'El Cortijo del Fraile' en Almería, donde sucedieron los crímenes de 'Bodas de sangre', será rehabilitado
La Diputación invertirá un millón de euros en restaurar la finca de Níjar, plató de westerns y Bien de Interés Cultural, durante este año 2026.
Existe en el término municipal almeriense de Níjar un deshabitado cortijo desde hace muchos años, que el tiempo ha ido derruyendo lentamente, aunque todavía sigue en pie. No hay señal alguna de que sea un edificio de referencia histórica, cultural: allí tuvieron lugar los crímenes que llevaron a Federico García Lorca, pocos años después de cometidos, a escribir su inmortal drama Bodas de sangre. Luego, a partir de la década de los 60 y hasta no hace mucho, ha sido escenario de unas cuantas películas, algunas tan conocidas como El bueno, el feo y el malo y La muerte tenía un precio. Tras demasiado tiempo, al margen de esos rodajes, de estar abandonado, El Cortijo del Fraile va a ser rehabilitado a cargo de la Diputación Provincial de Almería, que cuenta con un presupuesto de un millón de euros, con el objetivo de asegurar la estabilidad del edificio, salvaguardando muros y cubiertas.
Incautado en tiempos de la desamortización
Repasando la historia del lugar, ese cortijo había sido construido por los frailes dominicos – de ahí su apelativo – en el siglo XVIII, que antes de conocerse por el nombre de la orden religiosa era conocido como Cortijo del Hornillo, porque allí se cocía el pan para los habitantes del contorno, zona desértica como buena parte de la provincia almeriense.
Cuando la desamortización de los bienes eclesiásticos ordenada por el ministro Mendizábal, ese cortijo fue incautado por el Estado, que lo sacó a subasta pública, pasando a manos privadas. Sabemos que el último propietario, hacia 1995, se llamaba José Antonio Cánovas. Y hacía ya tiempo que se encontraba totalmente abandonado: quedó en pie la capilla, parte de la fachada y muros de las dependencias interiores. Fue en 2021 cuando la Diputación de Almería se hizo cargo para convertirlo en espacio cultural. Las obras ya decimos que se han anunciado para ser ejecutadas en el transcurso de este 2026.
Y no hubo boda
El 22 de julio de 1928 sucedieron los hechos en ese Cortijo del Fraile donde iba a celebrarse una boda, situado en el sureste de Níjar, en una aldea contigua al pueblo de Rodalquilar, conocido por sus minas, dentro del Parque Nacional de Cabo de Gata. Al anochecer, fueron llegando los invitados a la ceremonia nupcial. La novia, de veintiséis años, se llamaba Francisca Cañadas Morales (que en Bodas de sangre Federico la llamará "la novia", a secas), residente en un cortijo cercano al de su prometido, y huérfana de madre. Era fea, bizca, con dentadura prominente. Y, además, patizamba, de ahí el mote por el que se la conocía entre su parentela, "Paca, la coja". El novio se llamaba Casimiro Pérez Pino, tres años mayor, labrador. Su inmediato suegro había favorecido a la novia con una elevada dote. Costumbre de entonces.
Corría el rumor de que Francisca Cañadas de quien de verdad estaba enamorada era un primo suyo, Francisco (Curro) Montes Cañadas, guapo mozo, que tenía fama de mujeriego, y alguna vez tuvo roces con ella. Para darle achares, ella fue acercándose al mentado Casimiro, se ennoviaron y fijaron la boda.
Cualquier ceremonia casadera estaba programada en esos años al anochecer, costumbre para la clase trabajadora, que así no perdía la jornada laboral.
Ya era noche cerrada. Y Paca, la novia, no bajaba de sus aposentos del cortijo. Los invitados daban mientras tanto buena cuenta de las viandas, entre ellas los típicos gurullos y levantaban el codo con el vino de la tierra. Una invitada puso al novio, Casimiro, sobre aviso: una hora antes había acertado a cruzarse con la novia, a lomos de un caballo, sobre la grupa. Quien llevaba las riendas era Paco Montes, su primo, que había sorprendido poco antes a la novia en su habitación. Ésta, en pocos minutos, acabó diciéndole: "Llévame contigo, Curro". Y éste, obedeció tras besarla apasionadamente. La llamaba Frasquita.
