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El gusto de Felipe II por las 'diablerías' de El Bosco

Patrimonio Nacional se suma al V Centenario de la muerte del artista con la exhibición de obras de las Colecciones Reales españolas de El Escorial.

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El gusto de Felipe II por las 'diablerías' de El Bosco
Tríptico El carro de heno. | Patrimonio Nacional

Felipe II fue uno de los coleccionistas más entusiastas de El Bosco. La admiración del rey por el pintor flamenco es bastante peculiar puesto que el artista reflejaba en sus pinturas los vicios de la época, criticaba abiertamente la religión o las altas jerarquías, e imaginaba un sinfín de formas fantásticas y de seres infernales. En sus obras sarcásticas y grotescas, se retrata el pecado que debía ser castigado con la eternidad en el infierno. Representó mundos irreales y paisajes oníricos con un fuerte carácter satírico y moralista. Dicen precisamente que el monarca, el Rey prudente, se entusiasmó por El Bosco porque pintaba al hombre como era, no como quería ser.

El hijo de Carlos V fue un gran mecenas de las artes y sintió una predilección especial por las escuelas italianas y flamencas. "La pintura italiana era la que mejor representaba el carácter oficial de la corte y por eso Tiziano fue su pintor favorito desde ese punto de vista. La flamenca era la que mejor se adscribía a los intereses piadosos de su dinastía", explica a Libertad Digital Carmen García-Frías, conservadora de Pintura Antigua de Patrimonio Nacional. Por eso, Felipe II se fascinó de las diablerías de El Bosco. "El carácter religioso y moralizante que vio Felipe II en sus obras fue determinante para que destinara el mayor número al monasterio de El Escorial", añade.

Felipe II llenó el Monasterio de El Escorial con todos los cuadros de El Bosco que pudo. La mayoría los adquirió de otras colecciones nobles que existieron en el momento ya una vez hubo muerto el artista flamenco. En 1574 llegaron El carro de heno, la Mesa de los Pecados Capitales, la Adoración de los Magos, Cristo con la cruz a cuestas y varias Tentaciones de San Antonio, mientras que en 1593 llegaron otros cuadros procedentes de la almoneda de Fernando de Toledo, hijo del gran duque de Alba, como El jardín de las Delicias o la Coronación de espinas. Gracias a Felipe II, España reúne el mayor numero de obras originales de El Bosco.

Existe una leyenda bastante extendida que asegura que cuando Felipe II se hallaba agonizando, pidió que le llevaran a su habitación todas las pinturas del holandés para fortalecerse moralmente. Principalmente, quería morir frente al tríptico El jardín de las Delicias, algo que nos aclara García-Frías: "No fue así. El jardín de las delicias ha estado siempre en la galería de la Infanta, formando parte del recorrido de las habitaciones reales del monasterio. Se sabe documentalmente por los inventarios, los libros de entrega y sobre todo por la descripción del padre Sigüenza, el primer gran comentador especializado de las obras de El Bosco. En su habitación estaba la tabla de la Mesa de los pecados capitales, que recuerda cuáles son los pecados del hombre y en las esquinas se representa la gloria y el infierno. El jardín de las delicias estaba alejado de las habitaciones privadas del rey".

La exposición El Bosco en El Escorial, que se puede visitar hasta el 1 de noviembre 2016, devuelve las obras a su lugar de partida. Da la bienvenida al visitante con un grabado del pintor flamenco, que pertenece a una serie de retratos de artistas ilustres realizada por Cornelis Cor en 1572, custodiada por la biblioteca de El Escorial. La muestra la preside el cuadro Cristo con la cruz a cuestas. "Es un original considerado por toda la crítica especializada como una de los grandes obras de El Bosco, por su manera tan particular de interpretar el tema, con un Cristo sufriente en el centro de la composición y alrededor una multitud impasible", detalla García-Frías. Esta obra también formará parte de la gran retrospectiva del artista flamenco que prepara El Prado.

La muestra queda completada con El carro de heno, réplica del propio taller que se exhibe por primera vez tras su restauración y Coronación de espinas.

Un gran coleccionista de tapices

El interés de Felipe II por las obras de El Bosco se centró en la pintura, sin embargo fue un gran coleccionista de tapices, como asegura Concha Herrero, conservadora de Tapices de Patrimonio Nacional. "Tuvo una colección inmensa como demuestran sus inventarios, pero los tapices que están expuestos en la exposición que nos ocupa, aunque son de la época de Felipe II, no se incorporaron a las colecciones reales hasta Felipe IV", explica.

La serie de tapices seleccionados para El Bosco en el Escorial, conocida como los Disparates del Bosco o Caprichos de Brueghel, está formada por cuatro tapices tejidos en Bruselas entre 1550 y 1570 con hilos de oro y seda sobre modelos del artista y es "única en el mundo". "No hay ninguna otra colección, ni siquiera la de Viena o El Vaticano, que tenga una serie así inspirada sobre dibujos de El Bosco", explica Concha Herrero.

Tapiz 'Carro de Heno'. | Patrimonio Nacional

"Es una serie completa, obras secuenciales que, en este caso, no representan pasajes de una misma historia, sino que son copias de obras de El Bosco o de composiciones basadas en su obras más conocidas. Son cuatro paños que suman 16 metros -cada uno de ellos tiene aproximadamente tres metros de altura-. El más significativo, con casi cinco metros, es una reproducción casi literal de El Jardín de las Delicias. Los otros tres son una composición inspirada en la tabla central del tríptico de El carro de heno y dos paños con escenas relacionadas con vidas de santos, San Antonio y San Martín", detalla la conservadora de tapices.

Al contrario de lo que ocurre con las pinturas, no se tiene certeza de cómo estos tapices pasaron a formar parte de las Colecciones Reales. "Los tapices pertenecieron a un gran diplomático de Felipe II, el cardenal Granvela. Más tarde, se conoce que Felipe IV hizo uso de la colección en diferentes ceremonias cortesanas muy importantes, decoró los apartamento del Alcázar de Madrid y la jornada en la que el Príncipe Baltasar Carlos fue proclamado sucesor de la corona. Tuvo una preeminencia especial dentro de las ceremonias cortesanas, pero cómo llegó no se sabe. Es muy probable que llegase a través de Rodolfo II, pero no existe un archivo que dé certeza a esa hipótesis".

Esta exquisita exposición, aperitivo de la que prepara el Museo del Prado, cuenta además con dos libros de entregas donde aparece reflejada la adquisición de las obras y otro escrito de Fray José de Sigüenza sobre la fundación del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Un caramelo para los amantes del arte y la historia.

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