L D (EFE)
El mar frente al que nació hace 73 años Adolfo Marsillach acogerá sus cenizas después de ser incinerado en el madrileño cementerio de La Almudena este martes por la tarde tras recibir el calor de amigos, compañeros, políticos y admiradores que no dejaron de desfilar por su capilla ardiente, instalada en el Teatro Español. Marsillach falleció el lunes por la tarde mientras dormía, tras una larga enfermedad que le permitió planear con tiempo cómo debía ser su despedida: incinerado, sin signos religiosos externos y rodeado por su gente.
Murió "sin dolor", como confesó su hija Blanca, pero las huellas del dolor que había dejado en la escena española no tardaron en aparecer en la capilla ardiente que, desde la una de la madrugada y hasta las cinco de la tarde, fue instalada, como él dejó dicho, en el Teatro Español, del que fue director. Su viuda, Mercedes Lezcano, y sus dos hijas, Blanca y Cristina, fruto de un matrimonio anterior con Teresa del Río, estuvieron a lo largo de la noche y el día al lado del féretro, de madera clara y sin cruz –como él quería–, ocupando el centro del escenario sobre una tela de terciopelo rojo, iluminado por cuatro focos y rodeado por otros tantos candelabros de plata.
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Murió "sin dolor", como confesó su hija Blanca, pero las huellas del dolor que había dejado en la escena española no tardaron en aparecer en la capilla ardiente que, desde la una de la madrugada y hasta las cinco de la tarde, fue instalada, como él dejó dicho, en el Teatro Español, del que fue director. Su viuda, Mercedes Lezcano, y sus dos hijas, Blanca y Cristina, fruto de un matrimonio anterior con Teresa del Río, estuvieron a lo largo de la noche y el día al lado del féretro, de madera clara y sin cruz –como él quería–, ocupando el centro del escenario sobre una tela de terciopelo rojo, iluminado por cuatro focos y rodeado por otros tantos candelabros de plata.
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