
A sus setenta y seis años y después de una intensa carrera cinematográfica, la muy querida y admirada Meryl Streep se dispone a rodar próximamente una película dirigida por Cameron Crowe basada en la vida de una legendaria cantante, Joni Mitchel, considerada en los Estados Unidos como un icono de diversos géneros, que ella cultivó con brillantez: el folk, country, jazz, pop… Una artista de artistas, puesto que influyó en muchos nombres que son ya historia. Su maltrecha salud le causó muchos problemas. Se arrepintió de haber dado a su hija a un orfanato. Hay en la biografía de esta mujer de ochenta y tres años un drama constante desde que sufrió la polio siendo una niña. Meryl Streep, con su capacidad interpretativa, es una magnífica elección para este "biopic", estando además familiarizada con anteriores películas de ambiente musical.
Dos estrenos pendientes
Pocas, muy pocas actrices a la edad que cuenta Meryl Streep son contratadas con tal asiduidad. Sigue siendo un buen reclamo en las taquillas de los cines de muchos países, garantía de que llegará siempre a todos los públicos. Sin ir más lejos el próximo 30 de abril se estrenará en Estados Unidos (no sabemos cuándo en España) la secuela de El diablo viste de Prada, segunda parte de una muy comercial película sobre el mundo de la moda, en cuyo reparto también figura Anne Hathaway. Y antes, el seis de marzo, llegará a las pantallas de Norteamérica "Hoppers", que es un filme de dibujos animados de la factoría cinematográfica Walt Disney, a uno de cuyos personajes le ha puesto voz Meryl Streep.
Está muy ilusionada con interpretar, como decíamos, a la mítica Joni Mitchell, que en Estados Unidos viene siendo respetada desde hace tiempo, y que aún retirada, hace dos o tres años aún aparecía cantando en alguna gala especial, ya octogenaria. Meryl será Joni, evidentemente en un tramo ya de su avanzada carrera, puesto que para plasmar su juventud una actriz joven se encargará de representarla.
Para Meryl no es un problema meterse en la piel de una cantante. Varias son las cintas musicales en los que ha tomado parte; a saber, sin duda, la más recordada, y su secuela, es Mamma mía!. De las demás, sólo tenemos sus títulos originales: Into the Woods (2014), Ricky ante Flash (2015), donde se la veía portando una guitarra eléctrica e interpretando "covers" (canciones de éxito contrastado), The Prom (2020) y Florence Foster, que era la disparatada historia de una fracasada diva de la ópera. Y en todas ellas, Meryl salió airosa.
Una artista completa
Roberta Joan Anderson es el nombre de Joni Mitchell, que adoptó su apellido artístico de resultas de su primera boda con el cantante de folk Chuck Mitchell en 1965, que resultó un fracaso. Nació en Toronto, Canadá, hace ochenta y dos años. Su vida estaría marcada ya por el dolor, dado que a sus nueve años sufrió un ataque de poliomielitis, que la dejó largo tiempo en silla de ruedas. Etapa en la que pasaba muchas horas encamada, que ella aprovechó para aprender a tocar la guitarra, y escribir letras de futuras canciones. Un caso que nos recuerda la de quien fue nuestra buena amiga, la infortunada murciana Mari Trini.

Parecía que su recuperación era imposible, pero Joni tuvo el apoyo de su amigo Daniel Levitin, músico, autor y sobre todo neurocientífico que recurrió a la música para insuflarle optimismo y ganas de vivir. Una enfermera se encargaba diariamente de proporcionarle el sonido de muchos discos de diversos géneros, desde música de Debussy, por poner un ejemplo, a la de ídolos del R&B como Martin Gaye o cantautores acreditados, caso de Leonard Cohen. Terapia que hizo efecto. "Cuando una persona disfruta de la música, sus niveles de dopamina aumentan, mejorando el bienestar emocional", le decía el mentado Levitin.
Ya recuperada, con el bagaje adquirido de escuchas y composiciones propias, se atrevió a probar suerte en algunos cafetuchos de Toronto. Tenía que dar el salto a los Estados Unidos. Había abandonado sus estudios de Arte porque estaba decidida a ser cantautora todo el resto de su vida, con un entusiasmo vital que sería la fuerza motriz en su carrera.
