'Sin Piedad' podría ser la primera película visionaria e incomprendida del año
Sin Pierdad se estrena en cines españoles. Chris Pratt debe demostrar que es inocente de asesinato a una letal juez IA (Rebecca Ferguson)
Simpátiquísima, correcta e hipervitaminada, puede que esta aventurada serie B digital del ruso Timur Bekmambetov sea el primer film y último del Hollywood reciente en abordar las consecuencias de la nueva Inteligencia Artificial… con una inteligencia humana. Suficiente para ganarse la animadversión de la crítica estadounidense, a tenor de los resultados, pero también (y a pesar de los apresurados giros de guion de su último tercio, y algún momento con falta de enjundia visual) un film lejos de merecer ser denostado.
Sin Piedad sienta al simpático Chris Pratt en una silla durante la hora y media que dura el juicio de Maddox, una juez IA interpretada por Rebecca Ferguson, y lo que empieza como thriller judicial con vetas de Minority Report deriva a un nuevo ensayo de Bekmambetov sobre la concepción de una cierta clase de thriller propio de la nueva realidad digital. Si sus anteriores producciones Searching y Missing narraban una búsqueda desde la pantalla de un ordenador, lo mismo que las inéditas Lifehack y Bloat con otros tropos del género (y la vilipendiada La Guerra de los Mundos con el famoso relato de H.G. Wells), la aquí presente coge el esquema de El Fugitivo y lo hace derivar en una búsqueda a contrarreloj del asesino de su esposa a través de todas las pantallas y recursos digitales posibles desde la impersonal sala del juzgado.
Lo estupendo de Sin piedad, absolutamente inverosímil en su trepidante deriva de suposiciones, persecuciones vistas por cámaras de seguridad y arrestos, es sin embargo el excelente marco reflexivo que apunta pese a su evidente caradura. Todo ocurre en unos Estados Unidos contemporáneos, agitados socialmente y exagerados de una manera deliciosamente grosera, con Bekmambetov utilizando cámaras en primera persona de agentes para canalizar imágenes de violencia policial y luego replanteárselo, darle una vuelta similar al tratamiento que recibe la (temible) Inteligencia Artificial representada en el rostro perfecto de Rebecca Ferguson. Resulta enormemente gratificante ver cómo la película bascula del temor distópico que representa su impersonal figura a otro resorte del género de acción, el de la "Buddy-movie" (o de temerla a utilizarla) con retazos de ciencia ficcion dura y ese eterno dilema Ghost in the Shell de si la identidad digital es potencialmente vida (Ferguson entiende perfectamente bien la autoridad del "personaje" incluso en sus fracturas).
Que por el camino el film parezca hacer una apología de un estado hipervigilado es otro cantar, consecuencia (o más bien reflejo) de las profecías de Orwell hechas realidad. Bekmambetov quizá se enamora demasiado de su propia tecnología, el devenir del guion manipulador y chiflado, y aunque ello repercuta en la simpatiquísima modestia del producto, al final también se ve limitado por el formato elegido cuando toca afrontar la vena de "blockbuster" de gran espectáculo. No pasa nada, en este panorama sobresaturado: el contenido satírico y sci-fi de este simpatiquísimo "murder mistery", su juego con el enfoque y desenfoque como sustitutos del plano-contraplano sostenido por el rostro de un actor tan carismático (e inmerecidamente odiado) como Chris Pratt entretiene, y mucho.
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