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Pedro Fernández Barbadillo

La Legión, una unidad militar europea

El primer jefe de la unidad fue el teniente coronel Millán Astray que eligió como segundo al comandante Francisco Franco. El ‘esprit de corps’ del Credo Legionario está elaborado a partir del Bushido japonés.

Pedro Fernández Barbadillo
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El primer jefe de la unidad fue el teniente coronel Millán Astray que eligió como segundo al comandante Francisco Franco. El ‘esprit de corps’ del Credo Legionario está elaborado a partir del Bushido japonés.
EFE

La penosa España de finales del XIX vivía de espaldas al resto de Europa, a las corrientes intelectuales y hasta a los avances científicos. El casticismo era el ambiente predominante. Mientras en Francia la educación pública y obligatoria funcionaba, en España, que generó el dicho de “pasas más hambre que un maestro de escuela”, era ridícula. El país conservó Cuba gracias al veto de Londres y París a la anexión por Estados Unidos más que a sus propias fuerzas. Baste decir que el Ministerio de Marina rechazó el submarino de Isaac Peral.

En el campo militar, las potencias europeas habían descubierto en sus guerras coloniales la conveniencia de contar con tropas especializadas, dispuestas a ser enviadas a cualquier teatro de operaciones.

El modelo era la Legión Extranjera francesa, fundada en 1831 por el rey Luis Felipe, donde recogió a los regimientos de extranjeros que antes formaban parte de la guardia real (suizos y alemanes). Esta unidad participó en guerras en Argelia, España (en el bando liberal frente al carlista), Crimea, Italia, México, Indochina, Madagascar, Dahomey… El vínculo entre hombres de distintas naciones y culturas consistía en un poderoso espíritu de cuerpo y un sentimiento guerrero que no se encontraban en los regimientos nutridos con la recluta obligatoria.

Noventa años para copiar a Francia

Los Gobiernos y el generalato de la Restauración seguían empleando en las guerras de Cuba, Filipinas y Marruecos soldados sacados de sus pueblos, mal entrenados y poco motivados. De la misma manera, la mayoría de los oficiales tampoco tenía la profesionalidad de sus iguales europeos.

El comandante José Millán Astray, un apasionado y valiente militar que a los 17 años libró sus primeros combates en Filipinas, propuso la formación de una unidad mercenaria al estilo de la Legión francesa. El proyecto tardó en ser aceptado por generales y políticos, aunque el norte de Marruecos se había convertido en una sangría para España y, además, una causa de agitación social, debido a los miles reclutas que se enviaban allí.

La Gran Guerra demostró el éxito de las unidades especializadas, como los arditi italianos y los sturmtruppen alemanes. Y por fin el 28 de febrero de 1920 el rey Alfonso XIII firmó el real decreto de fundación del Tercio de extranjeros, publicado en la Gaceta de Madrid al día siguiente. En la exposición de motivos quedaba clara su finalidad:

“La conveniencia de utilizar todos los elementos que puedan contribuir a disminuir los contingentes de reclutamiento en nuestra zona de protectorado de Marruecos”. Se añadía que se hacía como “ensayo”.

La defensa de Melilla

El primer jefe de la unidad fue el teniente coronel Millán Astray, que escogió como su segundo a un militar ya conocido en el Ejército por su valentía y su frialdad: el comandante Francisco Franco, otro gallego. Ambos oficiales pusieron en pie la unidad, desde la búsqueda de un cuartel (el primero fue el de Dar Riffien) hasta la forja de ese ‘esprit de corps’ que se plasmó en el Credo Legionario, elaborado por Millán Astray a partir del Bushido japonés.

A finales de septiembre se alistaron los primeros reclutas. Había extranjeros, pero sobre todo españoles; doscientos de estos eran catalanes. Después de seis meses de duro entrenamiento y sometidos a un severo código de disciplina, el millar de legionarios entró en combate.

Su primera gran prueba fue la defensa de Melilla, en julio de 1921, después del Desastre de Annual. Dos banderas (batallones), una de ellas mandada por Franco, se trasladaron a toda prisa desde la zona occidental, a pie hasta Ceuta y allí, en barco, a Melilla.

La Legión participó en el desembarco de Alhucemas (1925), con el que se acabó con la guerra del Rif.

Millán Astray, que desempeñó el mando de la unidad en dos períodos, lo dejó definitivamente en 1927 debido a sus heridas. Franco dirigió la Legión entre 1923 y 1926, cuando se le ascendió a general de brigada, con sólo 33 años, y marchó destinado a La Coruña. El segundo jefe fue el teniente coronel Rafael de Valenzuela, muerto en acción en 1923.

