
La nueva comedia "Al otro barrio", protagonizada por Quim Gutiérrez, llega a los cines con una propuesta fresca y llena de humor, pero también ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la versatilidad y el recorrido profesional del actor. En una entrevista con Sergio Pérez para esCine de esRadio, Gutiérrez compartió detalles sobre su trabajo en la película y su esfuerzo por diversificar su carrera más allá de la comedia.
El esfuerzo por romper etiquetas
Quim Gutiérrez, conocido como uno de los rostros más destacados del cine cómico español, no oculta que su trayectoria ha estado marcada por un esfuerzo constante para evitar ser encasillado en un solo tipo de personaje. "He tenido que rechazar proyectos para mostrar facetas distintas de mi trabajo. Una carrera no solo se construye con lo que aceptas, sino con lo que rechazas", explicó durante la entrevista. Además, reconoció el privilegio que supone poder elegir: "El que rechaza ya es un privilegiado. Es decir, soy perfectamente consciente de que el hecho de poder escoger me sitúa en un tanto por ciento muy bajo de la gente que se dedica a esto".
El actor reflexionó sobre las dificultades de salir de la comedia, un género en el que ha cosechado grandes éxitos desde sus inicios. "Tuve suerte de que las comedias que hice al principio funcionaran, y entonces es lógico que, de alguna forma, a nivel comercial, si haces bien esto, ‘pues chico, haz esto, que funciona’. Entonces es labor tuya, con mucho esfuerzo, ir orientando hacia otro lado".
A pesar de esas dificultades, Gutiérrez agradeció a los directores que han apostado por él para roles diferentes, como Jorge Torregrossa en El cuerpo en llamas: "El hecho de que Torregrossa me ofreciera El cuerpo en llamas creo que dice mucho de él, y yo le estoy muy agradecido".
En el ámbito internacional, el actor comentó que su experiencia ha sido distinta: "En Francia, de hecho, las pocas cosas que he hecho me ofrecen los personajes que yo pensaba que haría: los que obedecen más a mi aspecto, rasgos grandotes, no demasiado fino, pues más hacia lo dramático. No me molesta la emoción, y, sin embargo, tengo un aspecto más bien duro. Pues eso funciona, y es lo que me ofrecen allí, pero aquí es más difícil".
La trama de "Al otro barrio"
En cuanto a su papel en Al otro barrio, Gutiérrez compartió que la película es "una comedia empresarial de disparates en el extrarradio". Su personaje, Andrés Ocaña, es un empresario de márketing que defrauda a Hacienda y se ve obligado a trasladar la sede de su empresa a un barrio periférico para evitar la cárcel. "Es alguien que es víctima de sus habilidades, en este caso, ser un encantador de serpientes, un tipo capaz de seducir piedras. Entonces, cuando vendes muy bien y tu trabajo consiste en vender, llega un momento en que, a lo mejor, ya no sabes lo que estás vendiendo ni si crees en aquello que vendes", explicó el actor.
Aunque Andrés es un personaje con claros defectos morales, Gutiérrez destacó su optimismo y carisma. "Es difícil, con un defraudador de Hacienda, pensar que tiene buen fondo, pero a veces ocurre. En el caso de Andrés, yo creo que es alguien que es víctima de sus habilidades". Además, resaltó que su "verborrea pintoresca" permite al personaje moverse con naturalidad entre diferentes entornos: "Digamos que su escala de valores no tiene nada que ver con raza o cantidad de pasta que manejes en las facturas de tu empresa. Hay algo de buscavidas, de ratilla, y las ratillas da igual que vayan vestidas de traje o de chándal".
Un guion lejos de clichés
El actor también elogió el guion de Daniel Monedero y Francisco Arnal por evitar caer en clichés, como incluir una historia de amor para el protagonista. "Es una historia de amistad, prácticamente de un trato de hermanos. De hecho, el personaje que interpreta Sara Sálamo es el único al que Andrés no engaña, porque no puede, y es como, de alguna forma, la confidente. No es el ojo del espectador, pero es el ojo que no se traga la mentira. La inseducible, por decirlo así".
El actor valoró el equilibrio logrado en el humor de la película: "Cuando leí el guion, me ocurrieron dos cosas: la primera fue celebrable, y es que creo que es una película ambiciosa. Hay muchas tramas distintas y es complicado llevarlas todas a buen puerto, que tengan sentido". También destacó que la producción se preocupó por no ofender a nadie: "La producción se asesoró muy bien con gente de los barrios en los que rodábamos, para verificar si algo que decíamos ofendía a alguien, y una vez tuvimos el ‘ok’ de todo el mundo, nos lanzamos a hacer humor".