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Los Reyes Magos: de Belén a Alemania

Las reliquias fueron un regalo del emperador Constantino el Grande, el que dio libertad a los cristianos.

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Un mosaico de los Magos en Rávena, vestidos al estilo persa | Archivo

Una de las historias más hermosas que narran los Evangelios es la búsqueda del Mesías por "unos magos", que aparecen tan fugaces como la estrella de Belén, en el texto escrito por el discípulo Mateo. Sus restos, reliquias para los católicos, se veneran en la catedral de Colonia.

Como dice Carlos Pujol, son los primeros "intelectuales" que se mencionan en la vida de Jesús: sabían leer y escribir, interpretaban los signos de los cielos y los sueños, hablaban varios idiomas y hasta eran algo despistados, pues recurren al príncipe del lugar para preguntarle por quien podría derrocarle. Aunque a diferencia de otros miembros de la misma clase de entonces (los sacerdotes, los escribas y los fariseos) y de hoy, fueron tan humildes como para esperar su turno, junto a pastores y campesinos, para adorar a un niño desconocido y resistir los halagos y engaños de los poderosos, si bien esto último con ayuda de un ángel.

Los regalos que ofrecieron al Niño tienen la siguiente interpretación: oro como verdadero rey, incienso como verdadero Dios y mirra como hombre mortal. Y la Iglesia representa por medio de ellos una de las tres Epifanías de Cristo, es decir, de los momentos en que se manifestó como Dios ante los hombres. La hecha por los Magos es la primera y las otras dos corresponden al bautismo por San Juan Bautista y el milagro en las bodas de Caná ante sus discípulos.

Las fuentes canónicas del cristianismo poco más aportan a su conocimiento. Se saben más datos por los Evangelios Apócrifos y por diversas tradiciones. Ya los primeros cristianos representaron a los magos en las catacumbas, aunque vestidos a la manera oriental. Una de las más bellas representaciones es la del mosaico de la iglesia de San Apolinar, en Rávena (siglo VI), en la que aparecen con pantalones, gorro frigio, túnica corta y cinturón, a la moda persa.

Un regalo de Constantino a Milán

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La Adoración y el Sueño de los Reyes Magos (XIII)

Sus nombres, Melchor, Gaspar y Baltasar, se citan ya en el siglo XI. Pero más de medio milenio antes llegaron a Milán.

Según la tradición, las reliquias fueron un regalo del emperador Constantino el Grande, el que dio libertad a los cristianos, al noveno obispo de la ciudad italiana, San Eustorgio. Como el emperador reinó entre 306 y 337, y el obispo falleció un 18 de septiembre de un año anterior al 335, la traslación tuvo que ocurrir en las primeras décadas del siglo IV.

Eustorgio viajó a Constantinopla para recibir del emperador la aprobación a su nombramiento y una rebaja de impuestos para los milaneses. El obispo regresó no sólo con las dos peticiones cumplidas, sino, también, con las reliquias. Donde se paró el carro que transportaba el arca, en las afueras de la ciudad, se construyó la basílica que los albergó.

Durante el conflicto entre el emperador Federico I Barbarroja y el papa Eugenio III (el primero había prometido al segundo combatir a los bizantinos establecidos en Italia, pero luego rompió su palabra), el monarca sitió Milán en 1158. Debido a unas obras de fortificación se hallaron los restos de tres cuerpos unidos por un aro de oro que se identificaron con los Magos. Se trasladaron al interior de la ciudad y se escondieron.

En 1162, se produjo otro sitio, en el que el arzobispo de Colonia y embajador imperial, Reinaldo de Dassel, consiguió entrar en Milán. Según unas versiones, el germano se apoderó de las reliquias y según otras las recibió a cambio de que no masacrase a los milaneses. Fuese como fuese, el 23 de julio de 1164, las reliquias de los Magos entraron en Colonia después de un viaje lento y tortuoso: Turín, Vienne, Besançon, Estrasburgo, Maguncia... El escudo de Colonia tiene tres coronas en recuerdo de los Magos.

Aunque los milaneses perdieron las reliquias, en Milán se festejaba hasta el siglo XVI a los Reyes Magos en la Epifanía con un cortejo y una representación sagrada que recordaba la llegada del regalo de Constantino. Se reanudó en 1972.

El mayor relicario del mundo

Al poco de depositarse en Colonia el arca y ante la avalancha de peregrinos, se encargó a Nicolás de Verdún, uno de los grandes maestros del arte románico, un enorme y precioso relicario para contener los restos. El artesano lo diseñó y comenzó a trabajar en él hacia 1180; aunque falleció en 1205 no pudo terminarlo, lo que ocurrió en 1225. Y en 1248 comenzó la construcción de una nueva catedral, que no concluyó hasta 1880 y que fue durante unos años el edificio más alto del mundo.

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Relicario en la catedral de Colonia.

El Dreikönigsschrein es el mayor relicario de la Cristiandad. Mide aproximadamente 220 centímetros de largo, 110 de ancho y 153 de alto. Lo constituyen tres sarcófagos superpuestos que forman una basílica. Se trata de madera recubierta de oro y plata y decorada con filigranas, esmalte y un millar de piedras preciosas.

La tradición establecía que los emperadores alemanes, después de su coronación en Aquisgrán viajasen a Colonia para arrodillarse ante los Reyes Magos como ellos se arrodillaron ante el Mesías.

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