La polémica del podcast. ¿Eran liberales los que masacraban católicos en la Vendée, México o la España del 36?
Bienvenida sea la polémica solvente. Analfabetos y sectarios, abstenerse.
El primer empeño de los totalitarismos, a menudo con éxito, es apropiarse el significado de las palabras, para usarlas como armas de identificación política, y combatirlas o desnaturalizarlas, a conveniencia. Es el caso del término "progresista" aplicado a los jueces en España, y que usan hasta los medios contrarios a la izquierda, en lugar de "izquierdistas", lo que son.
Un viejo dicho oriental es que el que nombra las cosas, las posee, o intenta tomar posesión de ellas. En España lo vemos con los nombres en catalán de ciudades catalanas cuando se está usando el español y teniendo en español término propio: Lérida y Lleida. Cuando el que habla español lo pronuncia, generalmente mal, en catalán, acepta una soberanía de ese lugar sólo catalana, no también española. El impulso es político y no lingüístico, como prueba la indignación de los separatistas si se usa el nombre español de esas ciudades, aunque sea hablando español. Ejemplo grotesco es El Periódico de Catalunya, todo en español, salvo la región que le da nombre.
La izquierda, desde la Revolución Francesa, y más sistemáticamente, en la URSS, rebautizó todas sus ciudades, borrando las referencias sagradas o monárquicas. La Alemania Comunista se llamó Democrática, y fusilaba democráticamente por la espalda a los que pretendían huir de ese pueblo. La izquierda siempre quiso apropiarse de los términos "democrático" y "popular", aunque este último lo reclamaron los democristianos. Y no hay término más disputado que el de "liberal", sobre todo por sus enemigos. El bilbaíno Indalecio Prieto se decía "socialista a fuer de liberal", y fue el que organizó el Golpe de 1934, por el que pidió perdón a los españoles al morir.
La facción "alegre y faldicorta" de Vox
Al parecer, a un sector de Vox se ha apresurado a atacar mi podcast sobre la Vendée, porque, dicen, fueron liberales los que masacraron a los vendeanos, y siendo yo liberal, cómo me atrevo a entrar en su santuario. La prisa de esa parte de Vox puede deberse a que el grupo Libertad Digital no es una versión más solvente del oficial de Julio Ariza. Deben perdonarnos, no somos tan ecuménicos para simultanear el lavado de imagen de Mario Conde o la del rescate del Plus Ultra, con el culto a la infalibilidad de Santi, muy por encima de la del Papa. Tal vez, tras la purga de liberales, queden pocos en Vox que sepan el significado de liberal. Pero las figuras más visibles de la España "alegre y faldicorta" de José Antonio no deberían presentarse como administradoras únicas del piadoso legado de la Vendée.
Me consta que otros seguidores de Vox rechazan esa interpretación, entre analfabeta y sectaria, del genocidio vendeano. Y que, como contra el Terror Rojo en Rusia, México o la España de 1936, toda ayuda frente al ataque a la tradición católica española, es bueno. Cabe la posibilidad de que gente de Vox haya leído por primera vez en Memoria del Comunismo la referencia a la Vendée. En la presentación de esa obra estaba en primera fila Abascal. El "viral" debate con Pablo Iglesias, al que reprocho esa masacre, fue una encerrona en Intereconomía y está en You Tube, como tantas cosas.
Pero hace de aquello una década, y han pasado cosas que me han llevado a estudiar más a fondo la Vendée, no como una masacre política, sino religiosa, y como el molde de todos los genocidios que desde entonces se han perpetrado contra los católicos en el mundo. Y personalmente, algo que me ha llevado a adentrarme en el martirio de los católicos en defensa de su fe ha sido el asalto a la tumba de Franco y al Valle de los Caídos. Lo he ido escribiendo y argumentando en todos los medios a mi alcance, por ejemplo, cuando Ciudadanos "pasó" frívolamente de la profanación de la tumba del dictador, del robo del cadáver a la familia y del asalto al Valle. Todos esos episodios pueden leerse en estos artículos dominicales en LD.
La cuestión de fondo en el podcast
El elemento nuevo a discutir que planteo en este podcast es de orden antropológico, en parte religioso y en parte antirreligioso, que los católicos verán como una manifestación definitiva de la lucha entre las dos ciudades de San Agustín y que para mí es el intento de un poder político nuevo, que nace de la Revolución Francesa, nítidamente totalitario, que trata de sumar los dos poderes del antiguo régimen, la Iglesia y la Corona, para dejarlos en uno solo, a la vez sagrado y mundano, en contra de cualquier mediación y, esencialmente, de la teoría cristiana de separar a Dios del César, poniendo la revelación religiosa, anterior y superior al hombre, siempre por encima del poder político y terrenal. En la práctica, pone entre paréntesis cualquier legitimidad del poder, porque, antes y por encima del acá, está el Más Allá.
Se dirá que, en Francia, el Más Allá es Roma, pero los bolcheviques prueban, en la teoría y la práctica, que Robespierre funda un modelo en el que el Estado es Dios; el Gobierno y el Partido, su profeta; y sus leyes deben ser obedecidas como emanación directa de la Virtud, que es el Poder. Si los reyes se proclamaban "por la gracia de Dios", los dictadores del tipo que nace en Francia lo son por la fuerza, que les confiere legitimidad total. Napoleón decía que él era la Revolución; en muchos sentidos, era verdad. Marx, Engels, Bakunin, Lenin, Stalin, Mao, y sus seguidores se inspiran en una legitimidad, fruto de la violencia: "El poder está en la punta del fusil". Pero, más allá de cualquier caso, la religión del totalitarismo nace en 1789. Animo al curioso a ver el podcast y a un debate que me parece interesante.
