
La efervescencia cultural de la Venecia del siglo XVIII contrastaba con su decadencia económica y de valores. Era habitual hallar bebés abandonados y ahogados en los canales, pero a la vez, la ciudad sembraba el germen de nuevas creaciones artísticas que deslumbraban al resto de Europa. La mejor música esquivaba los teatros de ópera y se escuchaba en los Ospedali Maggiori, cuatro instituciones benéficas que ayudaban a los más necesitados. A través de un pequeño orificio, los progenitores dejaban allí a los recién nacidos. Estos centros impartían formación religiosa y profesional a los varones y una educación musical de alto nivel a las niñas, además de normas de comportamiento e instrucción en labores domésticas. La orquesta llegó a ser una atracción turística más de la ciudad.

Esta historia ha sido recuperada por la periodista y documentalista británica Harriet Constable en la novela La violinista (Planeta). En esos muros creció Anna Maria della Pietà, una de las mejores violinistas del siglo XVIII y alumna predilecta de Vivaldi. "Ha sido un regalo poder obsesionarme con esta historia", dice la autora durante una visita a Madrid. "En la Biblioteca británica encontré mucha documentación, solo tuve que inyectar mi imaginación en algunas brechas. La trama es real, solo tuve que ficcionar el sentir de las niñas o sus ideas de la vida", añade.

Estas instituciones eran independientes administrativa y económicamente de la República veneciana y de la Iglesia. La gestión respondía a donaciones privadas de ciudadanos ricos. Allí creció Anna Maria. "Fue tremendamente famosa en su tiempo. Eclipsó a Giuseppe Tartini e incluso a Vivaldi. Accedí a un texto en el que se decía que a estas niñas se las consideraba demasiado inteligentes para casarse, los hombres no las querían como esposas. Ella debió de ser una mujer de enorme intelecto, con una gran creatividad, imaginación y ambición. Uno no se convierte en un prodigio sin tener una enorme motivación".
"Si no hubiera existido ese pequeño orificio a través del cual depositaban a los bebés, Anna Maria no hubiera existido y nunca hubiéramos descubierto su talento. La combinación de suerte y talento dieron lugar a una historia preciosa, especial y muy rara desde una perspectiva histórica", asegura Constable.
Vivaldi, director musical

Antonio Vivaldi comenzó a trabajar en el Ospedale della Pietà en septiembre de 1703, poco después de ser ordenado sacerdote. Comenzó como maestro de violín y llegó a director musical. El veneciano dirigía los ensayos y escribía dos conciertos al mes para la orquesta de la Pietà. Varias docenas de estas composiciones se hicieron a medida para Anna Maria della Pietà, su "alumna más sobresaliente, su preferida, a la que llegó a comprar un violín". "Durante la documentación -explica la autora británica- descubrí el papel tan fundamental de estas niñas para el conjunto creativo de Vivaldi. Le ayudaron a crear una nueva forma de composición musical. Es una vergüenza que solo conozcamos el nombre de una de ellas cuando fueron mujeres increíbles que llevaron a cabo contribuciones enormes al mundo de la música. La historia tiene mucha más complejidad de la que presumimos que tiene".
"Antes de escribir esta novela, tan solo tenía una relación emocional con la música de Vivaldi. Apenas conocía nada de su biografía. Durante el proceso de documentación, me comencé a enfadar. Ese enorme genio de la música se aprovechó de sus alumnas", insiste Constable. "Me di cuenta de que era un personaje bastante más polifacético de lo que hemos conocido. Era un personaje bastante extraño, que siempre se sintió a la sombra de un padre con mucho talento. He de decir que, por aquel entonces, el control sobre la mujer era algo normal, pero aún así, él lo llevó a un grado bastante mayor. Por eso fue un personaje muy controvertido inclusive para la época".
"Esas niñas fueron fundamentales para la música de Vivaldi", dice la escritora. "Fue un periodo de muchos cambios en la música, se requerían enormes dosis de innovación y probar ideas nuevas. Había una presión enorme por generar composiciones musicales y es muy probable que Vivaldi hiciera uso del talento creativo de estas niñas para su música. Sabemos que estas niñas componían y, en concreto, hay una carta de una huérfana que decía que le daba miedo ser descubierta componiendo. Históricamente, el talento y la contribución de mujeres y niñas ha sido invisibilizada", añade.
De alumna a maestra
Los Ospedali Maggiori fueron un "auténtico privilegio" para unas huérfanas "que apenas contaban nada para la sociedad", les dio "la oportunidad de tocar instrumentos que durante mucho tiempo se reservaron a los hombres y la opción de enseñar a otras niñas, es decir, acceso a otras oportunidades".
La novela narra cómo Anna Maria pasó de la más devota admiración a Vivaldi a la pura decepción. Llegó a ser maestra y directora musical de la Pietà. Aunque con los años fue dando menos conciertos, nunca dejó de tocar.
Harriet Constable. La violinista. Editorial Planeta, 2024. ISBN: 978-84-08-29406-1. Páginas: 472. PVP: 21,90 €