La argentina 'Simón de la montaña' no hace pornografía de la discapacidad
Simón de la montaña, drama argentino sobre un joven discapacitado, se estrena en cines españoles.
La argentina Simón de la montaña pone en el tapete el problema de la representación de las personas con discapacidad, y lo hace ignorando totalmente el manual emotivo de Hollywood. El debut en la dirección de Federico Luis encara un viaje personal de un naturalismo que despierta preguntas en un espectador que apenas encuentra asideros a la hora de interpretar los hechos. Y los hechos son simplemente un pedazo de la vida de Simón, un joven con discapacidad que encuentra amigos y emprende un viaje tanto físico como personal.
En Simón de la montaña no hay lenguaje inclusivo, corrección política o condescendencia alguna. El entorno hostil familiar, burocrático y general al que se enfrentan sus protagonistas con PCD, empezando por Simón, resulta tan imprevisible y hosco al espectador como a los propios chicos. Discapacitados que se atraen, pelean, juegan, piensan e incluso hacen el amor sin que la película sermonee al personal con maniobras ideologizadas.
La cámara de Federico Luis capta todas las modulaciones del actor Lorenzo Ferro en una película que no trata de ganarse el certificado de aprobación de ninguna administración gubernamental o asociación benéfica. Aunque desgraciadamente esto no es Bienvenido Mr Chance, no hay nada aquí de films voluntariosos como Campeones, o excelentes fábulas como Forrest Gump. Tampoco de Yo soy Sam, tratando de encajar lo entrañable aunque sea a golpes.
Es cierto que por el film asoma también cierta falta de finalidad, uno diría que buscada, que lastra aciertos como ese extraordinario prólogo donde la pandilla lucha contra una tormenta y asoma el recuerdo de El señor de las moscas. Los paisajes de los Andes se funden en imágenes deshechas, sensoriales y angustiosas, pero también tremendamente bellas e intimistas.
Después el film muestra lo feo o incluso inaceptable sin ambages, aceptándolo sin buscar la polémica o un diploma de concienciados. Por eso, Simón de la montaña -que nunca acaba de llevar a término su propuesta- resulta un film interesante y desprejuiciado, un tanto demasiado episódico en su devenir narrativo, pero extraordinariamente defendido por su reparto.
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