¿Qué es el liberalismo, el de ayer y el de hoy?
Los antiliberales más torvos de hoy establecen una relación directa entre la Razón y la Ilustración y las masacres de la Revolución Francesa. Los bustos de Voltaire y Rousseau al lado de la actriz disfrazada de Diosa Razón que pisa un crucifijo en Nôtre Dame parece demostrarlo. Pero no es así cuando miramos la Revolución Americana, con la religión respaldando su Constitución ni la Revolución Española, así llamada por los que tras ganar la Guerra de la Independencia votaron la Constitución de 1812, que proclama la soberanía nacional sobre cualquier poder, incluida la Corona. Pero la religión católica está tan presente que sus primeras palabras son "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Y eso se escribe veinte años después de la guerra de la Vendée, cuyos curas refractarios se refugiaron en España, que hizo la guerra a la Convención regicida. Pero es Tocqueville, no Robespierre el que en España representa la Francia liberal.
¿Qué hay de anticatólico en la Constitución de Cádiz? Después, hubo un sector el exaltado, el del golpe de Riego y el Trienio Constitucional, un caos, que dio paso a la Ominosa Década absolutista y luego a una guerra dinástica, la carlista, no religiosa, aunque se presente así. Había, sí, en el liberalismo español un factor anticlerical y hasta anticristiano, como en tantos países, pero, aunque destruyó con las nefastas desamortizaciones buena parte del patrimonio de la Iglesia nunca fue mayoritario ni persiguió a muerte a los católicos, al menos hasta la Segunda República. Y en ella, por cierto, los liberales brillaron por su ausencia. No así los masones, tan decisivos en la Constitución de 1931, hostil al catolicismo, pero también divididos en 1936, con generales en ambos bandos. Franco era anti-masón, como católico y, sobre todo, por la división que creó en el Ejército y que sufrió en la Legión y en la Academia Militar de Zaragoza. Pero no era un santo. Creo que, con canonizar a Isabel la Católica, es más que suficiente.
¿Cuál es, a mi entender la naturaleza del liberalismo y sus raíces en España? En Memoria del Comunismo lo explico a partir de la Escuela de Salamanca, y su culminación en la obra del Padre Mariana. A esa idea del gobierno limitado o de los sagrados límites al Poder según el Evangelio, los antiliberales torvos a que me refería oponen que aquellos frailes creían en una sociedad de orden teológico por encima del humano. No es cierto. Dios y el César debían estar, para ellos, claramente diferenciados, y lo difícil era conseguir que el Príncipe cristiano respetara la sagrada dignidad de sus súbditos. No ciudadanos, se dirá. Tampoco Cervantes se consideró nunca ciudadano, sino súbdito del rey de España y soldado de la cristiandad. En su época no había Constitución, pero eso no significa que no defendiera la libertad, empezando por la de su fe. ¿Y no es Cervantes fuente inagotable de reflexiones sobre la libertad y la dignidad del hombre? Sin duda, una de las más hondas en nuestra cultura. Como tantas obras y vidas anteriores a la edad histórica del liberalismo, el siglo XIX, que no fue bueno para España. ¿Pero es absolutamente malo el siglo de Cánovas, de Galdós y de Clarín?
Las ideas de la libertad, ancladas en Grecia, Roma y el Evangelio, han evolucionado con los tiempos, como sus enemigos. Yo sostengo que el valor del pensamiento español de final del XV a mediados del XVII es extraordinario y que viene de lejos, de lo que Jovellanos llamaba "la Constitución Histórica de España", el conjunto de leyes que, a lo largo de los siglos, se dieron nuestros antepasados, en la tierra en que nacimos, en la lengua que hablamos, con la idea del bien y del mal que hemos heredado. No se funda en un libro, español ni extranjero, aunque los haya buenísimos. El liberalismo debe adaptarse siempre a sus enemigos, porque igual que la raíz de la corrupción y el abuso de poder está en la naturaleza humana, la lucha por la libertad está también en su naturaleza moral. En esa lucha, hay aliados episódicos y permanentes, y en la época actual, el liberalismo sin adjetivos, ni libertario ni anarcocapitalista, el que frente al Poder defiende, como siempre, la vida, la propiedad y la libertad, tiene en los católicos ya vacunados de progresismo unos socios a muy largo plazo, no sé si eterno.
Próximas entregas del podcast
En las dos entregas siguientes del podcast, ya grabadas, profundizo en esa poco conocida y heroica guerra santa de los católicos en defensa de su libertad y la nuestra. Con el padre Javier Olivera Ravassi dialogamos sobre la Cristiada, en la que es uno de los grandes expertos, y con la hermana Marie de la Sagesse Sequeiros abordamos una de las muchas caras de la Vendée, la de las memorialistas, sus generales angélicos y, como gran experta en Santa Juana de Arco, sobre la que ha escrito una biografía y un ensayo en clave cristera, despejamos un error absoluto pero muy extendido: que fue la propia Iglesia católica la que quemó a la Doncella de Orleans. En fin, en el podcast trataremos en profundidad el Terror Rojo y la destrucción del gran patrimonio artístico católico, que llega hasta el Valle de los Caídos. También de asuntos culturales menos trágicos, de dentro y fuera de España. Bienvenida sea la polémica solvente. Analfabetos y sectarios, abstenerse.
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