Menú

Cuando Teresa Gimpera, que acaba de morir, hizo unas pruebas para Hitchcock

La actriz, icono del cine español de los 60y los 70, murió en su casa de Barcelona a la edad de ochenta y siete años.

Teresa Gimpera, una de las actrices más prolíficas del cine español de los años 60 y 70, murió ayer martes, 24 de julio, en su casa de Barcelona, a la edad de ochenta y siete años, víctima de un cáncer terminal que le fue diagnosticado hace pocas semanas.

Se convirtió en actriz cinematográfica, en una carrera en la que alcanzó alrededor de ochenta títulos, después de una afortunada etapa como modelo fotográfica y de pasarela. Denominada "Musa de la gauche divina" barcelonesa, prodigaba sus apariciones en la discoteca "Bocaccio", lugar de reunión de cineastas, actores, escritores, gentes del mundo artístico catalán. Se casó en dos ocasiones, tuvo tres hijos, uno de los cuáles murió en circunstancias trágicas, razón por la que durante mucho tiempo acusó un interminable dolor.

Nacida en Igualada (Barcelona) el 21 de septiembre de 1936, era hija de un matrimonio de maestros de escuela. Llegó a ayudar a su madre en un colegio. Estudiando en el Colegio Francés de la capital catalana conoció a un compañero, del que se enamoró, contrayendo matrimonio cuando ella solo contaba diecinueve años. Octavio Sarsanedas, que así se llamaba él, comenzó a trabajar en una agencia publicitaria de Seix Barral. Uno de sus colaboradores le tomó un día unas fotografías a Teresa para determinada campaña, un producto de limpieza conocido como "Vim". Y durante un tiempo a Teresa Gimpera la empezaron a llamar aludiendo a esa marca. También, ya siendo modelo, fue asimismo motejada en el mundo publicitario barcelonés como "Gim".

Rubia, con un cuerpo atractivo, posó primero para un fotógrafo prestigioso, Oriol Maspons. Ese trabajo tuvo mucho que ver con su despegue profesional. Después, otro artista de la cámara, realizador de cientos de anuncios, Leopoldo Pomés, contribuyó todavía más para que Teresa Gimpera acabara siendo un rostro, una figura, habitual en los spots de televisión. Otro de sus apelativos fue el de "musa de Pertegaz", que era un modista de categoría y la tuvo en su casa de modas como una modelo destacada. Y un día, dio salto al cine.

Eran los años en los que estaba de moda la llamada Escuela de Barcelona, de donde salieron unos cuantos realizadores intentando dirigir películas de corte poco comercial, con guiones complejos, muchos de ellos llevados a la pantalla en blanco y negro, que sólo consiguieron entusiasmar a una minoría de espectadores. Y en esa Escuela, Teresa Gimpera fue también otra musa para aquellos cineastas idealistas e intelectuales. Debutó como protagonista de Fata Morgana, de Vicente Aranda. Después, cintas de relleno. Tuset Street, fallido intento de Jorge Grau, sustituido a mitad del rodaje por Luis Marquina, donde Teresa era una sofisticada joven que rivalizaba con una Sara Montiel muy alejada de sus cuplés.

Episodio singular en la vida artística de Teresa Gimpera fue cuando recibió una invitación de la productora norteamericana Universal para que se desplaza a Los Ángeles. El motivo era para hacer unas pruebas, lo que en el argot se conoce como casting. Resultó que Alfred Hitchcock había contemplado unas fotografías de nuestra compatriota en una revista, reportaje de moda que despertó en el mago del suspense interés por conocerla: buscaba una actriz para el personaje de Juanita de Córdoba, para su próxima película, Topaz. Creyó Hitchcock que Teresa era morena y de ojos oscuros, encontrándose con una belleza de rasgos físicos contrarios a cuanto pensaba; equivocación posible porque en aquella publicación, las imágenes eran en blanco y negro.

Transcurría el año 1969. Ni que decir que el viaje a Hollywood despertó en Teresa Gimpera una gran ilusión. Treinta y tres años contaba entonces. La trataron nada más aterrizar en el aeropuerto de Los Ángeles como nunca podía imaginar: una limusina impresionante la esperaba para ser conocida por el director de Psicosis.

