L D (EFE)
De allí pasó a Estados Unidos para ser comprado por Raymond Gould, un coleccionista californiano de arte, que lo donó en 1934 a la Archidiócesis de Los Ángeles. El retablo fue depositado en un seminario, ahora instituto, desde donde ha sido mudado a la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, como un elemento de la colección que engalanará el templo en recuerdo de la historia de la Iglesia Católica.
Concebido hacia 1692 para presidir el oratorio de San Felipe Neri, edificado tres años antes por encargo de Domingo Ángel, un rico personaje local, el retablo se encuentra presidido en la actualidad por un crucifijo, sobre el que existe un lienzo de la Virgen con un niño. A ambos lados, según José Manuel Ramírez, el mayor experto en retablos riojanos que existe, aparecen ahora tallas de San Pedro, Santo Domingo de Guzmán, San Andrés y San Pablo, relieves de San Francisco estigmatizado y San Antonio con el Niño y tres leyendas en el banco del ático que sirven para situar al retablo en su tiempo. La piezas originales han desaparecido mientras que otras han sido movidas del espacio que anteriormente ocupaban, como es probablemente el caso de la hornacina central, "que en un primer momento estaría ocupada por un talla de San Andrés, uno de los santos de los que era devoto Domingo Ángel". La familia de éste se emparentaría con el discurrir de los años con la Payueta, que terminaría por quedarse con el oratorio y el retablo.
Según Ramírez, esta pieza fue elaborada, "casi con toda seguridad", por el arquitecto Francisco de la Cueva y el escultor Mateo de Rubalcaba. "No he conseguido documentar hasta ahora el retablo, ya que no he accedido a los archivos de la familia y el archivo de Ezcaray se perdió en un incendio, pero lo cierto es que estos dos artistas trabajaron en esta parte de La Rioja en esa época y existen otros retablos hechos por ellos que recuerdan al del Oratorio", afirmó. Francisco de la Cueva, natural de la villa cántabra de Liendo, llegó a La Rioja de manos del obispo Benito de Salazar para trazar la líneas de su capilla sepulcral y del retablo que existe en ella, en el monasterio de Yuso. También hizo en la localidad de Baños de Río Tobía, localidad natural del obispo, el retablo de la ermita de la Virgen del Rosario; en Nájera el retablo mayor del monasterio de Santa María la Real y en Ezcaray la sillería de coro de la iglesia parroquial.
Establecido en Nájera, De la Cueva colaboró asiduamente con Mateo de Rubalcaba en diversas obras en la cuenca del Najerilla, en la del Oja, o en la capilla de la Antigua, de la iglesia logroñesa de Santa María de Palacio. "El Obispado de Calahorra era entonces muy extenso, con un gran potencial económico y con unos dirigentes sorprendentes a la hora de fomentar el arte, como fue el caso del obispo Lepe", afirmó Ramírez. Este doctor en arte considera que es difícil saber las causas que llevaron a desprenderse del retablo, aunque como en tantas ocasiones en los años veinte haya que buscarla en la penuria económica y en la falta de sensibilidad artística, "lo que llevo a vender muchas piezas maestras a coleccionistas de Estados Unidos y Francia". Sea como fuera, lo cierto es que el Oratorio de San Felipe Neri desapareció por su estado de ruina y ahora su espacio está ocupado por un aparcamiento en la villa de Ezcaray, mientras que el retablo, vedado hasta ahora al gran público, podrá contemplarse a partir del martes en la nueva catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.
Concebido hacia 1692 para presidir el oratorio de San Felipe Neri, edificado tres años antes por encargo de Domingo Ángel, un rico personaje local, el retablo se encuentra presidido en la actualidad por un crucifijo, sobre el que existe un lienzo de la Virgen con un niño. A ambos lados, según José Manuel Ramírez, el mayor experto en retablos riojanos que existe, aparecen ahora tallas de San Pedro, Santo Domingo de Guzmán, San Andrés y San Pablo, relieves de San Francisco estigmatizado y San Antonio con el Niño y tres leyendas en el banco del ático que sirven para situar al retablo en su tiempo. La piezas originales han desaparecido mientras que otras han sido movidas del espacio que anteriormente ocupaban, como es probablemente el caso de la hornacina central, "que en un primer momento estaría ocupada por un talla de San Andrés, uno de los santos de los que era devoto Domingo Ángel". La familia de éste se emparentaría con el discurrir de los años con la Payueta, que terminaría por quedarse con el oratorio y el retablo.
Según Ramírez, esta pieza fue elaborada, "casi con toda seguridad", por el arquitecto Francisco de la Cueva y el escultor Mateo de Rubalcaba. "No he conseguido documentar hasta ahora el retablo, ya que no he accedido a los archivos de la familia y el archivo de Ezcaray se perdió en un incendio, pero lo cierto es que estos dos artistas trabajaron en esta parte de La Rioja en esa época y existen otros retablos hechos por ellos que recuerdan al del Oratorio", afirmó. Francisco de la Cueva, natural de la villa cántabra de Liendo, llegó a La Rioja de manos del obispo Benito de Salazar para trazar la líneas de su capilla sepulcral y del retablo que existe en ella, en el monasterio de Yuso. También hizo en la localidad de Baños de Río Tobía, localidad natural del obispo, el retablo de la ermita de la Virgen del Rosario; en Nájera el retablo mayor del monasterio de Santa María la Real y en Ezcaray la sillería de coro de la iglesia parroquial.
Establecido en Nájera, De la Cueva colaboró asiduamente con Mateo de Rubalcaba en diversas obras en la cuenca del Najerilla, en la del Oja, o en la capilla de la Antigua, de la iglesia logroñesa de Santa María de Palacio. "El Obispado de Calahorra era entonces muy extenso, con un gran potencial económico y con unos dirigentes sorprendentes a la hora de fomentar el arte, como fue el caso del obispo Lepe", afirmó Ramírez. Este doctor en arte considera que es difícil saber las causas que llevaron a desprenderse del retablo, aunque como en tantas ocasiones en los años veinte haya que buscarla en la penuria económica y en la falta de sensibilidad artística, "lo que llevo a vender muchas piezas maestras a coleccionistas de Estados Unidos y Francia". Sea como fuera, lo cierto es que el Oratorio de San Felipe Neri desapareció por su estado de ruina y ahora su espacio está ocupado por un aparcamiento en la villa de Ezcaray, mientras que el retablo, vedado hasta ahora al gran público, podrá contemplarse a partir del martes en la nueva catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.
