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Los "milagrosos beneficios" para el cerebro que supone tocar y escuchar música

El pianista y periodista Michel Rochon detalla en El cerebro musical cómo nuestro cerebro percibe, procesa y responde a los sonidos musicales.

El pianista y periodista Michel Rochon detalla en El cerebro musical cómo nuestro cerebro percibe, procesa y responde a los sonidos musicales.
orquesta, ópera, guitarra | Pixabay/CC/ernestoeslava

No hace tanto, menos de un siglo, la música apenas se tocaba o se escuchaba. Estaba bastante acotada a ámbitos como la guerra, la religión o momentos románticos, su "naturaleza", dice Michael Rochon, "era ser parte de un ritual". Solo las clases privilegiadas disfrutaban de su placer estético. Hoy en día, el cambio de paradigma es evidente. Sigue teniendo una parte de ritual - un concierto o una fiesta- pero prevalece su uso individual: "Si estás feliz, si estás triste, si necesitas concentrarte…es una herramienta a través de la que se encuentra cierto equilibrio y felicidad". Se demostró durante la pandemia, que plataformas como iTunes o Spotify batieron récord de escuchas: "Fue nuestro refugio". Sin embargo, "hemos perdido de vista la importancia real de la música".

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El divulgador científico, compositor y pianista Michel Rochon profundiza en cómo nuestro cerebro percibe, procesa y responde a los sonidos musicales en El cerebro musical (Ático de los Libros). La neurociencia ha confirmado, mediante imágenes de resonancia magnética, que nuestro cerebro cuenta con otro cerebro musical en su interior, regiones cerebrales que reaccionan ante la música y analizan sus distintos componentes estructurales—tonos, armonías, ritmos y timbres—, así como las emociones que despiertan. "No existe el mal gusto musical. Lo importante es que la música te toque, te provoque emociones, escalofríos. No hay una jerarquía, no es mejor el jazz que el pop o al revés", explica Rochon a Libertad Digital desde su casa de Quebec, en Canadá.

Nuestro gusto musical se desarrolla en el vientre materno durante los últimos dos o tres meses antes del nacimiento, momento en el que el oído del bebé es ya como el de un adulto. "Hay estudios que prueban que los niños reconocen la música que escuchaban sus madres embarazadas. Animo a las madres a poner música durante la gestación".

Beneficios avalados por la ciencia

"Es muy importante, lo recomiendo siempre, escuchar música nueva. Puedes hacer un gran descubrimiento y expandir tus horizontes para hallar más placer y felicidad. En Canadá, cada vez se enseña menos música y eso es un error. Hay que volver a la educación musical en las escuelas porque los beneficios son asombrosos. Facilita el aprendizaje de otros idiomas, la concentración, la memoria… Son todo ventajas para los jóvenes".

La musicoterapia se remonta a la Grecia antigua, aunque fue en el siglo XX, con neurólogos como Oliver Sacks, cuando se comenzó a aplicar en personas con Alzheimer o Parkinson. "Es realmente fascinante lo que puede hacer la musicoterapia. Personas en estados avanzados de la enfermedad, que ya apenas hablan, escuchan la música y vuelven, comienzan a bailar, recuerdan historias de cuando eran jóvenes y las comparten. Cuando la música suena, se producen milagros y cuando se apaga, vuelven a su estado anterior". Rochon explica cómo las regiones del cerebro que siguen siendo funcionales se activan. Ocurre con niños con autismo – a los que le gusta la música- les hace más sociables. "No sustituyen ninguna terapia, sino que complementan el tratamiento", explica.

Los beneficios se multiplican si se pasa de la escucha al aprendizaje de instrumentos. El divulgador canadiense lamenta profundamente la pérdida gradual de interés en tocar. "Es deprimente", dice. "Se ve un descenso en el número de alumnos de oboe, violín o flauta. La industria de la música clásica está preocupada porque no hay relevo generacional. Tiene un efecto increíble en el desarrollo cerebral de los jóvenes, en su coordinación, concentración o memoria. En el aumento del coeficiente intelectual es debatible, pero hay más factores, pero sin duda ayuda. Está demostrado que las 30 regiones en las que se procesa la música, aumentan de volumen cuando se aprende a tocar un instrumento. Se crean nuevas conexiones neuronales. No hay edad para aprender, nunca es tarde. Hay personas con indicios de demencia que han aprendido y se han beneficiado".

Primera herramienta de comunicación

Hay investigadores que consideran que durante la evolución humana el cerebro no desarrolló el lenguaje antes que la música, sino al revés. La música sería, por tanto, la primera herramienta de comunicación humana. "La música es la madre de todas las lenguas, es universal y ha cumplido un papel muy positivo en la historia de la humanidad potenciando la cohesión social. Hay que intentar que los efectos beneficiosos de la música en la sociedad sigan produciéndose", insiste el escritor y compositor.

Se estima, dice el autor, que el 50% de la música que se escuche en diez años se habrá hecho por IA, lo que agrava el problema. "En matemáticas o física, las IA pueden lograr grandes cosas, pero en música se nota que es una máquina y no nos llega a emocionar igual. Por el momento, no van a sustituir al compositor humano, pero la amenaza está ahí porque la tecnología avanza rápido. La música es un vehículo para transmitir emociones. ¿Nos da igual que la haya hecho un robot? Cada uno tiene su respuesta. En pop, ya está ahí. En música clásica, aún no".

El cerebro musical permite al lector comprender, de forma sencilla, cómo funciona la mente y el complejo engranaje que se pone en marcha. Es un privilegio puesto que "el 1% de la población sufre amusia, una incapacidad que provoca que se perciba la música como ruido". "Puede ser por una enfermedad congénita o por un accidente que deje afectadas las regiones del cerebro responsables de percibir la música".

Michel Rochon. El cerebro musical. Ático de los Libros, 2025. PVP: 14,96 € Páginas: 168. ISBN: 978-84-19703-78-1

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