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La Garduña de España: ¿ficción sectario-liberal o realidad mafioso-eclesiástica? Parte II

Vademécum criminal-literario y sus semejanzas con Rinconete y Cortadillo 

Pedro de Tena
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Grabado de Sevilla | Archivo
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La primera sospecha sobre la autenticidad de las afirmaciones sobre la Garduña de Sevilla se deduce de su parecido con esta obra de Cervantes. Es en los mismos comienzos del libro cuando sus propios autores relacionan las actividades de La Garduña conRinconete y Cortadillo: "Los que han leído las novelas de Cervantes, recordarán el grotesco y religioso tipo de Monipodio, jefe de los caballeros de industria de Sevilla", escriben, y siguen: "En la época de que hablamos, es decir, cincuenta años antes de que existiera Cervantes, había en España una sociedad de ladrones protegida por algunos miembros de policía".

Por ejemplo, recuérdese que en la novela cervantina, que advierte que muchas de las palabras proceden del argot de la germanía, noviciado era el grado ínfimo para un ladrón incipiente, desde el que se ascendía a oficial y a maestro. Cofradía o confraternidad era el nombre de la organización; cofrades se llamabansus miembros; cofrades mayores, los que habían superado el noviciado y ordenanzas sus reglas o disposiciones de orden interno, escritos o no.

Por abundar, recordemos que socorridas se llamaba a las que ayudaban a los presos y heridos, avispones eran quienes "avispaban" las casas robables y los detalles necesarios para asaltarlas. Los palanquines afinaban las acometidas. Los memoriales relacionaban castigos, delitos, tipos de fechorías y demás. Junto al Memorial de las Cuchilladas estaba el memorial de agravios comunes relacionaba las fechorías menores que se podrían hacer. Murcio era una voz para significar ladrón, florear, primer encargo para Rinconete y así sucesivamente.

En la novela de Cervantes, los nombres propios de los personajes tratan deliberadamente de ser ridículos si bien relacionados con algún defecto, virtud, hecho memorable y demás. En Cervantes, Monipodio, Cariharta, Repolido, Gananciosa, Maniferro, Chiquiznaque, Ganchoso, Lobillo y Narigueta son algunos de los sustantivos empleados.

En El secreto de la Inquisición y otras sociedades secretas puede entresacarse un vademécum de orientación delincuente como el que sigue:

- Gran Maestre o Hermano Mayor: Jefe supremo. Vivía en la Corte y tenía buena posición.

- Capataz de provincia: encargado del gran Maestre en una circunscripción por lo que, aunque no se menciona en el texto, su nombre bien podría ser el de Maestres. Podría ser el caso de Monipodio en Sevilla.

- Guapos (o punteadores): diestros en la espada y en dar puntazos y resistentes a la tortura. Llevaban dos años de servicio. Se consideraban maestres y de entre ellos se elegía al Gran Maestre

- Floreadores (o hermanos pustulantes o compañeros): De resonancia cervantina, eran los que se batían en las peleas y llevaban más de un año en la organización. Monipodio manda a sus cofrades a "florear".

- Fuelles (o sopladores): Viejos con cara angelical que soplaban al oído del superior en rango lo que se sabía de familias y haciendas tal vez por haberse colado en ellas.

- Familiares: Los que combinaban servicios a la Garduña y a la Inquisición.

- Corbeteras o encubridoras: Viejas que encubrían a los bandidos.

- Chivatos o cabras: Lo mismo, pero jóvenes de entre diez y quince años que siempre eran novicios.

- Novicios: Al igual que en el texto cervantino, son los que llevaban menos de un año en la Hermandad. Al año pasaban a postulantes y a los dos años, a guapos.

- Sirenas: Nombre recibido por las putas al servicio de La Garduña a la que advertían de posibles objetivos.

- Garabatos: Jóvenes pobres sin educación, dedicados a la ratería y, por tanto, reclutables.

- Ganchos: Ladrones corrientes (Cervantes llamó Ganchoso a uno de los de Monipodio).

Otros nombres curiosos eran:

- Corchetes: Alguaciles

- Ansias: Usado también por Cervantes, son las angustias que sufre el ahorcado.

