
La Mona Lisa, también conocida como La Gioconda, es el retrato más famoso de Leonardo da Vinci y uno de los cuadros más reconocibles de la historia del arte. Su fama no solo se debe a la técnica y el talento del pintor, sino también a la historia detrás de su nombre, un robo imprevisto y la identidad de la mujer retratada.
El título original de la obra es Retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, un comerciante florentino del siglo XVI. De ahí surge el nombre de Gioconda, que hace referencia a su apellido. Sin embargo, el cuadro también es conocido como Mona Lisa, una denominación que proviene del italiano monna, diminutivo de madonna, que significa "señora". Por lo tanto, el segundo nombre se traduce literalmente como "la señora Lisa".
Durante el Renacimiento era habitual que las obras recibieran apodos más memorables que su título oficial, y en este caso tanto La Gioconda como la Mona Lisa superaron en popularidad al nombre original.
¿Quién era la mujer del retrato?
La retratada, Lisa Gherardini, fue la tercera esposa de Francesco del Giocondo y probablemente tenía alrededor de 25 años cuando se pintó el cuadro, alrededor de 1503. El encargo habría sido para celebrar el nacimiento de su segundo hijo, un lujo habitual entre la élite florentina.
Aunque esta es la hipótesis más aceptada, respaldada por crónicas de la época como las de Giorgio Vasari, la identidad de la mujer ha generado numerosas teorías. Algunas sugieren que podría tratarse de un autorretrato de Leonardo o incluso de otra mujer cercana al artista.
La técnica y el misterio detrás de la sonrisa
Uno de los elementos que hacen única a la Mona Lisa es su sonrisa enigmática. Dependiendo del ángulo desde el que se observe, parece sonreír o no, un efecto logrado mediante la técnica del sfumato, que permite transiciones suaves entre luces y sombras. Este detalle ha fascinado a historiadores y visitantes durante siglos, convirtiéndose en un ejemplo del dominio técnico de Leonardo.
Historia y curiosidades del cuadro
El cuadro nunca fue entregado a la familia Giocondo. Leonardo lo conservó hasta su muerte en 1519, posiblemente utilizándolo como un ejercicio continuo para perfeccionar sus técnicas. Posteriormente, pasó a manos del rey francés Francisco I por un valor equivalente hoy a entre 700.000 y un millón de euros.
En 1911, la pintura fue robada del Louvre, un evento que aumentó aún más su fama internacional. Tras su recuperación, la obra fue protegida con medidas de seguridad extremas, incluyendo una vitrina antibalas.
Otras "Mona Lisa"
Existen otros retratos similares al original. En el Museo del Prado se conserva una copia realizada por un alumno de Leonardo, que fue pintada simultáneamente con el original. También se conoce la llamada Mona Lisa de Isleworth, cuya autoría aún se debate, aunque algunos sostienen que podría ser otra versión creada por Leonardo años más tarde.

