En el ambiente de la alfombra roja de los Premios Goya, el músico Leiva describió la experiencia como una auténtica locura, destacando que los metros de desfile frente a los medios le generan más inquietud que la propia ceremonia. El artista manifestó una notable gestión de los nervios, señalando que el resultado de la gala, ya sea ganar o perder, no le resulta tan trascendental como la presión del escaparate público previo.
Respecto a su último trabajo, Leiva subrayó que se trata de su proyecto más personal hasta la fecha. A pesar de ser una persona que tiende a proteger celosamente su intimidad, reconoció que el film requería un alto grado de exposición emocional. Según sus palabras, la obra no seguía un guion rígido que previera tal nivel de apertura, pero el compromiso con la honestidad artística hizo necesario ese ejercicio de vulnerabilidad para lograr un retrato auténtico.
Por último, al reflexionar sobre lo que está por venir, el cantante mostró una clara dicotomía entre lo profesional y lo personal. Mientras que encara el futuro laboral con ilusión, confesó un profundo escepticismo humano. Esta visión desencantada sobre el futuro de nuestra sociedad subraya una postura individualista y crítica, centrando su entusiasmo exclusivamente en la libertad de su proceso creativo frente a la incertidumbre del contexto humano general.