Tropa de choque en España

A diferencia de la Guardia Civil, que el 18 de julio de 1936 se dividió por la mitad, y los Carabineros y la Guardia de Asalto, que en su mayoría se mantuvieron leales al Gobierno, la Legión se unió de manera casi unánime al alzamiento.

A su comandante, el coronel Luis Molina Galano, que había participado en la represión de la sublevación de izquierdas de Asturias, se le destituyó unos pocos días después, pero no por haberse opuesto al alzamiento, sino por tibieza o falta de entusiasmo. Le sustituyó el teniente coronel Juan Yagüe Blanco.

Algunos creyentes en la ‘memoria histórica’, como el socialista Eligio Hernández, sostienen que Molina Galano fue fusilado en una de las represalias aprobadas por Franco. La verdad es, como suele ser habitual, la opuesta. Según cuenta el historiador Miguel Platón, se le jubiló anticipadamente en 1936 y se le concedió una generosísima pensión. Falleció años más tarde. A quien los sublevados sí fusilaron fue al alto comisario de Marruecos, Arturo Álvarez-Buylla, en marzo de 1937.

En la guerra civil, la Legión adquirió su máxima expansión, con 18 banderas (batallones). Un capitán legionario tomó posesión de las sedes de la Generalidad y el Ayuntamiento de Barcelona el 26 de enero de 1939.

Numerosos oficiales y soldados se unieron a la División Azul. En esta otra unidad, quizás el legionario más conocido fue el capitán Juan José Orozco, que ascendió desde soldado a general y ganó la Medalla Militar Individual, la Cruz Laureada y la Cruz de Hierro.

En 1943 recibieron nombre los tres Tercios que entonces formaban la Legión: Gran Capitán, acuartelado en Tahuima (cerca de Melilla), Duque de Alba (en Dar Riffiien) y Juan de Austria (en Larache). En 1950, se fundó un cuarto Tercio, Alejandro Farnesio, destinado a Alhucemas.

Millán Astray falleció el 1 de enero de 1954, a los 74 años de edad. Su viejo compañero, Francisco Franco, le ascendió a general de división de manera honorífica.

Legionarios sin África

Poco después de que Francia y España se retiraran de Marruecos (1956), el régimen alauita lanzó una ofensiva armada sobre territorios limítrofes que quería anexionarse. La Legión defendió Ifni, un enclave en la costa marroquí, donde obtuvo su bautismo de juego la Brigada Paracaidista. Su acción más destacada se produjo en el combate de Edchera, donde dos legionarios recibieron sendas Laureadas. También participó en la reconquista del interior del Sáhara.

La unidad estuvo desplegada para intervenir durante la ‘Marcha Verde’ marroquí (1975), que buscaba impedir el referéndum de autodeterminación de los saharauis y ocupar el Sáhara. Sin embargo, el presidente del Gobierno español, Carlos Arias Navarro, en vez de defender la entonces provincia española, prefirió pactar con Hassán II la retirada española y entregársela a Marruecos y Mauritania.

A partir de entonces, y sobre todo desde la victoria electoral del PSOE de Felipe González en 1982, se empezó a discutir la disolución de la Legión, porque, sostenían algunos políticos y mandos militares, carecía de sentido una vez que España había salido del continente africano (salvo las ciudades de Ceuta y Melilla).

La Fuerza de Acción Rápida

El ingreso de España en la OTAN (en 1982 y ratificado en referéndum en 1986) salvó a la Legión. El cuartel general de Bruselas exigió al Gobierno español que implicase a sus Fuerzas Armadas en misiones internacionales y por eso el Ministerio de Defensa se fijó en la unidad fundada por Millán Astray. En 1988, se aprobó la constitución de Fuerza de Acción Rápida, en la que se incluyeron la Legión y la Brigada Paracaidista.

En estas misiones de paz, la Legión también ha tenido caídos: en mayo de 1993 murió el teniente Arturo Muñoz Castellanos, herido en Mostar (Bosnia-Herzegovina).

En 1995, se fundó la Brigada de la Legión (BRILEG), que al año siguiente recibió el nombre de Alfonso XIII.

Y en 2002 la Legión participó en el despliegue para la recuperación del islote de Perejil, ocupado por tropas marroquíes, en violación de tratados entre España y Marruecos.

La eficacia militar legionaria queda avalada por su gran popularidad, que se comprueba en las ceremonias de Semana Santa y en los cada vez más escasos desfiles.

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