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Cuando Melania Trump vivió en un pueblo de Barcelona

El nuevo documental sobre la esposa del mandatario revela su pasado como modelo y los meses que pasó en Cataluña conviviendo con una familia local.

El nuevo documental sobre la esposa del mandatario revela su pasado como modelo y los meses que pasó en Cataluña conviviendo con una familia local.
Gtres

La figura de Melania Trump, pese a ser la Primera Dama de los Estados Unidos en dos ocasiones, es un tanto desconocida incluso para los millones de norteamericanos que la adoran, según se advierte en los medios de comunicación. Contribuye quizás a ello ese aire misterioso que desprende en su rostro inexpresivo, a veces incluso triste. ¿Es ella así realmente también en la intimidad con su esposo, con quien ha cumplido veinte años de matrimonio?

Este viernes, 30 de enero, se estrena un documental, Melania, que tal vez nos descubra detalles significativos de su modo de ser. Se ha rodado por expreso deseo del presidente Donald Trump. Y ha dado toda clase de facilidades para que se conozcan por dentro las estancias de la Casa Blanca. Además de múltiples imágenes de la vida oficial y personal de la pareja, de sus viajes y eventos en los que ella ha participado con su esposo, también hay otras en las que Melania se muestra desenvuelta ante las cámaras como nunca se la había visto.

Desnuda en revistas eróticas

Melania Knauss cuenta cincuenta y cinco años. Nacida en lo que fue la antigua Yugoslavia, luego Eslovenia. Su padre, con carné del Partido Comunista, administraba un negocio estatal de concesionarios de automóviles y motos, y su madre era patronista de ropa infantil, ya fallecida. Melania ya destacaba por su físico: alta, figura estilizada, cabellos rubios, rostro agraciado. No es de extrañar que con dieciséis años debutara como modelo. Luego quiso ser arquitecta, pero no pasó del primer curso en las aulas universitarias.

Le gustaba viajar, aprender y en 1992, con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se desplazó a Cataluña. Ignoramos de qué procedimiento se valió, si fue a través de alguna oportunidad para jóvenes estudiantes; el caso es que, en esos meses, Melania Knauss estuvo invitada en la casa de una familia, los Segura, residentes en la localidad de Cerdanyola del Vallés. Dada su facilidad para los idiomas, aprendió en esas pocas semanas lo fundamental de nuestro idioma, en el que actualmente puede desenvolverse. Se llevó de su estancia en tierras catalanas una grata impresión.

Tenía veinticinco años cuando en 1996 viajó a Nueva York con el sueño de convertirse en una "top model", cosa nada fácil. Y como al principio no encontraba la manera de darse a conocer tal cual, se prestó a salir desnuda en las páginas de varias revistas eróticas: "Mas Magazine" y "New York Post".

En sus pasos como modelo en la Gran Manzana llamó la atención de un ejecutivo de ese mundo, que la invitó a acompañarle a una fiesta que daba el multimillonario Donald Trump, del que posiblemente nada sabía; puede en todo caso que hubiera leído algunas informaciones sobre su imperio patrimonial. El caso es que al llegar al lugar de la fiesta y a través de su acompañante, Melania pudo conversar por primera vez con el todopoderoso hombre de negocios.

Él ya se había casado dos veces

Cuando Donald Trump quedó fascinado contemplando la belleza de Melania, ya arrastraba una fama aventurera respecto a las mujeres. Se había divorciado de su primera esposa, Ivana Zelnickova, con quien estuvo casado entre 1977 y 1992, siendo padre de tres hijos. En la etapa en la que conoció a Melania, Donald había formado su segundo hogar con Marla Maples, desde 1993, y tenían una hija.

Después de aquella presentación, Donald Trump propuso a Melania una primera cita. Y luego otras y otras. Su divorcio de Marla Maples no tardaría en producirse, en 1999. Melania llevaba para entonces tres años residiendo en Nueva York. Su vida daría un giro inesperado cuando Donald Trump se convirtió en su apasionado amante.

