L D (EFE)
La novela, con la que el escritor catalán vuelve al antiguo Egipto, retrata la imposición de la primera religión monoteísta en una sociedad que, hace casi 3.500 años, convivía estrechamente "con más de dos mil dioses". "El monoteísmo siempre me ha fastidiado muchísimo, siempre ha sido fuente de discordias, de guerras y de abusos", ha señalado Moix, mientras demostraba que, a pesar de su enfermedad pulmonar, ha vuelto a fumar. "Escribir un libro no es el mejor método para dejar el tabaco, ahora lo intentaré otra vez", dice sin confiar mucho en sus palabras.
Terenci Moix ha estado encerrado para escribir y dar forma a una idea que se le ocurrió hace años, asomado al balcón de la suite que Agatha Christie ("mi abuelita preferida") utilizaba en un hotel a orillas del Nilo. "Tengo una musa muy rara, viene de repente, me da todo un principio y luego se va", cuenta. Aquella idea fue la de escribir sobre los arpistas egipcios y sobre "el privilegiado y desconocido" papel de la música en aquella época, un tiempo que le fascina desde que con cuatro o cinco años vio la película "César y Cleopatra".
A pesar de ser autor de novelas sobre el antiguo Egipto, como "No digas que fue un sueño", con la que ganó el Planeta en 1986, o "El amargo don de la belleza" (Premio Fernando Lara 1996), confiesa que "El arpista ciego" ha sido uno de los trabajos "más arduos" de su carrera. Por un lado, porque "cada día me cuesta más escribir, no se si por pérdida de neuronas o porque me exijo más". Pero la razón principal es porque ha huido de "la solemnidad de la novela histórica, que yo mismo he practicado antes" para escribir una fantasía o "capricho" que trata de reflejar fielmente la vida cotidiana del turbulento período que sacudió las estructuras religiosas y políticas en la época del emperador Amenhotep IV, que impuso el culto a un único dios, Atón, el dios sol.
Con este trasfondo, la novela, ambientada en Tebas, cuenta la historia de Ipi, un niño que nace ciego y descubre la música hasta convertirse en arpista, y de toda una galería de personajes, entre ellos otros dos niños, Jonet y el futuro faraón, Tutankamón, cuyas vidas se entrelazan para dar pie a los temas que fluyen en la obra narrativa de Terenci, la dualidad en el amor y el erotismo, entre otros. El escritor catalán ha pretendido en su nueva obra hacer un "canto a la alegría de vivir", aunque se le han colado "elementos más melancólicos", y un "canto a la tolerancia".
La primera edición de su nueva novela, de 80.000 ejemplares, ya ha sido agotada entre los libreros de toda España. Ahora emprenderá una gira para presentar "El arpista ciego", pero ya tiene en mente otros proyectos, entre otros el de escribir una novela "sobre el mundo de los inmigrantes magrebíes en la calle donde nací, será una novela muy realista y cruda, porque el tema lo es".
© www.libertaddigital.com 2002
Todos los derechos reservados
!-->
Terenci Moix ha estado encerrado para escribir y dar forma a una idea que se le ocurrió hace años, asomado al balcón de la suite que Agatha Christie ("mi abuelita preferida") utilizaba en un hotel a orillas del Nilo. "Tengo una musa muy rara, viene de repente, me da todo un principio y luego se va", cuenta. Aquella idea fue la de escribir sobre los arpistas egipcios y sobre "el privilegiado y desconocido" papel de la música en aquella época, un tiempo que le fascina desde que con cuatro o cinco años vio la película "César y Cleopatra".
A pesar de ser autor de novelas sobre el antiguo Egipto, como "No digas que fue un sueño", con la que ganó el Planeta en 1986, o "El amargo don de la belleza" (Premio Fernando Lara 1996), confiesa que "El arpista ciego" ha sido uno de los trabajos "más arduos" de su carrera. Por un lado, porque "cada día me cuesta más escribir, no se si por pérdida de neuronas o porque me exijo más". Pero la razón principal es porque ha huido de "la solemnidad de la novela histórica, que yo mismo he practicado antes" para escribir una fantasía o "capricho" que trata de reflejar fielmente la vida cotidiana del turbulento período que sacudió las estructuras religiosas y políticas en la época del emperador Amenhotep IV, que impuso el culto a un único dios, Atón, el dios sol.
Con este trasfondo, la novela, ambientada en Tebas, cuenta la historia de Ipi, un niño que nace ciego y descubre la música hasta convertirse en arpista, y de toda una galería de personajes, entre ellos otros dos niños, Jonet y el futuro faraón, Tutankamón, cuyas vidas se entrelazan para dar pie a los temas que fluyen en la obra narrativa de Terenci, la dualidad en el amor y el erotismo, entre otros. El escritor catalán ha pretendido en su nueva obra hacer un "canto a la alegría de vivir", aunque se le han colado "elementos más melancólicos", y un "canto a la tolerancia".
La primera edición de su nueva novela, de 80.000 ejemplares, ya ha sido agotada entre los libreros de toda España. Ahora emprenderá una gira para presentar "El arpista ciego", pero ya tiene en mente otros proyectos, entre otros el de escribir una novela "sobre el mundo de los inmigrantes magrebíes en la calle donde nací, será una novela muy realista y cruda, porque el tema lo es".
Todos los derechos reservados
!-->
