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La exposición, titulada
Van Gogh y Gauguin. El estudio del Sur
, ha sido clausurada en el centro norteamericano después de haber sido visitada por más de 70.000 personas. Todo un éxito que tiene su explicación cuando se trata de mostrar las obras de dos grandes de la pintura. Un total de 122 piezas que demuestran, al mismo tiempo, la tormentosa relación que los artistas mantuvieron durante aquellos meses en Arlés.
La diferencia de las técnicas y estilos del holandés y el francés hacía prever el final trágico de esta convivencia. La naturalidad y espontaneidad de la pintura de Van Gogh irritaba hasta la exasperación a Gouguin, quien necesitaba mucho más tiempo para plasmar sobre un lienzo toda su fantasía. El francés no tenía la necesidad de mostrar en cada uno de sus trazos la tragedia humana, sin embargo, Van Gogh sentía una gran admiración hacia su persona y su obra. Este sentimiento provocó en el autor de Los girasoles una gran inseguridad que le obligaba a revisar continuamente su propia técnica.
El inicio de la relación estuvo cargado de entusiasmo, siempre más por parte del holandés que del francés. Mientras Van Gogh pensó que la oportunidad de convivir con el ídolo marcaría el resto de su vida, Gauguin consideró Arlés como una estancia temporal con un amigo a la que seguirían otras fascinantes aventuras en paraísos como las playas de Tahití. Aunque ambos intentaron colaborar para enriquecer sus conocimientos, la relación acabó de manera trágica. Van Gogh se cortó la oreja y Gauguin, cansado de los arrebatos del genio, decidió seguir su camino en solitario y quitarse el lastre del holandés.
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La diferencia de las técnicas y estilos del holandés y el francés hacía prever el final trágico de esta convivencia. La naturalidad y espontaneidad de la pintura de Van Gogh irritaba hasta la exasperación a Gouguin, quien necesitaba mucho más tiempo para plasmar sobre un lienzo toda su fantasía. El francés no tenía la necesidad de mostrar en cada uno de sus trazos la tragedia humana, sin embargo, Van Gogh sentía una gran admiración hacia su persona y su obra. Este sentimiento provocó en el autor de Los girasoles una gran inseguridad que le obligaba a revisar continuamente su propia técnica.
El inicio de la relación estuvo cargado de entusiasmo, siempre más por parte del holandés que del francés. Mientras Van Gogh pensó que la oportunidad de convivir con el ídolo marcaría el resto de su vida, Gauguin consideró Arlés como una estancia temporal con un amigo a la que seguirían otras fascinantes aventuras en paraísos como las playas de Tahití. Aunque ambos intentaron colaborar para enriquecer sus conocimientos, la relación acabó de manera trágica. Van Gogh se cortó la oreja y Gauguin, cansado de los arrebatos del genio, decidió seguir su camino en solitario y quitarse el lastre del holandés.
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