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Zoé Valdés

Año Picasso

Celebremos a Pablo Picasso como su obra lo merece, él mismo decidió alejarse de la política a tiempo, y del comunismo al final.

Celebremos a Pablo Picasso como su obra lo merece, él mismo decidió alejarse de la política a tiempo, y del comunismo al final.
El malagueño Pablo Picasso, en su taller | Cordon Press

Fui invitada a la inauguración en el Museo Reina Sofía del ‘Año Picasso’, que según se ha anunciado contará con una gran cantidad de manifestaciones de entusiasta expectativa acerca del pintor malagueño. Creo que seguramente fui invitada porque no sólo escribí una novela titulada La mujer que llora, Premio Azorín de novela, 2013, publicada por la editorial Planeta, cuyo tema aborda la relación ambigua y fulgurosa (por los enriquecedora y a la vez destructiva para la artista) entre Dora Maar y Pablo Picasso. Además he escrito varios artículos y estudios sobre la obra picassiana, que han sido también transformados en conferencias. El caso es que como siempre con estos actos culturales de intensa relevancia fui muy ilusionada, y casi salgo todo lo contrario.

Aparte la mediocre escenografía en la que usaron unos bombillos y unos biombos bidones adquiridos probablemente en Amazon de a tres por quilos, la obra, la puesta en escena, los discursos (salvo el del Rey y el del nieto de Picasso) no pudieron ser más traídos por los pelos. La excesiva politización de la obra de un artista como Pablo Picasso, el que se defendió siempre de no involucrar en exceso su obra con la politiquería barata de turno resultó deprimente.

Comparar Guernica con la situación de Ucrania, invadida por Vladimir Putin, no sólo es una solución facilona, es algo muy como de adoctrinamiento de preescolar, y del malo. Sin embargo, los discursos de los ministros de cultura de España y Francia no estuvieron tan pedestres como el del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, al que por la forma de mantener la lectura se notó que con toda evidencia le escribieron el texto leído, en el que citó una anécdota, mal interpretada por mal extraída.

No sólo todos olvidaron que Guernica es el producto del inmenso deseo y sacrificio de Dora Maar para que Picasso por fin hiciera algo por su país y por Guernica, además Dora Maar fue la primera artista (nadie lo había hecho antes) que en la historia del arte realizó mientras la ejecución del cuadro el primer reportaje fotográfico de una pintura. Una pintura en la que ella participó ampliamente, como cuando le recomendó a Picasso que en el lugar del sol dibujara un bombillo, pues él no sabía pintar soles; y en la que se nota su impronta de fotógrafa surrealista mediante los colores del cuadro, gris, negro, blanco: los colores esenciales de la fotografía en blanco y negro. Lo que el mismo Pablo Picasso reconocería al tiempo.

También se olvidó, aunque en algún momento se mencionó a Max Jacob durante la representación teatral, que Picasso fue el único que no firmó la carta que tantos artistas firmaron, escrita por Jean Cocteau, quien no sólo le pidió que añadiera su firma, sino además que intercediera frente a los alemanes para que Max Jacob no fuera enviado al Centro de Detención nazi de Drancy donde murió. Picasso respondió a Cocteau: "Max Jacob es un ángel, él sabrá volar de allí". Pero Max Jacob, el poeta que lo cobijó cuando el joven genio malagueño llegó a París, no pudo volar porque ya entonces seguía siendo un poeta, pero con las alas cortadas por el dolor y el miedo. Aunque, sí, supongo que para un homenaje no era el mejor momento para mencionar este triste y malagradecido pasaje en la vida del pintor.

No habría nada que reprochar a Picasso, y sí hay mucho, en dependencia del ángulo desde el que se estudie su arte y analice su personalidad. No seré yo quien quiera cargarme a Picasso, porque en múltiples ocasiones he dicho que amo al artista y huyo del hombre, del amante. Pero sí hay que tener cuidado del uso que los políticos hagan de él, el uso indebido a causa de la ignorancia y de la manipulación.

Quedé sumamente satisfecha con el discurso justo y sentido del nieto de Picasso, y con el del Rey Felipe VI, siempre refinado y elegante, agradecida de la invitación, aunque malhumorada con la poca preparación de los políticos. Celebremos a Pablo Picasso como su obra lo merece, él mismo decidió alejarse de la política a tiempo, y del comunismo al final. Al igual que Paul Éluard, huyó despavorido.

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