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Agapito Maestre

Diario del pandemia - Organización socialista o egos difusos

Millones, repitamos, y millones de españoles actúan del mismo modo que lo hicieron con Franco. Nada fuera del franquismo. Nada fuera del PSOE.

Agapito Maestre
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 Millones, repitamos, y millones de españoles actúan del mismo modo que lo hicieron con Franco. Nada fuera del franquismo. Nada fuera del PSOE.
Reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE. | Eduardo Parra (Europa Press)

Entre 1981 y 1996 no hubo empresa más importante en Europa que la creada en España, durante los últimos años del franquismo, con la ayuda de la socialdemocracia venezolana y alemana: el PSOE. Entre la asonada guardiacivilesca organizada por el entero establecimiento político, en 1981, y el amargo triunfo del PP en las generales de octubre de 1996, se consolidó la mayor organización política, económica, social y cultural de la España contemporánea: el PSOE. Estuvo casi ocho años fuera del gobierno de España, pero en ese tiempo los fundamentos de la empresa salieron reforzados. Las deserciones fueron mínimas. Todavía hoy los críticos más solventes de ese partido apenas levantan la voz, cuando llegan períodos electorales. Las críticas a los desertores suelen ser de corte inquisitorial, por ejemplo, las requisitorias e improperios que lanzaron contra María Soraya Rodríguez Ramos, oponente de Sánchez, cuando se pasó al grupo de C´s son para no olvidar. Ningún socialista, llegó a decir la Carmen Calvo, “se va del PSOE”.

El partido qua organización está por encima de las individualidades por muy inteligentes y excepcionales que sean. Cuando el PSOE estuvo fuera de la Moncloa, sus dirigentes se concentraron en reforzar los mecanismos internos de ese partido. Se diría que el PSOE apareció, desde muy pronto, convertido en un auténtico movimiento político, sin duda alguna, más poderoso que su original, el creado por Franco a partir de 1943, porque estaba legitimado por millones de votos y, naturalmente, por un potente sistema de comunicación de masas que sigue transmitiendo día y noche una única consigna: los dueños del tinglado político son los socialistas. No hay otra democracia que la realmente existente y su principal eje el PSOE. Su líderes jamás han dejado de mirar a sus adversarios políticos por encima del hombro y con el mentón alto. La amenaza es el arma clave de la empresa socialista.

Y a millones de españoles, porqué ocultarlo, les gusta esa pose. Millones, repitamos, y millones de españoles actúan del mismo modo que lo hicieron con Franco. Nada fuera del franquismo. Nada fuera del PSOE. Nada conseguirá un español medio enfrentado a una empresa que tiene gente en todas partes. El socialismo penetra hasta los intersticios más hondos de las instituciones más alejadas de la política que quepa imaginar. El PSOE es omnipresente en todas partes. Es imposible el ascenso intelectual, social y económico sin tragar con los socialistas. La participación en la vida ciudadana al margen del PSOE es una temeridad para los “valientes” españoles. La mayoría se pone de perfil ante la maquinaria socialista. Bancos, medios de comunicación, grandes corporaciones industriales, judicatura, universidades, fundaciones, en fin, el orden entero de la “sociedad civil” está atravesado por el poderío organizativo de esta empresa.

