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Pedro de Tena

'Yo, Pauline Viardot', la vida de la gran mezzosoprano de Los García

Se presenta en Tomares el libro escrito por Carmen Rodríguez

Pedro de Tena
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Pedro de Tena - 'Yo, Pauline Viardot',  la vida de la gran mezzosoprano de Los García
Pauline Viardot. | Wikipedia

Que la localidad sevillana de Tomares, situada en el borde de la cornisa del Aljarafe, se ha ido convirtiendo en un punto de referencia para la cultura a nivel nacional, es algo conocido, más que nada por la existencia de una Feria de Libro de una elevada calidad. De hecho, por ella pasan importantes escritores y se presentan creaciones de gran éxito.

A lo largo de muchos años ya, en esta otra feria de abril, Fernando Sánchez Dragó, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena, Jorge Molist, Javier Reverte, Blue Jeans, Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett, Reyes Calderón, Juan Marsé, Luz Gavás, Federico Mochia y otros muchos han hecho posible su ascenso a la primera división cultural de España.

En la pasada edición, han sido Rafael de León, el gran y no tan conocido poeta andaluz de la generación del 27, y Fernando de Magallanes los ejes de la programación como lo fueron Murillo y El Principito en 2018. Por sus sesiones, han desfilado desde Eduardo Mendoza hasta Ayanta Barili, pasando por Juan Eslava Galán, reciente premio Romero Murube, Juan José Millás o el propio José María Aznar.

Pero Tomares, además, destaca en la producción cultural. De hecho, fue aquí donde se gestó la "resurrección" de Manuel Chaves Nogales, gracias a la catedrática y especialista en el periodista sevillano, Maribel Cintas. La doctora en Filología, vecina de Tomares, presentó en la Biblioteca Municipal su primera novela, Tres vuelos sobre el río de los pájaros, el pasado mes de marzo.

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Ahora, otra escritora, esta vez una nacida en el mismo Tomares, Carmen Rodríguez presenta en un restaurante local su libro Yo, Pauline Viardot, una autobiografía novelada de la gran mezzosoprano que, por su nombre puede parecer francesa, pero que en realidad se llamaba Pauline García, nació en París en 1821 y era hija del famosísimo músico, profesor de canto y cantante en su tiempo Manuel García, nacido en Sevilla, y de la soprano madrileña Joaquina Sitches Briones.

Pauline Viardot, apellido que adoptó de su marido, el hispanista Louis Viardot, fue una de las divas más importantes de la ópera, sobre todo después de la que puede considerarse la María Callas del siglo XIX, su hermana María La Malibrán, cuyo apellido original era María García Sitches. Toda la familia García fue un prodigio de talento musical, aunque lamentablemente apenas es conocida en España y en Andalucía.

Tras una primera biografía de Manuel García realizada oportuna y meritoriamente por James Radomsky, profesor del Departamento de Música de la Universidad californiana de San Bernardino, el más reciente estudio sobre Manuel García y su familia, ha sido realizado por Andrés Moreno Mengíbar, estudio del que dimos cuenta en estas páginas después de haber aportado una visión general de la familia García.

Pero quizás la idea de Carmen Rodríguez de escribir en primera persona la historia de Pauline Viardot, ha sido la más apropiada para que el gran público español y europeo conozca a quien fue una de las principales estrellas de la ópera en la segunda mitad del siglo XIX y, de paso, para exhibir la estatura musical de una familia española, originaria de Andalucía, que se transformé en una impresionante familia cosmopolita presente en todos los círculos artísticos y literarios de la Europa agitada de su tiempo , con presencia además en Norteamérica y México.

Ya en el comienzo del libro, Carmen Rodríguez elija una cita del libro Mujeres españolas, de Salvador de Madariaga, admirador de la Viardot, para desmentir que fuera fea. Dice el escritor:

Es ya lugar común que Paulina Viardot no era hermosa, y aun que era fea. No hay tal. Era el caso de su hermana María Felicia (La Malibrán) en más. Mujeres españolas cuya belleza, dinámica más que estática, vive en los rasgos móviles y movidos por la idea o la emoción, pero no se está quieta en la jaula perfecta de su perfección y proporciones.

Contada en primera persona y la final de la vida, la impresionante historia de Pauline Viardot ilumina desde el principio: "Al fin y al cabo, no encuentro mejor manera de ocupar mi tiempo que evocar mi pasado trayendo a mi memoria el recuerdo de Iván (Turguénev), George Sand, Fréderic Chopin, Franz Liszt, Clara Schumann, y tantos otros con los que, hace mucho, comencé a interpretar una compleja sinfonía cuya ejecución se acaba", dice justificando sus sucesivas entrevistas periodísticas en las que iba desgranando su biografía.

Un poso de amargura deja enseguida al reconocer que, si todos esos nombres impresionan a los interlocutores de sus confidencias:

... mi nombre ni les suena y si, por un momento, caigo en la tentación de hablarles de mis éxitos, enseguida se relajan y pierden interés, mirándome con paternal condescendencia como si al escucharme le estuvieran haciendo un favor a esa vieja algo chocha.

