
El 2019 se estrenó en cines El Hoyo sin pena ni gloria. Pero en 2020, en plena pandemia, se convirtió en uno de los contenidos más vistos de Netflix en todo el mundo. Ahora se estrena su secuela directamente en la plataforma. En la primera entrega el director Galder Gaztelu-Urrutia nos presentaba un mundo distópico donde las personas están confinadas en una torre vertical con unas normas muy concretas.
Dos personas por piso, hasta más de 300, con un gran agujero en el centro por donde cada día baja una plataforma con comida. No se pueden guardar comida, sólo comer lo que les de tiempo durante los minutos que la plataforma esté parada. Cada mes la organización los cambia de piso.
Una fábula que muchos interpretaron como una crítica al capitalismo, la voracidad de los de arriba deja sin nada a los de abajo. Uno de los miedos a priori cuando Netflix anunció la continuación de la historia, es que El Hoyo 2 fuese más de lo mismo. Sin embargo, la trama introduce un elemento novedoso, la figura de los ungidos.

Si en la película original veíamos que reinaba el caos, en esta segunda comprobamos cómo los ungidos están empeñados en establecer cada vez más normas, algunas absurdas, supuestamente para proteger a los "desfavorecidos". ¿El resultado? Todavía peor que en la primera, un misterioso líder imponiendo un brutal sistema de control sobre los recursos alimentarios. Si la primera era una crítica al capitalismo, ¿esta segunda lo es al comunismo?
Una nueva residente (Milena Smit), que comparte piso con el personaje de Hovik Keuchkerian, se enfrenta al sistema uniéndose a la lucha contra el horrible y cruel método de supervivencia instaurado por el líder de los ungidos. Entre el reparto también encontramos actores como Óscar Jaenada o Natalia Tena.
El Hoyo 2 no es tan escatológica como su antecesora sino que el exceso lo encontramos en la violencia. Aquellos que busquen las respuestas que no aportaba la anterior película quedarán defraudados, no hay respuestas. En todo caso, nuevas preguntas por resolver.
Estas películas hay que verlas como un ejercicio de reflexión. Si en la primera la "avaricia" de otros podía costarte la vida en el hoyo, en esta ocasión es la solidaridad impuesta por unos "elegidos" la que te puede llevar a la muerte en caso de incumplirla. El horror causado por los que se llaman así mismos "los buenos". ¿Quién controla al controlador? ¿Dónde queda el contrapoder?