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A unos ochenta kilómetros de Macchu Picchu, descubierta por Hiram Bingham y que durante algún tiempo se creyó la última ciudad inca, Vilcabamba está sepultada en la selva y protegida por el signo de la serpiente, que alejaba a los indígenas.
Durante mucho tiempo se consideró perdida, pero tras el descubrimiento de la ciudadela sagrada de Macchu Picchu por Hiram Bingham ya entrado el siglo XX, muchas expediciones se afanaron en la búsqueda de la llamada "capital perdida de los Incas", que desde la rebelión de Manco Cápac hasta la captura y muerte de Tupác Amaru, resistieron desde las montañas a los conquistadores y evangelizadores españoles.
El hallazgo de un manuscrito de Juan de Betanzos en Mallorca en 1987 permitió su identificación como Vilcabamba la Grande. Betanzos fue precisamente el español que negoció con los incas su rendición. Al fin, después de tres expediciones fracasadas, han sido descubiertas sus ruinas, sepultadas en la selva, por el arqueólogo español Santiago del Valle. La pista fue una serpiente de piedra hallada por un joven campesino y considerada signo de mal augurio por los indígenas, que se mantenían alejados del lugar. Tras su muerte, cayó en manos de los investigadores. Después, un supuesto sendero de osos que en realidad seguía un viejo camino incaico, llevó a los expedicionarios hasta las ruinas de la ciudad, situada en un lugar prácticamente inaccesible, a unos 80 kilómetros de Macchu Picchu y dentro del departamento del Cusco.

Mapa de la zona de Vilcabamba La Grande publicado por el diario La República
Aunque se descarta encontrar tesoros o joyas, porque la ciudad fue abandonada y quemada por guerreros incas en retirada tras su derrota militar, ya se han localizado varias tumbas selladas, que serán abiertas cuando se limpie el yacimiento de unos 15.000 metros cuadrados. El hallazgo ha creado una verdadera conmoción entre los arqueólogos , apasionados y curiosos de la historia del antiguo Perú.
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Durante mucho tiempo se consideró perdida, pero tras el descubrimiento de la ciudadela sagrada de Macchu Picchu por Hiram Bingham ya entrado el siglo XX, muchas expediciones se afanaron en la búsqueda de la llamada "capital perdida de los Incas", que desde la rebelión de Manco Cápac hasta la captura y muerte de Tupác Amaru, resistieron desde las montañas a los conquistadores y evangelizadores españoles.
El hallazgo de un manuscrito de Juan de Betanzos en Mallorca en 1987 permitió su identificación como Vilcabamba la Grande. Betanzos fue precisamente el español que negoció con los incas su rendición. Al fin, después de tres expediciones fracasadas, han sido descubiertas sus ruinas, sepultadas en la selva, por el arqueólogo español Santiago del Valle. La pista fue una serpiente de piedra hallada por un joven campesino y considerada signo de mal augurio por los indígenas, que se mantenían alejados del lugar. Tras su muerte, cayó en manos de los investigadores. Después, un supuesto sendero de osos que en realidad seguía un viejo camino incaico, llevó a los expedicionarios hasta las ruinas de la ciudad, situada en un lugar prácticamente inaccesible, a unos 80 kilómetros de Macchu Picchu y dentro del departamento del Cusco.

Aunque se descarta encontrar tesoros o joyas, porque la ciudad fue abandonada y quemada por guerreros incas en retirada tras su derrota militar, ya se han localizado varias tumbas selladas, que serán abiertas cuando se limpie el yacimiento de unos 15.000 metros cuadrados. El hallazgo ha creado una verdadera conmoción entre los arqueólogos , apasionados y curiosos de la historia del antiguo Perú.
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