Carmen Rodríguez ha bebido en una copiosa documentación que se advierte desde las primeras páginas, aderezando y enriqueciendo las circunstancias de la vida de la cantante. Una de las curiosas anécdotas refiere el descubrimiento que del aluminio se hizo en la Exposición Universal de París de 1855 en tiempos de Napoleón III y Eugenia de Montijo.

De hecho, comienza el relato propiamente dicho en un barco con destino a Nueva York donde la familia García quería dar a conocer las óperas del "dios" Mozart y las de Rossini, que era como parte de la familia. De hecho, el personaje de Almaviva, de El Barbero de Sevilla, fue escrito para Manuel García y su fantástica guitarra. Pauline tenía 4 años y desde antes incluso fue sumergida en las aguas del canto y de la música más exquisita.

Sus relaciones con un padre exigente

Sus relaciones con un padre exigente, no tanto con ella como con su hermana La Malibrán, es descrita sin ocultar los detalles de ternura que combinaba con disciplina rigurosa y algunas bofetadas. Derivadas de un carácter apasionado y riguroso. No en vano su manera de cantar dio origen a la escuela de canto más importante quizá de toda Europa, donde el método García fue estelar.

Tan severo y minucioso era su padre que cuenta su hija en la novela cómo en una representación de Don Giovanni en la que todo había salido mal desde el principio, "agarró su espada y, tirándola con fuerza sobre el escenario, ordenó parar, obligándolos a todos a comenzar de nuevo. Esa vez el público sí tuvo la oportunidad de contemplar a don Giovanni en acción, burlando a doña Anna, a cuyo padre, el comendador, mataba, huyendo de la justicia, protagonizando burlas y enredos sin fin, hasta ver su osadía castigada con las llamas del infierno".

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En la narración aparecen personajes desconocidos para la inmensa mayoría como el excelente profesor, Marcos Vega, organista de la catedral de México, "hombre seco y enjuto, de mirada pálida y nariz afilada, con el que no tardé en hacer grandes progresos, hasta el punto de merecer una de mis audiciones, para orgullo de papá, la reseña favorable de un periódico local". A los 15 años su preferencia por el piano dejó paso a su dedicación casi exclusiva al canto.

Acontecimientos y personajes de un interés extraordinario pasan como bandadas de pájaros por las páginas de la novela que va dando a conocer a una de las componentes de la más importante familia musical española de todos los tiempos, a mi entender, por el numero de sus primeras figuras y por la amplitud de sus horizontes, desde la interpretación a la enseñanza pasando por la composición o el estudio científico de la laringe y de la voz.

"Manojo de huesos elegante"

Una de las impresiones más persistentes del relato es que Pauline vivió en un ambiente social y moral en el que la mujer, a pesar de las trabas de la época, gozaba de unas importantes posibilidades de promoción y de formación personal. Probablemente entreveradas con algunas limitaciones, el ejemplo del liberalismo vital de la Viardot, de su madre, de su hermana y de otras mujeres de la época hizo y hace más por la igualdad de derechos y las libertades de todos que muchos discursos de feministas radicales. Hasta ruso aprendió, y nada menos que de la mano de su amigo, intenso amigo y enamorado tal vez, Iván Turguénev, ese "manojo de huesos elegante". Y, por si fuera poco, cantó en ruso.

Gracias a las sucesivas apariciones de personajes célebres, tratados con el rigor del testimonio veraz de muchas cartas, la historia cultural de la Europa del grueso central del siglo XIX pasa por delante de los ojos en una extraordinaria gimnasia intelectual que acaba apasionando al lector. Desde Alfredo de Musset, golfo pero amigo, a Berlioz pasando por Rossini, Brahms y Pushkin, desde escenarios como el Covent Garden, la ópera de Viena o París, los teatros de Nueva York y México, todo da una idea de la extraordinaria vida de los García y, en especial, de la Viardot.

El tratamiento que el libro da a las relaciones, casi siempre interpretadas como meramente extramatrimoniales, entre Pauline e Iván Turguénev, permite comprender que el amor es mucho más amplio y hermoso de lo que algunos estrechos o sectarios pueden comprender. Que el escritor ruso se retratara a sí mismo como Iván Turguénev de Pauline da una idea de un amor muy intenso, incluso familiar (el tío Iván, el preferido de las hijas pequeñas de Pauline), que duró toda la vida y que transita por buena parte de la narración.

Yo, Pauline Viardot, está escrita además de una forma muy sencilla y familiar, contada de forma sucesiva sin grandes saltos lo que permite hilar continuadamente la narración. Carmen Rodríguez ha hecho un gran trabajo literario y va a permitir que los García y su estirpe pasen de ser unos desconocidos para los ciudadanos españoles y europeos a ser cada vez más apreciados y valorados por lo que realmente fueron: la más importante familia musical europea de su tiempo.

En fin, estamos ante uno de los libros que merecen ser leídos. Mucho más si se es español y se quiere apreciar en lo que es justo la aportación de esta familia española a la música y al canto. Y de paso, nos recuerda la necesidad de la formación, el rigor, la disciplina y la autoexigencia para ser capaces de dar a luz alguna novedad fecunda.

La novela está publicada, abril 2019, por Extravertida Editorial, Colección Naginata.

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