
La aparición de los cadáveres de dos niños desaparecidos hace décadas hace tambalear la vida del escritor Sebastian Walke. Su primera novela, publicada antes de ese escabroso hallazgo, es demasiado similar. Su agente literario pretende aprovechar la noticia para promocionar sus libros, pero el escritor se opone por temor a lo que podría suceder. Una periodista comienza a tirar del hilo, tratando de descifrar si es pura casualidad o Sebastian sabía de primera mano cómo murieron los pequeños.

Los crímenes del carrusel (Planeta) es la quinta novela del escritor y actor Juan Solo, "la más madura de todas", que se sostiene sobre dos temas principales: la ética (o su ausencia) y las distintas formas de paternidad (algunas, avanza, muy enfermizas). Ha elegido Estados Unidos como localización porque "esta historia no se podría haber trasladado a España". "Una vez un comisario me dijo que cada país genera sus propios asesinos y cada cultura sus propios psicópatas. En España no es común enfrentarnos a asesinos en serie, ni que un hombre salga con una escopeta a disparar a la calle o que un asesino deje citas de la Biblia. En Estados Unidos, sí", dice el autor.
Al lector puede resultar aterrador entrar en la mente del protagonista, un personaje que, en parte, confiesa Solo, es él. "A mí me ha pasado como a Sebastian y ese es el germen del libro. En alguna novela anterior he escrito algo que luego ha sucedido y quería explorar ese asunto". La novela retrocede y avanza en el tiempo, desvelando los porqués de la personalidad de Sebastian Walker, un escritor valorado por la crítica que no termina de conquistar a los lectores. Huérfano, hay un blanco en su biografía que se irá descubriendo con el paso de los capítulos: "Creo que hemos mejorado muchísimo en cuanto a tomarnos en serio los problemas mentales, pero más se tendría que cambiar. Reflexionando sobre esto, me di cuenta de que la gente que sufre un problema como el protagonista debe de estar muy sola. Él tiene un secreto muy gordo desde la página 1 que no se lo puede decir a nadie porque no le van a creer. Los personajes torturados siempre son muy interesantes. Lo aterrador para él es que, sabiendo lo que le ocurre, su único anhelo es vivir una vida normal y no hacer nada malo a nadie".
La violencia se manifiesta en este thriller en varias capas. "El ser humano tiene libertad para hacer lo que hace. Las circunstancias pueden condicionar, pero es el ser humano quien decide", dice Solo. "Mi padre abandonó a mi madre cuando estaba embarazada y, en los 70, ir al colegio así era complicado. Mi madre conoció a un hombre maravilloso, que para mi es mi padre y el de mi hermano, que murió a los cuatro años. La vida me mandó a la casilla de salida. Podría haber tenido una excusa maravillosa para ser un mezquino, pero me dedico a escribir novelas y a hacer reír a la gente".
Quizá, por esa experiencia personal, la figura paterna es un tema constante en toda la novela. "El padre del protagonista es horrible, el asesino tiene una paternidad enfermiza, el policía es el padre que todos querríamos, la periodista no tiene relación con su padre… La paternidad aparece en muchos grados distintos. Sin ser consciente, escribí algo que sí me importa".
Los dilemas morales atraviesan el grueso de la novela: "Todos los personajes tienen que decidir en algún momento si hacen lo éticamente correcto o lo que les conviene". Desde cuestiones de supervivencia a el hecho de sacar rédito de la muerte de dos niños. "No me aprovecharía de la muerte real de dos niños. En la ficción puedo matar a todo el mundo que me apetezca mientras que en la realidad soy bastante pudoroso con ciertos temas. Me provoca rubor ver cómo se habla con ligereza de temas que hacen sufrir a la gente", asegura. "La venta del morbo es una realidad. Somos seres humanos. Nos gusta, tenemos curiosidad, queremos saber, somos cotillas. Al público que está en casa le encanta el morbo, no podemos esperar una sociedad sin morbo, es imposible. El debate está en donde poner el límite".
A lo Harrison Ford
La lucha del bien y el mal es un asunto común en toda su producción literaria. "Me gusta mucho ver películas de Harrison Ford, que siempre tiene ese dilema y elige lo correcto", bromea. "La vida es imprevisible. Mucha gente comete atrocidades sin proponérselo. Otras, hasta para tapar un error, van cometiendo cosas peores y peores. El ser humano es fascinante, soy muy fan del ser humano".
Esta idea entronca con una frase que interpela al lector: "Si permitimos que el diablo que llevamos dentro tome el control de nuestra vida, nunca más podremos recuperarlo". "Hay categorías dentro del infierno. Puedes llevar un diablo terrorífico o simplemente mezquino, pero todos nos hemos visto tentados. Cuando alguien da ese paso, no hay vuelta atrás. La teoría de los cristales rotos dice que si pasas por una fábrica abandonada, con todos los cristales intactos, no pasa nada. Pero si tiene seis o siete ventanas rotas, coges una piedra y la lanzas contra el cristal. La clave está en el primer paso. Todas las personas podemos ser muy malas, pero por fortuna no lo hacemos".
Le gustaría que la novela condujese al lector hacia un escenario entretenido, pero algo más: "Si buscase solo reflexión, me convertiría en un pedante insufrible. Me gusta escribir sobre temas que no sean demasiado banales pero que sean entretenidos".
La ambientación de la novela resulta muy envolvente, con Sausalito o los grandes parques nacionales californianos como principales escenarios. "Me apetecía contar una parte de América que no se conoce y estoy seguro de que casi nadie ha estado en Three Rivers, California, un pueblo muy curioso. Si lo has vivido, puedes transmitir ideas que el lector capta como ciertas. Allí me alojé en un hotel que no tenía restaurante, había que moverse cien metros. Quise ir andando y me dijeron que si estaba loco, que si no había visto los carteles que alertaban de la presencia de osos".
Juan Solo. Los crímenes del carrusel. Planeta, 2024. 544 páginas. 21,75 euros.