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CON LAS TABLAS DE LA LEY

Un monje etíope custodia desde hace 70 años el lugar donde se dice que está el Arca de Moisés

Un monje etiópe de 72 años vive enclaustrado desde que tenía dos en templo que custodia el arca en la que, según la Biblia, fueron depositadas las Tablas de la Ley y que los etíopes creen que permanece en una capilla de Axum, en el norte de su país y a la que a excepción de su guardián nadie tiene acceso.

El templo es una construcción de piedra de algo más de diez metros de ancho por veinte de largo en la que no se puede entrar y de la cuál el sacerdote hace siete décadas que no ha salido. Enjuto y ceñudo, Aba Teklu siempre está vestido con una larga túnica de color naranja y sólo se asoma esporádicamente a la valla erizada de púas que rodea el santuario para rociar con agua bendita a los fieles que se congregan en el lugar.

"Dios le bendiga, paz de espíritu", es la única respuesta que sale de su boca cuando el recién llegado le pregunta una y otra vez sobre la forma y el contenido de la misteriosa Arca, a la que se atribuye poderes milagrosos. La parquedad de palabras no es casual, ya que Aba Teklu sabe que cualquier indiscreción puede dar al traste con la fe de los etíopes, basada en la firme creencia de que la posesión de la urna les convierte en el verdadero pueblo elegido.

El mito se remonta a tres mil años atrás, cuando de acuerdo con la tradición local la reina de Saba cruzó el Mar Rojo desde Yemen y se estableció en este país, donde recibió la visita del Rey Salomón de Israel, de quien tuvo un hijo, Menelik. Una vez adulto, el vástago de la bíblica pareja fue proclamado rey de los etíopes y viajó a su vez a Jerusalén para conocer a su padre, que le entregó el Arca para que se la llevara a su pagana madre y ésta adoptara el judaísmo.

Mil cuatrocientos años después, en el siglo IV de nuestra era, Etiopía se convertía al cristianismo y hacía de la reliquia el símbolo de la preferencia que Dios tenía por el país, el primero al sur del Sahara que abrazaba la nueva religión. Para entonces hacía tiempo que la urna había desaparecido de los anales y nadie sabía a ciencia cierta a dónde había ido a parar, pero en los últimos mil seiscientos años los etíopes han continuado convencidos de que se encuentra en la capilla de Axum.

El Libro Génesis precisa que, además de las Tablas con los Diez Mandamientos que Dios entregó a Moisés, el Arca contenía el bastón del profeta y un pequeño cofre con maná, especie de pan caído del Cielo con el cuál el pueblo de Israel se alimentó durante la larga travesía del desierto del Sinaí, en su búsqueda de la Tierra Prometida.

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