
José Luis Perales ha cumplido este 18 de enero ochenta años. Vino al mundo en Castejón (Cuenca), un pueblo de doscientos habitantes a sesenta kilómetros de la capital, en la calle Soledad, nombre que se asocia al contenido de algunas de sus mejores canciones, de las quinientas y pico que ha compuesto. Una de las más conocidas es "Y cómo es él", cuyo argumento se lo inspiró la propia historia sentimental de Julio Iglesias, quien en principio iba a estrenarla.
Electricista o limpiabotas
Creció en un ambiente familiar modesto. Su padre era albañil, maestro de obras y empleado de la Diputación de Obras Públicas conquense. Mostró desde niño una inclinación por la música y con seis años tocaba el laúd, que le enseñó un músico del pueblo. Interno en un colegio desde los trece a los veinte años, se marchó a estudiar en la Universidad Laboral de Sevilla, donde logró dos títulos: oficial industrial radiotécnico y maestro industrial eléctrico. En ese tiempo cursó estudios musicales con los profesores del Cuarteto de Cámara, a la vez que formaba parte de la Tuna de dicha Universidad.
Dejó Sevilla, regresó a su pueblo, estuvo una temporada en Alcoy y para no perjudicar la escasa economía familiar se puso a trabajar como electricista. En algún sitio leí que también ejerció de limpiabotas, lo que pongo en duda. Su posterior destino fue ya Madrid, que es donde trabajó en una empresa del Instituto Nacional de Industria como delineante, donde simpatizó con una compañera, Manuela Vargas, casándose en Cuenca, año 1977 con ella, ceremonia a la que asistí, entre otros cientos de invitados, en medio de un bello paisaje de la capital de las casas colgantes.

El matrimonio de Perales siempre transcurrió sin fisuras de ningún tipo. Tampoco se conocieron nunca deslices amorosos del cantante. Manuela fue su gran amor de siempre. Y lo sigue siendo cuando se cumplen cuarenta y siete años de convivencia, padres de dos hijos, María y Pablo, que los han convertido en abuelos de cuatro nietos hasta la fecha. El varón hace tiempo que comenzó a trabajar como técnico musical y ha sido hasta la retirada de su padre en 2020 su más cercano colaborador en las grabaciones y producción de sus discos. En su magnífica casa de Cuenca, casi paredaña a la Catedral, creo recordar cuando la visité con tres pisos, el cantautor tiene un espléndido estudio de grabación de donde han salido tantos de sus éxitos. Al principio, no: surgían de su caletre, pulsando las notas de su guitarra, en "El Refugio", que así puso de nombre a la casa de su pueblo donde ha pasado muchos veranos.
Sus grandes éxitos
Son más de medio millar de títulos los que ha registrado en disco, de los que vendió cincuenta y cinco millones de copias, a saber sólo unos pocos: "Un velero llamado libertad", "Me llamas", "Te quiero", "Porque te vas" y quizás el más conocido de todos, que le proporcionó un buen dinero en calidad de derechos de autor solamente: "Y cómo es él". La gestación de este tema tiene su pequeña historia. El productor de los discos de Julio Iglesias entonces se dirigió a Perales en demanda de alguna de sus composiciones. No era la primera vez que hizo tal cosa pues en sus principios, primeros años 70, el conquense no cantaba, no se atrevía por su innata timidez, y a través de una casa discográfica, tales piezas las interpretaban otros: Fórmula V, Jeanette, Paloma San Basilio, Miguel Bosé…
José Luis se puso manos a la obra para que Julio Iglesias, que por cierto desconocía aquella petición de su productor, basándose para escribir la letra en la propia vivencia sentimental del creador de "La vida sigue igual", que acababa de separarse de Isabel Preysler. Una vez compuesta la música adecuada Perales hizo lo de siempre: mostrársela a su mujer, su mejor crítico. Y Manuela le comentó que debía estrenarla él y no Julio. De manera que le hizo caso, aunque ella dejó de lucir vestidos grises por aquello de la frase de ese tema…te sienta bien ese vestido gris". La pareja, cuando se refería a tal canción observaba que ni ella, Manuela, lo engañó nunca ni él le fue infiel.
En desacuerdo económico y musical con su primera casa de discos, José Luis Perales firmó un ventajosísimo contrato con la multinacional CBS, que ningún otro intérprete había conseguido, pues le reportaría, en principio mil millones de pesetas, obligado desde luego a grabar de su cosecha un determinado número de álbumes que se difundieron por toda España y en los principales países hispanoamericanos. José Luis Perales, con sus pegadizas canciones llenas de historias poéticas, sencillas, directas al corazón de sus millones de seguidores, conquistó como pocos otros artistas a públicos que se conmovían con ellas.
Tímido en el escenario
Resulta anecdótico contar que unos años antes José Luis Perales pecaba además de tímido ser algo soso en el escenario, y para algunos críticos y comentaristas musicales un tipo triste. Así lo consideraba José María Íñigo, quien se negó al principio a tenerlo en alguno de sus programas, algo que la gente ignora, seguro. "Me podría bajar la audiencia", le contestó al representante entonces del cantautor. Hasta que se convenció de que Perales, por muy inexpresivo que le pareciera, era una figura muy querida por millones de seguidores.

Y así lo fue hasta que decidió retirarse en diciembre de 2020 tras una gira allende los mares. Si su debut discográfico acaeció en 1973 con el álbum "Mis canciones", el postrero apareció el año de la pandemia, 2019. Mucho antes de ese adiós a los escenarios ya había publicado también dos novelas: "La melodía del tiempo" (2015) y "La hija del alfarero" (2017), siendo la última aparecida en 2020 "Al otro lado del mundo".
Que lleve cuatro años sin actuar en público no significa que halla dejado de componer canciones. Mas disfruta con otras aficiones que ocupan todo su tiempo libre: la escultura, la cerámica, la arqueología… No tiene por tanto momentos en los que se aburra. Y su nombre, su figura, no está olvidada porque sus canciones siguen sonando. Son parte de lo que tanto se repite desde que Manuel Vázquez Montalbán acuñó esta frase: "La memoria sentimental de millones de españoles". Y de los que no lo son también.