El resto de la historia tiene esta palabra: decepción. Las pruebas fueron breves, ante la atenta, fría, distante mirada de Hitchcock. Tuvo que colocarse una peluca oscura, dejarse maquillar como nunca le había sucedido, vestirse un traje de color fucsia. Tras el ensayo de un plano general, Hitchcock se dirigió a Teresa: "Muchas gracias por venir y que tenga un buen viaje de regreso a España". O sea: si te he visto, no me acuerdo, que diría un castizo. Aunque quedó defraudada, recibió semanas más tarde un cheque de la Universal por un importe de ciento cincuenta mil pesetas, que aliviaron bastante aquella frustración. La experiencia, no obstante, no la olvidó. En cuanto a la actriz que con denuedo buscaba Hitchcock, fue una norteamericana que pasó sin pena ni gloria en su carrera.

De nuevo en Barcelona, Vicente Aranda la dirigió en Las crueles. Y en aquel 1969 compitió en un concurso medio amañado que se celebraba en Italia, de Lady España y Lady Europa. Lo ganó Teresa.

Ya en lo sucesivo, para que cerremos este capítulo cinematográfico de Teresa Gimpera, digamos que fue a menudo reclamada por productores y directores que la encasillaron en papeles de elegante dama, en clichés de mujer liberada cuando todavía en España no se conocían ciertas modas y costumbres. Fueron comedias de enredo, pero también filmes de aquel Oeste almeriense que desde Italia se llamó spaghetti-westerns, por no olvidarnos de cintas de terror.

Una lista cuyos títulos fueron, entre otros muchos: Las secretarias, Cómo sois las mujeres, Las amigas, El extraño caso del doctor Fausto, Vida conyugal sana, que era una de aquellas películas producidas por José Luis Dibildos en lo que llamó La tercera vía… De contenido histórico, La ciudad quemada, Victoria, hasta llegar a El espíritu de la colmena, donde se consagró su director, Victor Erice, y Teresa pudo defender un papel muy distinto a los que hasta esa fecha, 1973, estaba acostumbrada. De la última etapa de Teresa merece destacarse Asignatura aprobada, de José Luis Garci (1987) y El largo invierno, de Jaime Camino (1992), que es cuando ya consideró finiquitada su etapa de actriz.

Entre otros cometidos, apareciendo en programas de televisión, recuerdo cuando un año fue presentadora del popular Festival de la Canción de Benidorm. Y luego, siempre ya residiendo en Barcelona, con escapadas a Begur, montó una escuela de modelos en la Ciudad Condal, Gimpera Models.

La dura pérdida de un hijo

Se había separado de su marido, con quien tuvo tres hijos: Marc, Job y Joan. Este último murió víctima del consumo de drogas. Una dura prueba para toda su familia, sobre todo para Teresa, que como es natural estaba al corriente de la irregular vida del fallecido. Luchó desesperadamente por ayudar a su hijo. Me consta que llamó a algunas revistas para evitar que no se diera publicidad al entierro del joven. Pero como no respetaron su dolor, mostró su indignación en algunos de esos casos.

Decíamos que pasó después un largo calvario, del que la fue sacando un actor norteamericano, Craig Hill, con quien contrajo segundas nupcias en 1990. Fueron una pareja feliz hasta el año 2014, cuando él se fue de este mundo.

En 1996 publicó el libro Claves para saber estar, especie de manual para tener éxito en sociedad siguiendo unas normas de buenos modales.

El nombre de Teresa Gimpera fue desdibujándose ya en las publicaciones cinematográficas y en los medios de comunicación en general aunque en Barcelona siempre hasta hoy ha sido recordada cuando asistía a determinados actos artísticos o sociales. Nunca, por su gran personalidad, pasaba inadvertida. Aparentemente podía dar la impresión de ser una mujer de fuerte carácter. Puede que lo fuera, según qué situación, aunque las veces que la entrevisté, que fueron varias, siempre se mostró muy afable. Una gran señora, al final de su existencia.

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad