L D (EFE)
Heidegger perteneció durante un tiempo al partido nazi y apoyó al régimen durante el tiempo que fue rector de la Universidad de Friburgo pero luego se decepcionó y dejó de ser un militante activo aunque sin distanciarse claramente.
Esos textos de Mann redactados en su exilio californiano en 1939 y 1944, que publica este jueves el diario "Frankfurter Allgemeine Zeitung", están dirigidos al teólogo y filósofo Paul Tillich y resumen la posición del autor de "La montaña mágica" sobre los emigrantes alemanes en los tiempos del nazismo.
En la misiva del 26 de junio de 1939, Mann pide a Tillich que explique a sus compatriotas "algo sobre la caída de lo moral y lo religioso" y sobre "las consecuencias que se derivan de ello". Tillich es, junto con Stefan Zweig, Max Reinhardt y Franz Werfel, entre otros, uno de los numerosos pensadores e intelectuales alemanes y austríacos en el exilio desde la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933 a los que se dirigió Mann para que apelaran "a los mejores instintos de los alemanes".
"Hay que hacer entrar en razón a los alemanes", se proponía Mann, "porque, ¿quién lo va a hacer si nosotros nos quedamos callados?", se preguntaba ante el triunfo del nazismo. El "irracionalismo" del primer tercio del siglo XX "se ha precipitado al abismo en forma de fascismo", escribe Mann en la carta de 1944, y "creo que debemos portar de nuevo la bandera de la razón y del progreso, que se ha vuelto tan ridícula", concluye.
Esos textos de Mann redactados en su exilio californiano en 1939 y 1944, que publica este jueves el diario "Frankfurter Allgemeine Zeitung", están dirigidos al teólogo y filósofo Paul Tillich y resumen la posición del autor de "La montaña mágica" sobre los emigrantes alemanes en los tiempos del nazismo.
En la misiva del 26 de junio de 1939, Mann pide a Tillich que explique a sus compatriotas "algo sobre la caída de lo moral y lo religioso" y sobre "las consecuencias que se derivan de ello". Tillich es, junto con Stefan Zweig, Max Reinhardt y Franz Werfel, entre otros, uno de los numerosos pensadores e intelectuales alemanes y austríacos en el exilio desde la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933 a los que se dirigió Mann para que apelaran "a los mejores instintos de los alemanes".
"Hay que hacer entrar en razón a los alemanes", se proponía Mann, "porque, ¿quién lo va a hacer si nosotros nos quedamos callados?", se preguntaba ante el triunfo del nazismo. El "irracionalismo" del primer tercio del siglo XX "se ha precipitado al abismo en forma de fascismo", escribe Mann en la carta de 1944, y "creo que debemos portar de nuevo la bandera de la razón y del progreso, que se ha vuelto tan ridícula", concluye.
