
Parafraseando a García Márquez era la crónica de una muerte anunciada. Desde que en 2004 le descubrieron un cáncer, la cantante francesa Françoise Hardy fue lentamente acercándose a su final, combatiendo a la Vieja Dama de la guadaña, aunque no sería hasta 2023 cuando ya quería arrojar la toalla en su combate contra la muerte, solicitando al Presidente Macron que la librara del martirio que padecía, aprobando la eutanasia, lo que no podría conseguir.
En la media tarde de este pasado martes nos dejó para siempre. Y su único hijo, Thomas, fruto de su gran amor con el también cantante Jacques Dutronc, del que llevaba más de diez años separada, anunciaba el deceso a través de su cuenta en Facebook, con este escueto mensaje: "Mamá se ha marchado".
¿Quién fue esta mujer de rubios cabellos, delgada, mirada triste y tímida, que cantaba historias cercanas, escritas muchas de ellas por ella misma, sobre el amor, el desamor, el truncado a veces idilio romántico, en fin, asuntos que a todos nos podían afectar? La generación joven de los años 60 la eligió como una de las musas del pop melódico, a veces también con piezas más movidas, sin que fuera una de aquellas desmelenadas chicas ye-yés. Françoise Hardy apelaba a los sentimientos casi siempre.
Una sencilla, tierna, pegadiza canción la encumbraría en sus comienzos: "Tous les garçons et les filles", donde evocaba la felicidad de los jóvenes cuando encuentran su primer amor: "Todos los chicos y chicas de mi edad / se pasean por la calle de dos en dos. / Todos los chicos y chicas de mi edad saben qué es ser feliz / y mirándose a los ojos y de la mano, van los enamorados sin miedo al mañana…"
Tardó mucho tiempo en superar ese "terror escénico" que invade muchas veces a los artistas cuando han de subirse a un escenario, por muy veteranos que lo sean. Y Françoise padecía ese contratiempo por su enfermiza timidez, su inseguridad. Probablemente se manifestaba así en público como consecuencia de una infancia y adolescencia difíciles: fue criada por su madre soltera en tanto el padre estaba casado con otra y no les hacía caso alguno.
En un principio se sintió inclinada hacia el rock, pero acompañada a menudo por su guitarra derivó hacia un estilo más intimista, con letras no siempre suyas que contenían poesía, lirismo, pero sin salirse del todo de la realidad que le circundaba. Tenía algunos amigos de su profesión, como Johnny Hallyday, Sheila… y Jacques Dutronc, que sería su amante por mucho tiempo. Formaron una especie de cooperativa para ayudarse entre sí en sus respectivas carreras, a través de una lujosa publicación, creo recordar que quincenal, "Salut les copains", revista que al cambio de francos a pesetas no resultaba accesible a los jóvenes de entonces.
Françoise grabó a lo largo de sesenta años de vida musical veintiocho álbumes, de los que, al menos cinco canciones, se recuerdan entre su notable discografía, contando con la ya mencionada de los chicos y las chicas: "Mon ami la rosa", que estaba inspirada en la corta vida de la actriz Sylvia López, fallecida a los veintiséis años. "Cómo decir adiós", que ahora cobra un sentido necrofílico, y que estrenó en 1968 con letra de Sergio Gainsbourg, sobre unos descubrimientos en Estados Unidos. "Mensaje personal", de 1973, cuyo texto se refería a las dificultades que muchas veces ensombrecen una relación romántica. Y también "Ya que te vas de viaje", pequeña historia de una pareja que se rompe, él se marcha en tren y ella lo despide en la estación. La grabó Françoise junto a Jacques Dutronc cuando ya llevaban un decenio separados.
Françoise Hardy era una mujer delicada, muy sensible: le gustaba escribir. He aquí el extracto de una de sus letras, un breve poema puede decirse: "Voy sola por las calles / con el alma dolorida /, sí, pero voy sola / porque nadie me quiere".
Sí fue sin duda alguna una de las musas, ídolo de la juventud de los 60 y algún tiempo después, sembrando un legado que reconocieron estrellas de su generación y luego de otras más cercanas en el tiempo; huellas a la hora de componer y cantar que marcaron la admiración de Bob Dylan, Mick Jagger y David Bowie, entre otros. No se daba ella importancia alguna. En todo caso esperó largo tiempo para, en sus memorias, publicadas en 2008, mencionar las impresiones que le causaron personalidades como Ionesco, Paul McCartney, el filósofo Houellebeck…
Existía asimismo en Françoise Hardy un plano distinto, más mundano, pero asociado al glamour, por mantener una innata elegancia, que mostró en su etapa de modelo, cuando desfilaba luciendo modelos de nuestro compatriota Paco Rabanne: aquellas vestimentas metálicas de mediados los años 60, tan atrevidas. Incluso también el cine le aportó una imagen diferente, un complemento a su biografía artística: rodó a las órdenes de John Frankenheimer en 1966 la muy comercial película Gran Prix y Castillo de Suecia, entre otras, con argumento basado en una novela de Françoise Sagan. La curiosidad intelectual de la cantante era una de sus virtudes, y así, llevada por su impulso literario, publicó en 2012 la novela L´amour fou y tres años más tarde el ensayo Avis non autorisés, donde daba detalles sobre la enfermedad, y lo que sentía ante la proximidad de la muerte.
Llevaba más de veinte años luchando por sobrevivir. Conocía de cerca mucho antes los sufrimientos cuando una enfermedad va minando al ser humano. Y es que ayudó a morir a su madre aplicándole una inyección, en 1991. No podía soportar cuando aquella sufría. Ella misma había superado en 2018 un cáncer linfático. Se le reprodujo, ocasionándole mucho dolor. Sometida a sesiones de quimioterapia y radioterapia, fue perdiendo la voz entre agudos padecimientos en su faringe.
No tuvo muchos amores. Entre los grandes fotógrafos que la tuvieron de modelo, como el afamado Richard Avedon, se encontraba otro también distinguido, Jean-Marie Perier, con quien convivió un tiempo. Pero su encuentro en 1967 con el cantautor Jacques Dutronc fue definitivo para enamorarse totalmente. Bien sabía ella de los amores efímeros que contaba y cantaba en su repertorio. Y aquel vivido junto a Dutronc acabaría en 1981, aunque no rompieron del todo sus contactos, siquiera para interesarse él por el hijo que tuvieron, Thomas, que es guitarrista.
Le fascinaba la astrología. Y a través de ella es muy posible que profundizara en el destino que le esperaba. Llegado el año 2018 ya percibió que su voz fallaba. Por eso, antes de que eso ocurriera fatalmente dejó para la posteridad, como un testamento, su álbum "Personne d´autre". Tres años más tarde supo que su final estaba cerca, que ya no podría nunca más subirse a un escenario. En "París Match" es donde declaró su retirada y el deseo de morir.
Ahora que se ha cumplido su trágico deseo recuerdo la vez que estuve con ella, hace ya largo tiempo. Me pareció muy callada, solitaria. Miraba como inducida por algo indescifrable. Sonreía, forzada, por pura cortesía. Llevaba aquel día pantalones, lo que hacía habitualmente. Aún en España esa moda no estaba del todo implantada, ni siquiera entre la juventud. Ella, fue, por tanto, una adelantada. La melena la llevaba suelta. Me admitió, cuando se lo sugerí, que era introvertida. Sí, la soledad era su compañera. Y me dijo al despedirnos: "Soy una mujer muy simple".
Repasando su biografía, puede que diera esa impresión por su modestia y sencillez. Pero era, al menos para los franceses, y será por mucho tiempo una de las grandes de la canción romántica.