Nadie en España puede competir en la actualidad con esta potente organización, reforzada hasta límites insospechados por el gobierno de Rodríguez Zapatero, y ahora engrasada por un tipo con una voluntad de poder infinito sin ánimo alguno de autolimitación. Hoy, después de la catástrofe terrorista de 2004 y la nefasta gestión política de quien, a partir de 2011, se presentaba a la sociedad como un mero gestor, Rajoy, el PSOE sigue siendo la organización empresarial más relevante de Europa, incluso el Grupo Parlamentario Socialista en el Parlamento de la UE tiene una presidenta del PSOE, Iratxe García Pérez. Reconozcamos, pues, una obviedad: el PSOE es un gigante organizativo al lado de los tumbos y dudas del resto de partidos políticos. Si miramos a la izquierda, la cosa es diáfana, todas las formaciones de izquierda son parasitarias de los trapicheos socialistas con los exterroristas, separatistas y nacionalistas. Los líderes de estos partidos políticos cambian, mudan y tunean sus respectivas “organizaciones” como si se tratara de amebas. Son vicarias del PSOE y hacen los trabajos más sucios del movimiento socialista. Si fijamos nuestra vista en la derecha, el panorama no puede ser más sombrío. Empecemos por el final: el fracaso de C´s quizá sea un asunto menor comparado con lo que pudiera ser la debacle de un partido político, dirigido por un personaje que no sólo insulta al presidente de VOX, su posible aliado más próximo, sino que a la par presume de sus excelentes relaciones con su mayor adversario político, Sánchez. Casado insulta a Abascal, mientras mantiene una interlocución fluida, dice él, con Sánchez. Sin comentarios.

Así las cosas, sería un milagro que C´s no desapareciese. Tampoco pintan las cosas bien para el PP. Está por ver todavía cómo conseguirá salvar su estructura organizativa. El asunto es tan grave que hasta los medios de comunicación más proclives a la actual dirección PP aconsejan, al menos durante la campaña electoral, el alejamiento de Casado y su “organización” de Isabel Díaz Ayuso. Guardaré silencio sobre los métodos organizativos de VOX, pero no creo que sean los más adecuados para atraer a quienes más y mejor han criticado al PSOE, precisamente, por convertirse en un Movimiento de corte totalitario. Si quieren un ejemplo de limitación organizativa de estos tres partidos políticos, observen el lamentable espectáculo que han dado, cuando fueron criticados por haber ido juntos a la manifestación de Colón. Callaron y ocultaron lo fundamental: el acto de Colón era una respuesta ciudadana contra el totalitarismo socialista. El mayor acto democrático de los últimos años ha sido convertido por la maquinaria del PSOE en un acto vergonzante. Patético.

En verdad, la regulación, la logística, del aparato socialista es tan fuerte que ha multiplicado sus dos grandes herencias. La tradición autoritaria del PSOE, durante la Segunda República y la Guerra Civil, sumada a los mecanismos ideológicos clave del Movimiento Nacional, especialmente la identificación entre el partido y la sociedad, heredados del franquismo, han hecho de esta organización un gigante. El PSOE sigue siendo temible. Sus amenazas causan efectos.. ¿Qué partido político en España puede hoy homologarse al PSOE en su estructura organizativa? Para qué contestar. Pero hagamos un poco de historia de los oponentes socialistas. Nunca viene mal. Puede ayudarnos a entender la hegemonía del PSOE sobre el resto de partidos. La UCD, cuyo proceso interno ha sido relatado de forma exhaustiva por muchos libros, fue un auténtico fiasco organizativo. Valga un ejemplo para hacerse cargo de la incapacidad organizativa de ese partido. Cuenta Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, en Memorías de estío, que Calvo Sotelo, cuando ya había sido elegido presidente del Gobierno después de la charlotada de Tejero, le dijo: “Tenemos el deber de mantener firme el timón de la derrota.” No me extraña que ante, nunca mejor dicho, esta derrotista actitud de un presidente del Gobierno el memorialista Herrero abandonara “el grupo centrista camino de Alianza Popular… y me integré en Coalición Democrática.”

Y es que por aquella época la maquinaría socialista, esa suma de partido leninista y movimiento franquista, empezaba a hacer estragos: ganaba batallas sin darlas. ¿O acaso puede interpretarse de otro modo que, Leopoldo Calvo Sotelo, el hombre que más poder ha tenido tras el advenimiento de la democracia, se presentase únicamente como precursor del PSOE, de Felipe González? La UCD, plagada de hombres que se creían más importantes que el partido, no era sino la puerta de acceso de la maquinaria más antidemocrática que ha dado la historia de España: el PSOE. Pues ahí estamos y ahí seguiremos, por desgracia, durante mucho tiempo, mientras las personas que dirigen supuestos partidos “democráticos” no se enteren de que la organización de un partido es mucho más importante que sus egos.

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