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Fernando Savater sobre la televisión pública: "Las tertulias de ahora sonrojarían a Franco"

Habla de la izquierda y de "cantidad de decepciones" y de que "hoy en España hay gente que pagaría por venderse, sobre todo intelectuales".

El filósofo Fernando Savater abre su libro más reciente, Ni más ni menos (Ariel), con un poema de Heinrich Heine:

Llamé al diablo y acudió

y lo contemplé admirado.

No es feo, cojo tampoco,

es un hombre encantador

que está en sus mejores años,

un amable y cortés hombre de mundo.

(…) Dijo que mi amistad le resultaba

no muy cara,

y al tiempo me hizo un guiño

y preguntó: ¿no nos hemos visto

ya una vez en la embajada de España?

Savater lleva años, 50 de "tarea intelectual" diciendo lo mismo y dando, en conclusión, la misma batalla, la de la libertad. Empieza la entrevista con Voltaire, que, "en una de las cartas", dijo: "yo me repetiré hasta que me entiendan". Bromea, "Creo que, bueno, no soy tan difícil de entender, pero me tendré que repetir".

El filósofo, nacido en San Sebastián hace setenta y ocho años, se declara un pesimista activo. Nos cuenta que era un lema de los anarquistas de la FAI durante la Guerra Civil. "Porque no creo que vayan a venir de ninguna parte a salvarnos, ese es el pesimismo, ni que el tiempo vaya a resolver nada. Entonces, no hay más remedio que ser activo, claro".

¿Qué no viste venir, Fernando? "Yo, sinceramente, no lo vi venir, eso te lo puedo asegurar. Y mira que he sido pesimista, activo, como te decía. Nunca creí que llegaríamos a lo que hemos llegado ahora. Nunca, la verdad". ¿A qué hemos llegado? "Hemos llegado a que dentro de una estructura democrática haya crecido una planta dictatorial. Las dictaduras no siempre vienen con un general galopando que cae sobre la ciudadanía. Muchas veces parece que todo sigue igual pero dentro ha crecido un bicho que nos está comiendo la democracia".

Le preguntamos por el silencio de la calle ante el poder: "Creo que debería haber una presencia de la gente en la calle, en las cosas. O sea, en un régimen político normal, efectivamente, la gente puede dedicarse a su vida, a votar el día que hay que votar y no meterse en más líos. Pero es que nosotros no vivimos en España en un régimen democrático normal, no sé si vivimos siquiera en un régimen democrático. De modo que yo creo que la gente debería ser consciente de eso y que no puede uno quedarse en casa y decir, bueno, a ver si esto se arregla".

Y, en cambio, la izquierda con el megáfono y la pancarta como fondo de armario. Nos recuerda una frase de su amigo el periodista polaco Adam Michnik, director de Gazeta Wyborcza, que siempre dice: "lo peor del comunismo es lo que viene luego. Y yo creo que lo peor del sanchismo puede ser también lo que viene luego: cómo van a quedar las leyes inmundas estas que nos han puesto, todo ese clima que ha dejado… Todo eso va a seguir ahí y hay que quitarlo, y en cuanto se toque, la gente que está en casa saldrá corriendo a la calle diciendo que le están quitando sus más sagrados derechos".

¿Cómo será la Transición postsanchista? "A partir de las elecciones habrá que empezar a trabajar en desmontar lo que ha dejado el sanchismo, como hubo que hacerlo con el franquismo en su momento. O sea, habrá que tomárselo como en la época de Franco, que había dejado una serie de cosas, no todas malas, algunas que estaban bastante bien".

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¿En qué circunstancias políticas hemos celebrado el 50 aniversario de la muerte de Franco? Dice Savater: "En unas circunstancias que, curiosamente, se parecen mucho a las que Franco tenía para gobernar. O sea: la autocracia, el personalismo, la colonización de todos los centros independientes del país, la sumisión de autoridades, jueces, etc., que era menor en la época del franquismo que ahora. O sea, que los esfuerzos por acabar con los jueces eran más discretos. Bueno, no digamos los medios de comunicación. Me río yo de la televisión franquista cuando se compara con lo que hay ahora, con las tertulias de ahora. Yo creo que Franco se hubiera sonrojado".

¿Hay que llorar por la izquierda? "Hoy, cuando alguien dice que es de izquierdas, hay que echarse la mano a la cartera porque es una coartada para decir voy a hacer lo que quiera y no vas a tener derecho a criticarme en absoluto. "He sido de izquierdas·, nos dice y "con los años me he llevado una cantidad de decepciones con personas a las que he apreciado mucho y de las que esperaba mucho. Cita La educación sentimental de Flaubert, "en la que cuenta la situación de la Francia en el siglo XIX describiendo el desastre que había allí y dice: había gente que pagaría por venderse. Bueno, pues yo creo que hoy en España hay gente que pagaría por venderse, sobre todo intelectuales".

Uno de los artículos del libro se titula "Rentistas de la sangre". Cuando los proetarras o Bildu celebran un acto, reflexiona, no es que sea una ofensa para las víctimas, sino para los españoles. "Siempre he pensado que la primera víctima de ETA ha sido la España democrática. Me han hecho vivir en una democracia con la zozobra, una zozobra mayor que con Franco y eso que yo he estado en la cárcel y he tenido problemas. Por lo menos Franco nunca me quiso matar. No bajaba a la calle y me estaba esperando un tío con una pistola para pegarme un tiro en la puerta y, sin embargo, en el País Vasco desgraciadamente sí.

Y casi para acabar la entrevista le pedimos un diagnóstico: ¿qué le pasa a Sánchez? "Te acuerdas del diálogo de Casablanca que dice Peter Lorre a Humphrey Bogart: "¿Me desprecias, verdad?" Y dice Bogart: "Si pensara alguna vez en ti, probablemente te despreciaría". Pues con Sánchez me pasa lo mismo. Si pensara en él, probablemente me parecería un sinvergüenza de siete suelas". Hace una reflexión socrática sobre la maldad humana: "El que tiene que cometer fechorías probablemente es porque la vida para él le parece una fechoría también".

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