En el trayecto, ya alejándose del Cortijo del Fraile en una noche de luna clara, surgió otra pareja, que identificó a los fugados: José Pérez Pino, hermano de Casimiro, y su mujer, Carmen, hermana de Francisca, la novia arrepentida, "Paca, la coja". Apenas hubo palabras entre los cuatro. José sacó su revólver "Smith", calibre 9, disparando tres veces contra Paco Montes, cayendo mortalmente mientras se espantaban los caballos. Carmen Cañadas la emprendió con su hermana, la novia. A punto de estrangularla. Malherida, se arrojó sobre el cuerpo inerte de su enamorado, que yacía ya sin aliento, muerto. Los que los atacaron iban precisamente a la boda. Y José, al ver que la pareja se burlaba de su hermano Casimiro, no lo pensó dos veces y cometió ese asesinato. Huyó con su mujer, perdiéndose en el silencio de aquella noche trágica.
Y no hubo boda, claro. La guardia civil fue informada inmediatamente del suceso. Dieron con el cadáver de Paco Montes. Llevaron al cuartelillo a la novia, con su rostro sangrando y su vestido hecho jirones. Detuvieron poco después al huido asesino y a su mujer. El juez de la comarca que se hizo cargo del caso dejó en libertad a Francisca, la novia. Cada uno, sin entrecruzar frase alguna y cabizbajos, se alejó en dirección opuesta. Nunca más volvieron a encontrarse "Frasquita" y Casimiro. Pasado un tiempo pudo saberse que la novia, enlutada para siempre, se fue a vivir con unas sobrinas, a las afueras de Níjar. Casimiro, el novio engañado, fue visto en actitud huidiza por el centro de Almería, se casó seis años más tarde con Josefina Segura, tuvo dos hijos y se estableció en San José, pueblo costero de atractivo turístico.
La versión teatral
Varios periódicos de la provincia almeriense y otras andaluzas y algunos nacionales se hicieron eco del trágico suceso. Se enteró leyendo uno de ellos Federico García Lorca, urdiendo el libreto de Bodas de sangre. Y tras dilaciones, cambios, múltiples ensayos, se estrenó en 1933, cinco años después en el madrileño teatro Beatriz por la compañía de Josefina Artigas y Manuel Collado. Para el autor granadino, según contaba su hermano Francisco, constituyó el primer gran éxito de su posterior dramaturgia. La obra sería dada a conocer después en Buenos Aires y Montevideo por Lola Membrives. Desde entonces, ha sido representada en incontables escenarios mundiales.
Federico estaba eufórico con su obra: "El momento que más me satisface es aquel en que intervienen la Luna y la Muerte, como elementos y símbolos de fatalidad. El realismo que preside hasta ese instante la tragedia se quiebra y desaparece para dar paso a la fantasía poética, donde es natural que yo me encuentre como el pez en el agua".
El poeta de Fuente Vaqueros, utilizando junto a su incontestable talento su libre albedrío, dejó correr su imaginación para alterar algunos pasajes de su drama con respecto a cuánto ocurrió realmente en "El Cortijo del Fraile", modificando la identidad de sus protagonistas. Comenzando porque no hubo esponsales. Y en la obra, sí. Quedó dicho que ni los nombres de Casimiro y Francisca aparecen como tales en su escrito: son, decíamos, el Novio y la Novia, respectivamente. El primo que rapta con su aprobación a la Novia, Paco Montes, queda bautizado por el poeta como Leonardo. Y quien muere no es sólo éste porque en la ficción fallece el Novio. Hubo tres tiros de pistola en el suceso, mas Federico recurre a un arma blanca, las navajas portadas por los rivales enfrentados por la Novia. Existen otras connotaciones: el enfrentamiento de dos tribus campesinas pertenecientes a las familias de los contrayentes, lo mismo que en la leyenda de "El amor brujo". Otra invención lorquiana pues los clanes de Casimiro y Francisca no tenían rivalidades. Lo que sí llamó la atención es que Paco Montes portara una pistola para ir a la boda.
Un lugar usado como plató de cine
Se han escrito un sinfín de reportajes, artículos acerca de lo que sucedió en aquel cortijo. Carmen de Burgos (Colombine), la amante de Ramón Gómez de la Serna, publicó "Puñal de claveles", contando todo aquello. Y el cine se ocupó del asunto, filmándose en Marruecos una película de escasa calidad y otra fechada en 1980, espléndida realización de Carlos Saura, quien supo captar la esencia del drama lorquiano.
Luego están los "westerns" filmados en "El Cortijo del Fraile". La Junta de Andalucía lo declaró en 2010 Bien de Interés Cultural. Clint Eastwood, en una etapa aún sin alcanzar la gloria en la pantalla, rodó allí un par de películas que ya son historia en lo que se llamó "spaghetti western": El bueno, el feo y el malo y La muerte tenía un precio. En el decenio de los 60 también fue plató cinematográfico de Yo soy la revolución. Y después, de otros rodajes de menor importancia.
Nos queda esperar que ese histórico "Cortijo del Fraile" se convierta en centro cultural, donde sin duda la obra de Federico ha de tener su recuerdo literario.
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