Antes de abandonar su hogar en 1965 quedó embarazada de un sujeto que nada quiso saber de ella ni del fruto que albergaba en sus entrañas: una niña que se llamó Carol Kelly Dale Anderson, y que con el tiempo iba a convertirse en una "top model", ya con el sobrenombre de Kilauren Gibb. No teniendo dinero ni para comprar pañales dio a la niña en adopción en un orfanato. Tres años más tarde su vida dio un giro importante tras un contrato discográfico que le permitió tener un apartamento y un coche. Pero se acordaría de aquella decisión, que la martirizó durante mucho tiempo hasta que, siendo ya superfamosa Joni, hizo por encontrarla. Lo consiguió. Pero el enfrentamiento entre ambas, fue un rechazo continúo, echándole en cara su hija haber sido abandonada, lo que dio al traste con aquel reencuentro.
La vida artística de Joni Mitchell en su madurez fue pródiga en reconocimientos constantes, considerada una artista de lo más completa, pues componía, interpretaba, hacía los coros para sí misma, inventaba arreglos, se ocupaba de la producción y hasta dibujaba las carpetas de sus discos. Es aquello que en el refranero español se atribuye a un supuesto Juan Palomo, "el de yo me lo guiso, yo me lo como".
Si había aprendido a tocar la guitarra, amplió su maestría tocando también el piano y el ukelele, dominaba los sintetizadores; aunque esas habilidades eran tenidas en cuenta por admiradores y críticos, resaltaban más en ella sus conceptos literarios, poéticos a veces, de sus canciones; textos que partían de sus propias vivencias. Al principio, cuando no estaba segura como intérprete, sus primeras canciones fueron para cantantes consagradas, como Judy Collins.
Actuando en sus comienzos en locales de escasa entidad, la descubrió David Crosby, y la ayudó cuanto pudo. A su casa, tiempo después, iba a menudo éste con sus colegas Stills y Nash, no había aparecido todavía Young. Y Joni Mitchell contribuyó mucho para que los citados formaran una banda con la que exploraron lo mejor de la música folk.
Vinculación a Woodstock
A finales de la década de los 60 y los 70 tanto en California como en Nueva York comenzaron a cobrar importancia – época sobre todo del movimiento hippy- los festivales de música, donde los participantes daban rienda a sus pasiones por el folk, country, pop-rock, blues y otras derivaciones del jazz. Uno de los más importantes, después del primero en San Francisco, sería el de Woodstock, que impactó a Joni Mitchell, al punto de componer una pieza con ese mismo título que se hizo imprescindible en su repertorio. Miles de asistentes se congregaban anualmente en una antigua granja de un tal Max Yasgur, sede de ese legendario festival de Woodstock; dado su éxito, seguirían otros, como Monterrey, Newport, Atlanta… Woodstock hizo historia, entre hippies y gentes de todas las edades, obviamente con más jóvenes, de espíritu anárquico, rebelde, libertario, en una comunidad amplia que anunciaba una cultura nueva, la visión de otra sociedad que rompía con la conservadora. Era la contracultura, se decía. Radicales que gritaban. Cantantes de todo pelaje que iban desgranando sus canciones, con textos que comunicaban aquello que pedían para sus sueños y esperanzas; aquella inmensa multitud, abigarrada, terminaba cada día entre los vapores del alcohol y el consumo de sustancias opiáceas. Aspiraban al pacifismo mundial. "Haz el amor y no la guerra", repetían muchos, retozando entre la hierba, atiborrados de drogas. Joni Mitchell se convirtió en la más veterana entre las cantantes asiduas a Woodstock.
Amores entre colegas
En 1972, ya siendo Joni Mitchell un ídolo para los jóvenes, compuso y grabó su álbum "For the roses", en cuya portada aparecía fotografiada completamente desnuda, aunque lo fuera en una imagen lejana. Por supuesto aquel disco no se comercializó en España, prohibido por la censura, siempre intolerante con todo aquello relacionado con el sexo. La propia cantautora no tenía reparo en que se conocieran sus muchos romances, casi la mayoría relacionados con colegas, como James Taylor, quien se benefició de esa relación en su carrera al ser menos conocido que ella; Graham Nash, el escritor Sam Shepard, el batería John Guerin, componente del grupo de Joni L.A. Express, con quien experimentó temas de rock y jazz unidos, y hasta el mismísimo Warren Beatty, el más seductor de los galanes de Hollywood, que no dejaba escapar de sus brazos a ninguna mujer que llamara su atención sexual. Leonard Cohen también fue su amante una temporada tras coincidir en el festival de Newport.