Una boda en la que se gastó una fortuna

No hay que ser un adivino para intuir que en la boda de Donald Trump con Melania el magnate invirtió una ingente cantidad de dinero para impresionar a la modelo eslovena, quien había desfilado por última vez en Italia para instalarse en Nueva York. Donald se deshizo en regalos, en diamantes y joyas valiosísimas cuando pidió su mano. Medio millar fueron los invitados a la boda, celebrada el 22 de enero de 2005; se han cumplido exactamente quince años estos días.

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No era Melania una mujer dedicada solo al ocio. Por supuesto que a su disposición, al casarse e irse a vivir a la Trump Tower, el imponente edificio neoyorquino construido por Donald, este puso a los pies de su esposa cuanto quisiera, sin necesidad alguna de trabajar. No contaba con que ella es mujer activa, aunque no lo parezca a primera vista. Por lo pronto, hablando siete idiomas, ya ha podido desenvolverse por el mundo sin problemas. Pero es que desplegó su faceta como diseñadora de joyas, comercializando una línea propia. Otro de los variados negocios que emprendió era un producto para el cuidado de la piel. Más adelante se interesó por el intrincado asunto financiero de las criptomonedas, implicándose en ellas con buenos resultados en general. Y así, no se aburría nunca, ingresaba dinero contante y sonante en sus cuentas bancarias propias, mientras su marido seguía enfrascado en sus empresas y esperando el momento oportuno para dedicarse a la política. Su obsesión era aspirar a sentarse en el sillón presidencial en la Casa Blanca.

Ella plagió un discurso

En 2017 Donald Trump ya ocupaba la poltrona en Washington, su deseado destino, como líder del partido republicano. A Melania no le interesaba la política, aunque pudiera beneficiarse de ella. Tardó en irse a vivir con su marido a la Casa Blanca y continuó residiendo en Nueva York.

No obstante, sucesora de la anterior primera dama, Michelle Obama, y queriendo no desairar a su esposo al mostrarse desdeñosa con su cargo, Melania participó en un importante acto político ante una audiencia republicana, con un discurso que le había preparado su asistente. Resultó ser un plagio de otro que había pronunciado años atrás la esposa de Obama.

Es más que posible que Donald Trump pidiera a Melania que estuviera lo más cerca posible de él, sobre todo en sus desplazamientos por todo el país y el extranjero. Y aunque en adelante procurara abrir la boca lo mínimo posible en actos oficiales, para no incurrir en el despropósito que hemos relatado, se fue limitando a exhibir su elegancia nata. Puede que a muchos se les antojara que diera la impresión de ser una primera dama florero. Pero exteriormente ese fue el papel que admitió cuando era contemplada en todo el mundo a través de la televisión y las revistas rosas.

En 2006 fue madre de su único hijo, Barron William, más alto ya que ella, quien mide un metro ochenta, y un poco más también que su padre. De vez en cuando el presidente se ha fotografiado con toda su familia, sus anteriores esposas, sus hijos, aunque ya estuviera divorciado de sus dos primeras. La segunda, Marla Maples, con quien se divorció en 1999, falleció dramáticamente en circunstancias un tanto oscuras, al caerse al parecer por unas escaleras de su domicilio, en 2022.

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Melania Trump disfruta del patrimonio de su marido estimado en siete mil millones de dólares, prefiriendo pasar más tiempo en su residencia de Florida, en Mar-a-Lago, que en Washington o Nueva York.

Una vez que Donald Trump finalizó su legislatura en la Casa Blanca, las apariciones públicas de Melania fueron escasas. Su carácter discreto se acentuó todavía más. Pero al enfrentarse posteriormente a Biden y ganar las elecciones, Melania, con la experiencia del primer mandato de su esposo, ha seguido cumpliendo con su papel, sin caer en ningún dislate. Es posible que no comulgue con las decisiones de su pareja, pero como no se prodiga en entrevistas, ignoramos qué piensa de la política emprendida por él respecto a Rusia, Ucrania, Israel, Gaza, Groenlandia, asuntos de política exterior sobre los que jamás se pronuncia. Se limita a acompañarlo, cuando él se lo pide; fuera de esos compromisos y obligaciones, muy poco conocemos de su vida particular.

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