “nueve novísimos”, junto con Pere Gimferrer y Vázquez Montalbán, entre otros, Leopoldo María Panero dice que él lo que ha conseguido ha sido darle categoría filosófica a la realidad de afuera.
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”La vida cotidiana es un infierno —dice—, primero me mato para que me den el pase de salida, luego paseo, me fumo casi cinco paquetes de tabaco y voy a la librería “Esdrújula”, donde hace poco leí que un verso de Dante sirve para enamorar a una muchacha y una página de Hegel para humillar a un enemigo”. Una de las múltiples citas que repite a lo largo de la conversación, porque de todos es sabido la amplia cultura y memoria que posee este personaje, uno de los más convulsos y subversivos de la cultura española.
Asegura que, aunque sabe que no está bien, no está loco. “Me dan un alud de pastillas y lo que necesito es que me alquilen un apartamento y que si me da una crisis me ayuden y punto, pero aquí me tratan como si fuera bobo y no puedo hablar con nadie porque todos los internos se creen que son reyes o vírgenes”. Panero lleva visitando manicomios desde 1968, cuando tuvo su primera crisis. Un tiempo que le ha servido para decir que sabe más de psiquiatría que de poesía y que por eso ha escrito un libro antipsiquiátrico denominado “Puntos para una psiquiatría de surtido” y que “quiero —matiza— que sirva para que a la gente la traten mejor que a mi”.
Hijo del poeta Leopoldo Panero, tildado el poeta del régimen, y de Felicidad Blanc, con quien tenía una relación de amor-odio que queda patente en sus versos, Leopoldo María salió de los círculos literarios cuando el director cinematográfico Jaime Chávarri realizó en 1976 “El Desencanto” y luego Ricardo Franco, “Después de tantos años”. En ambas películas quedaba de manifiesto el complejo entramado familiar. Considerado uno de los “nueve novísimos”, junto con Pere Gimferrer y Vázquez Montalbán, entre otros, Leopoldo María Panero dice que él lo que ha conseguido ha sido darle categoría filosófica a la realidad de afuera.
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