Si ya había tenido un fracaso con Chuck Mitchell, su primer marido entre 1965 y 1967, tropezó en la misma piedra con unas segundas nupcias con Larry Klein, que duraron a partir de 1982 doce años. Fue su relación sentimental más prolongada. Era bajista e ingeniero. Quien la adiestró en el uso de los sintetizadores. Y con el que sufrió un aborto espontáneo.
Corrió alguna vez la especie, revisando sus letras, que algo misterioso en ella podía revelar una supuesta tendencia lésbica. Conociendo su amplio historial con suficientes varones, no parecía creíble esa posibilidad.
En una de sus mejores composiciones, fechada en 1972, "Woman of heart and mind", cantaba esto, traducido así: "Soy una mujer de corazón y cabeza, / dispongo de tiempo libre, / no tengo niños que criar. / Vienes a mi como un pequeñuelo, / y yo te hago reproches y alabanzas. / Piensas que soy como tu madre, / o como otra amante más, o como tu hermana, / o la reina de tus sueños, / o simplemente una chica estúpida, / cuando el amor me deja en ridículo. / Cuando te sosiegas, tras el ímpetu, / sigues contrariado. / Sólo quieres estímulos – nada más - …"
Renuncias por mala salud
Tanto en su vida profesional como privada, ella mantuvo siempre una bandera indestructible: su libertad por encima de todo. Por ejemplo, le sugerían que no fumara tanto: perjudicaba a su garganta. No hacía caso alguno, pues desde niña se había enviciado con el tabaco. Y su voz, magnífica desde luego, fue acusando de alguna manera un tono cada vez más grave, como resultado del abuso de los cigarrillos.
Su carácter acusaba un complejo de inseguridad. Padecía de una enfermedad, Morgellons, que le producía una constante sensación de hormigueo por todo su cuerpo; atacaba su sistema nervioso. Las noches eran horribles para Joni, entre el insomnio y el miedo a la oscuridad, además de lo antes contado. Conforme iba pasando el tiempo en sus actuaciones, se quejaba de esa mala salud. Pero continuaba en los escenarios, en las décadas siguientes a la de los 80. Su prestigio ganado en temporadas anteriores era incólume. Y eso que su enfermedad parecía ser crónica y pudiera llevarla a la paranoia.
A Joni Mitchell hay que retratarla como la cantautora que ejerció una gran influencia con su música sobre todo en Pink Floyd, Led Zeppelin, Elvis Costello, Prince, cada uno a su modo y manera, quienes revolucionaron el pop rock. Y ella, con su variado estilo, abarcando de manera magistral el folk, el rock, el pop y el jazz, como ya apuntábamos, a quien le encantaba encontrar siempre en sus discos colaboraciones con gente de la talla, por ejemplo, de Charles Mingus.
No es fácil, en resumidas cuentas, sintetizar su biografía. Que fue como la de un espejo en el que se miraban tantos artistas que la idolatraron. John Lennon la calificó como "demasiado erudita" por la profundidad de las letras de sus canciones.
Sufrió un ataque cerebral en 2015, tras un aneurisma. Y eso fue el principio del fin de su lenta decadencia: no podía andar, incapacitada para hablar. Con su voluntad procuró ir mejorando. Hasta reaparecer en 2021 y desde entonces, vivir, aunque fuera de vez en cuando, la satisfacción de volver a los escenarios. Dejaba atrás una incesante producción discográfica. Vendió a lo largo de los años setenta y cinco millones de discos.
Cuando los productores de la película que va a empezar pronto sobre su vida se entrevistaron con ella para obtener su permiso, le produjo una súbita alegría. Mucho más sabiendo que "quien será ella" en la pantalla, va a ser nada menos que Meryl Streep.


