
Una sola canción puede encumbrar a su autor e intérprete durante mucho tiempo, y es lo que le ocurrió al norteamericano Neil Sedaka en 1959 cuando compuso "¡Oh, Carol!", dedicada a su novia de entonces, luego destacada cantante, Carol King. Desde entonces, esa melodía es historia entre las mejores baladas románticas que se recuerden. Y aunque Sedaka creó otras piezas y hasta se ha mantenido como compositor hasta fechas recientes, nunca ninguna de ellas superó a la citada. Ahora que acaba de morir en Los Ángeles, a los ochenta y seis años (hubiera cumplido uno más el próximo 13 de marzo) las notas inolvidables de "¡Oh, Carol!" han vuelto a la memoria de cuantos jóvenes y adolescentes conocieron hace de esto sesenta y siete años.
Nacido en Brooklyn, Nueva York, hijo de un emigrante judío libanés de origen sefardí, taxista de profesión, de madre también judía, descendiente de rusos y polacos, fue de niño un virtuoso de la música, cuando con cuatro años, ya empezó a teclear las notas del piano, hasta ser muy joven un privilegiado concertista. Arturo Rubinstein lo consideró uno de los mejores entre quienes destacaban en los años 50.
En su época estudiantil coincidió con una compañera de colegio, Carol Joan Klein, hija de un bombero, con quien simpatizó pronto: les unía, además de una mutua atracción, la vocación musical. Se hicieron novios, cuando estrenaban su primera juventud, ella con dieciséis años. El mejor regalo que podía regalarle él en un cumpleaños no podía ser otro que una balada que hizo fortuna, en donde él le expresaba lo mucho que sentía por ella. "¡Oh, Carol!" se convirtió en aquel 1959 en una especie de himno para enamorados. Sonaba de continuo en la radio, no sólo en Estados Unidos, pues se divulgó en muchos otros países.
Pasado un tiempo, aquella jovencita, convertida ya en cantante profesional y asimismo autora, Carol King, le devolvió la gentileza cuando le compuso "¡Oh, Neil!". La pasión entre ambos fue apagándose, ella contrajo el primero de luego varios matrimonios, él se casó también, una sola vez. Quedaron como amigos. Y siempre les unió aquellas dos baladas, símbolo romántico de su juventud.
Neil Sedaka siguió en los años 60 componiendo canciones inspiradas en amores juveniles. "La chica del calendario" fue también muy escuchada, junto a "Happy birthay, sweet sixteen" y algunas otras. Dentro de su habitual línea se mantuvo en esa década, aunque ya su repertorio fue interesando menos, cuando se imponía otro, el del pop rock, la música de Los Beatles y otros grupos que fueron revolucionando la música que enganchaba a adolescentes y jóvenes.
Neil quedó desde entonces como un buen compositor, pero algo desfasado. Aun así continúo ganándose la vida muy bien como cantautor y pianista. Cediendo como lo hizo siempre creaciones para otros intérpretes. Si ya en 1958 Connie Francis le había grabado "Stupid Cupid", en adelante ídolos como Elvis Presley y Frank Sinatra, entre otros, llevaron a su repertorio piezas creadas por Sedaka.
En los años 70 también colaboró con Elton John y participó en Inglaterra de varios proyectos. Respetado siempre ha llegado al final de su vida con un patrimonio estimado en cien millones de dólares y un historial de composiciones cercanas al millar.
Mantenía un buen aspecto físico, siempre vestido al modo clásico, hasta que en 2021 le diagnosticaron un tumor benigno en la piel de la nariz. No padecía aparentemente ninguna enfermedad, cuando sintiéndose mal hace escasas fechas fue hospitalizado, para fallecer en vísperas de este abrileño fin de semana. Estaba casado con Leba Strassberg desde 1962, con quien tuvo dos hijos.

