
Año 1494. La nueva ruta hacia las Indias ha expandido como nunca antes los dominios de la corona española. Isabel la Católica encara los últimos años de su vida con dos propósitos muy marcados, uno que le atañe como cabeza de un enorme imperio y, otro, como madre, temblando por las consecuencias que la alianza matrimonial entre las casas de Habsburgo y Trastámara pudiera tener.

El escritor Luis Zueco (Borja, Zaragoza, 1979) publica El mapa de un mundo nuevo (Ediciones B), segunda parte de su bilogía sobre Isabel la Católica que arrancó con El tablero de la reina (con más de 300.000 lectores). La novela pone en valor los mapas, el bien más preciado de una corona, en un tiempo en el que se podía leer "Hic sunt dracones" ("Aquí hay dragones") para señalar zonas desconocidas o peligrosas. Había un mundo aún por descubrir.
El lector se colará en las reuniones privadas entre Colón e Isabel, conocerá a los marineros que regresan del nuevo mundo y descubrirá "el progreso" desde la Florencia del Renacimiento hasta Barcelona, Valencia y Sevilla, todo insertado en una trama de venganza y ambición.
P. Solemos hablar del mapa del tesoro pero, en esa época, el mapa ¿era el propio tesoro?
R. Desde la antigüedad se había trabajado con los mismos mapas, los de Tolomeo. El Mediterráneo y Europa más o menos se conocía, pero a partir de ahí, todo eran dudas. Apenas se sabía nada de Asia. Hasta que, de repente, Portugal circunvala África y España llega a América. Los mapas se hacen inmensos, hay que cambiarlos todos. Nunca habían sido tan importantes como en esa época.
P. ¿Los cartógrafos ansiaban el regreso de los barcos?
R. Sí. Incluso se hacen grandes redes de espías. En el siglo XVI, el espionaje es muy intenso y se gasta mucho dinero. Se compra y se vende información. Había espías hasta en las tabernas para escuchar qué contaban los marineros. Era fascinante.
P. ¿Era material clasificado?
R. Portugal tenía los mapas en su casa de Indias y era secreto. Si el enemigo tomaba un barco, lo primero que hacía el capitán era destruir los mapas. No podían caer en manos del enemigo. No era solo saber dónde había tierra, te permitía saber las corrientes y los vientos. Conocer que para ir a América, la clave estaba en bajar y tomar las corrientes desde las Islas Canarias, por ejemplo. Colón fue uno de los que mejor supo leer los mapas e interpretar las historias para dar con la clave.
P. Colón contó con Isabel la Católica como aliada. ¿Había admiración mutua?
R. Sabía que Colón le podía dar algo que no le podía dar nadie. Lo importante no era América sino llegar a China y a extremo Oriente, por temas de riquezas pero también para introducir el cristianismo, algo esencial para ella. Isabel piensa, acertadamente, que el único hombre en la tierra que puede llevarla a China es Colón y confía ciegamente en él. En su tercer viaje, cuando vuelve preso, ya ni Fernando confía en Colón. Ella sí.
P. ¿Colón era de fiar?
R. No, pero a veces tienes que utilizar a gente que no es de fiar porque el fin es mayor. Colón era un tío peligroso, había creado unos problemas tremendos en La Española, pero era el único que podía llegar a China.
P. ¿Jugaba a varias bandas en la carrera hacia las Indias?
R. Era muy ambicioso, quería ser un gran noble. Había sido nombrado virrey pero quería ser más poderoso y dejarle un buen partido a su hijo Diego. Primero ofreció el proyecto a Portugal, luego a España y amenazó con hablar con Francia.
P. Está documentado que Colón no fue el primero en llegar a América, pero hay una frase en el libro que dice que "descubrir es darlo a conocer al mundo". (Pág. 646). ¿Es lo que hizo Colón?
R. Llegar a un sitio no es descubrir el lugar si no lo das a conocer. Colón va y vuelve, lo cartografía, regresa una cuarta vez, lleva a miles de personas allí, trae productos... Colón es un vasallo, Castilla es quien descubre América.
P. Como personaje, ¿es más interesante Isabel que Fernando?
R. Sí, y soy aragonés. Es una mujer a finales del siglo XV, no hay que perder la perspectiva. Con todas las limitaciones que tenían las mujeres, ella elige al hombre con el que se casará, se corona sin su marido presente, toma las decisiones de Castilla... Eso la hace un personaje revolucionario y fuera de época. Y tan buena gobernante, que es difícil.
P. En la novela descubrimos a Isabel en la última etapa de su vida. ¿Qué la movía entonces?
R. La familia. Se muere su madre, su primer hijo varón, su primogénita y su primer nieto. Además, su hija Juana tiene problemas conyugales, por decirlo de alguna forma. Piensa, ante todo, en la familia. También sabe que su tiempo se acaba y quiere que su hijo domine Europa y sienta las bases a través de distintos enlaces matrimoniales. No lo consigue con su hijo, pero su nieto Carlos sí que dominará Europa.
P. Cambió su testamento poco antes de morir. ¿Qué le preocupaba?
R. Han muerto sus dos primeros hijos y va a recaer en Juana la corona. Sabe que Felipe el Hermoso es peligroso para Aragón, para Catilla y para España. Tiene que conseguir que el que mande no sea Felipe y eso es muy difícil. Felipe tiene dominada a Juana. Los Reyes Católico, ambos, están muy preocupados. Un extranjero será el rey y los Trastámaras, después de más de 100 años, desaparecen. Es muy duro, es tremendo para ellos.
P. Vemos la faceta de Isabel como suegra. ¿Debió ser duro?
R. Al principio Felipe no es un problema porque Juana es tercera en la línea sucesoria. La posibilidad de que llegase a ser rey de Castilla o Aragón era muy remota. Desde incluso antes de la boda, Felipe era un gran amigo de Francia. Era más francés que el vino de Burdeos. Es un personaje que si no hubiera muerto como murió, nada bueno habría pasado. Da para una novela muy oscura.
P. Además de los protagonistas históricos, hay otros personajes interesantes en la novela. ¿Cuál es tu preferido?
R. El juglar. Es un personaje muy de la época que va narrando como es el mundo y entusiasma al público. Es un gran viajero y la novela es un homenaje a los viajes. Me permite llevar al lector a la época.
P. Ese juglar, al principio de la novela, enumera los avances de la época. ¿Se ha vuelto a producir una revolución así?
R. Quizás en la actualidad. Aparece la imprenta, quizás comparable con internet. Pero llega el Humanismo, el Renacimiento artístico y científico, se acaban las monarquías medievales, la economía se convierte en algo esencial...
P. Sin ese esplendor, ¿Isabel o Colón hubieran sido los mismos?
R. Si solo hubiera estado Isabel, sin el contexto en el que vivió, no podría haber hecho todo lo que hizo. Sin avances científicos, Colón no hubiera llegado a América. Si los portugueses no hubieran dado la vuelta a África, no hubiéramos tenido la necesidad de buscar una ruta por poniente. Es una suma. La imprenta es fundamental porque permite que las ideas circulen a otra velocidad. Surgen personalidades increíbles como la reina Isabel, grandes pensadores como Maquiavelo, grandes artistas, familias como los Medici o los Borgia. Es todo.
Luis Zueco. El mapa de un mundo nuevo. Ediciones B, 2024. Páginas 672. Precio: 23,90€