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La Argentina, la "Pavlova española" que actuó ante Mussolini y en la Casa Blanca

La Argentina fue la gran renovadora de la danza clásica española.

La Argentina | Archivo

Fue Antonia Mercé La Argentina la gran renovadora de la danza clásica española. En su tiempo, las primeras décadas del siglo XX, la única. Fue comparada, en fama, con la mítica Ana Pavlova. Dejó un legado, tras su temprana muerte el 18 de julio de 1936, a los cuarenta y cinco años, para que discípulas como Mariemma, continuaran manteniendo su estilo y su repertorio.

Cuando actualmente la danza española no es suficientemente apoyada y se echa de menos representaciones más frecuentes, la Fundación Juan March ha dedicado a la Argentina en este mes de enero una muestra de lo que fueron los Ballets Españoles de este insigne artista, uno de ellos "Triana", de Isaac Albéniz, con la compañía de Antonio Najarro.

Niña prodigio a los 4 años

El sobrenombre con el que sería conocida en el mundo entero obedece, claro está, a su nacimiento en Buenos Aires, el 4 de septiembre de 1890. Y ocurrió allí porque sus padres, profesores de baile y primeros bailarines del Teatro Real de Madrid, se encontraban de gira por esas fechas.

Antonia decía "ya bailar en el vientre de su madre". Con cuatro años, por puro mimetismo, copiaba números de sus progenitores como "el ole" y "la petenera". A pesar de esa inclinación por la danza, sus padres, advirtiendo que tenía una espléndida voz de contralto, la empujaron al "bel canto". La enfermedad de su padre, víctima de una parálisis, determinó que, con catorce años, La Argentina abandonara aquellos estudios para dedicarse a la danza. Así podía ayudar a la economía familiar.

En París descubren su arte

Todavía adolescente, a los quince años La Argentina se presentó en París, tras haberse fogueado como bailarina clásica y hasta cantante años atrás en Madrid, Barcelona y otras capitales. Estaba al frente de una compañía de baile español con el nombre de "Embrujo de Sevilla". En ella destacó el célebre Realito, luego maestro de danza de infinidad de artistas. En Londres, La Argentina también dejó la estela de su arte. Preguntada qué aprendió de su padre, decía: "Él bailaba con los pies cuando hay que hacerlo con el corazón y la cabeza".

En 1925 La Argentina estrenó en la capital francesa "El amor brujo", con música inmortal de Manuel de Falla y libreto de Gregorio Martínez Sierra. (Harto sabido fue que este dramaturgo firmaba cuanto le escribía su mujer con toda la cara dura del mundo). Críticos e historiadores coinciden en que esas representaciones fueron las más cultas que se exhibieron sobre la danza popular española en varias capitales europeas.

En 1935 La Argentina presentó esa misma obra con un elenco insuperable, encabezado tras ella por Pastora Imperio y Vicente Escudero. Y el personaje de "El Espectro" cayó en manos de Miguel de Molina.

Angustia y fiebre

Era Antonia Mercé La Argentina (a quien no hay que confundirla con otra artista de fama, Encarnación Júlvez La Argentinita) de frágil constitución física. Llevada por su total entrega y pasión en el escenario manifestaba lo que sigue: "Cuando bailo, experimento una angustia tal que no es raro que al día siguiente tenga que guardar cama con cuarenta grados de fiebre".

En su repertorio de danzas españolas, donde además sorprendía con su dominio de las castañuelas que ninguna artista superó, no faltaban las partituras de Albéniz, Granados, Falla, Turina, Esplá, Halffter… Música que gracias a sus espectáculos fue admirada en toda Europa y Estados Unidos. Intelectuales con Valle-Inclán a la cabeza reconocieron la categoría de sus danzas.

Extractamos, por razones lógicas de espacio, lo más destacado de su carrera. En 1911 realizó su primera gira europea con sus coreografías de bailes populares. Al año siguiente en el Olympia de París estrenó "La rosa de Granada", año en el que en el madrileño Trianón los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia fueron espectadores de sus bailes. La Primera Guerra Mundial la sorprendió en Moscú, donde se encontraba actuando con su compañía. Pasaron ella y sus artistas una odisea hasta llegar de regreso a España, pues fueron detenidos varias veces en el largo trayecto, atravesando las líneas de la contienda. En 1916 viaja a Nueva York donde iba a estrenar "La maja goyesca", lo que no sucedió porque la empresa se echó atrás a la hora de convenir sus honorarios: era una estrella y así debía ser atendida. Ello no impidió su gira por Estados Unidos. Al año siguiente la extendió por Centro y Sudamérica.

Cuidaba mucho el vestuario, al punto de que llegó a exhibir una serie de trajes que habían pertenecido a la reina de España Isabel II, adquiridos en la tienda de un anticuario.

Durante las décadas siguientes y hasta 1930 continuó sus giras por España y las principales capitales europeas. En 1924 el rey de Italia y Benito Mussolini presenciaron una de sus galas en Roma. Participa en 1925 en una revista musical en el "Moulin Rouge" de París. Y allí también, en 1928, da a conocer sus "Ballets Espagnols" en el teatro de la Ópera Cómica. La capital francesa fue escenario de sus mayores éxitos. En 1929 emprendió su tercera gira por Estados Unidos, que repetirá todos los inviernos en seis temporadas más. Y en la Gran Manzana recibió un homenaje en el Instituto de las Españas, con la intervención de Federico García Lorca.

Su muerte en un día histórico

Su trabajo era incesante, ensayando nuevas coreografías, actuando sin tomarse vacaciones. Llegado 1935, en enero, actuó en Washington en la Casa Blanca, que muy pocos artistas españoles, tal vez ninguno, había pisado hasta entonces. En todos sus desplazamientos en el extranjero es donde La Argentina ponía más acento en la selección de sus danzas con música clásica española y la incorporación de muchas piezas flamencas. Precisamente el 22 de junio de 1935 baila en la gala benéfica para contribuir a la edición de una Antología del Flamenco, de Fernando el de Triana. Fue la última actuación de La Argentina en Madrid.

Corría el año 1936 cuando en el mes de junio pasó por la Ópera de París, una vez más, la postrera, donde combinó el repertorio de Manuel de Falla y "El amor brujo" con "El gallo de oro", de Rimski Kórsakov en un mismo programa.

Mes de ese histórico julio. Propone junto a Max Aub a las autoridades republicanas españolas la creación de una Escuela Nacional de Danza, dentro del Teatro Nacional, donde invitarían a participar a otras figuras emergentes de la danza y las muy conocidas La Argentinita y Vicente Escudero. Ese empeño nunca pudo llevarse a cabo. La guerra civil estaba a la vuelta de la esquina.

El calendario señalaba esta fecha: 18 de julio de 1936, sábado. Antonia Mercé acudió por la tarde a un festival de danza en San Sebastián al que estaba invitada. Eran las nueve de la noche cuando se despidió de sus amigos. Emprendió viaje a Bayona, en Francia, donde poseía una villa. A poco de llegar, sintió un dolor agudo en el pecho, cayó bruscamente al suelo. Expiró.

Aquella artista genial, con un corazón ya débil, fatigada de tanta incesante actividad, resulta que nació en Argentina y murió en Francia. Pero su alma fue siempre española.

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