- Emplumadas: Prostitutas y corruptoras de menores a las que se aplicaba miel en el cuerpo, se las desnudaba y se las paseaba en asno tras haberle pegado en la piel plumas de ave.

- Orden del día: Relación de delitos programados cotidianamente.

En cuanto a los nombres, resulta curiosa la circunstancia de que Cervantes llame a uno de sus personajes Maniferro y que en la obra que debatimos se conozca por Cuerpo de Hierro a otro. Otros nombres que aparecen se asemejan estructuralmente a los expuestos por Cervantes como Manofina, Garabato, Culebrina, El Cuco, etc.

Más claro parece el caso del propio Monipodio al que Cervantes describe así:

"Venía en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque: tanto era el vello que tenía en el pecho. Traía cubierta una capa de bayeta casi hasta los pies, en los cuales traía unos zapatos enchancletados, cubríanle las piernas unos zaragüelles de lienzo, anchos y largos hasta los tobillos; el sombrero era de los de la hampa, campanudo de copa y tendido de falda; atravesábale un tahalí por espalda y pechos a do colgaba una espada ancha y corta, a modo de las del perrillo; las manos eran cortas, pelosas, y los dedos gordos, y las uñas hembras y remachadas; las piernas no se le parecían, pero los pies eran descomunales de anchos y juanetudos".

Cuendias y Fereal describen de este modo a su equivalente señor Mandamiento:

Vestía una camisa de gruesa tela, una especie de túnica con que se envolvía como si llevase una capa, y unos zaragüelles cubrían hasta las rodillas su cuerpo. Sus nerviosas y desnudas piernas se hallaban revestidas de un vello muy espeso, y sus rugosos y anchos pies, que eran indicio de su baja estruccion y de su gran fuerza física, se hallaban calzados con unas alpargatas ó sandalias atadas alrededor de sus canillas con multitud de cintas. A este hombre se le conocía bajo el nombre de Señor Mandamiento.

Otra curiosa semejanza entre ambas obras es que todos los miembros de la Cofradía, al recibir su salario, tenían la costumbre de echar algunos maravedises en un cepillo que se veía bajo una imagen de la Virgen. Repárese que en Rinconete y Cortadillo, Miguel de Cervantes apuntó lo mismo:

En la pared frontera estaba pegada a la pared una imagen de nuestra Señora, desatas de mala estampa, y más abajo pendía una esportilla de palma, y encajada en la pared una almofía blanca, por do coligió Rincón que la esportilla servía de cepo para limosna, y la almofía de tener agua bendita; y así era la verdad.

Aunque en la novela cervantina se apunta a unas ordenanzas, que debían incluir explícitamente el no abrir la boca para delatar ni contar nada ("tantas letras tiene el sí como el no"), la obediencia estricta a las instrucciones de Monipodio y otros preceptos como no robar a quien te ayuda, en el libro de Cuendias y Fereal se refiere que en el caso de La Garduña, hubo unos "Estatutos" promulgados en 1420 en Toledo que seguían en vigor.

Estos estatutos tenían 9 artículos y eran copia textual de los hallados por Cuendía en el registro de la casa del gran maestre Francisco Cortina en 1821. En el primero se dice que "puede ser miembro de la Garduña cualquier hombre honrado que tenga buen ojo, buen oído, buenas piernas, y que carezca de lengua". En el resto de ellos, se concretaban grados, funciones y partes del botín asignadas a cada categoría.

Si bien para los liberales exaltados del siglo XIX las relaciones de una supuesta Garduña con los delitos más salvajes y con la Inquisición eran esenciales para la propaganda política, el texto de Manuel Cuendias y M. de Fereal aportan una serie de concordancias que diríase fueran ampliaciones y enriquecimientos de las que están ya contenidas sugerentemente en los dimes y diretes de Cortadillo el Bueno, Rinconete, Monipodio y sus "industriosos".

Estas sospechosas relaciones ya parecen poner en cuestión la existencia real de La Garduña y dan pie a la consideración de que tal supuesta cofradía criminal pudiera no ser sino un invento novelesco de los autores deMisterios de la Inquisición y otras sociedades secretas.

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