Alemania contacta con Italia y sondea abandonar el FCAS para unirse al otro gran proyecto de caza de sexta generación
Las tensiones con Francia y la falta de avances reales aceleran un giro alemán en plena reconfiguración de la defensa aérea europea.
El Gobierno de Alemania ha dado un paso más en su distanciamiento del FCAS, el programa de combate aéreo impulsado junto a Francia y España. Berlín ha contactado con Italia para explorar su entrada en el GCAP, el proyecto liderado por Reino Unido, Japón y la propia Italia, cansado de los vetos franceses y de una gobernanza que frena plazos y costes desde hace años internos, según informa este viernes el periódico italiano Corriere della Sera.
El movimiento supone un golpe político directo a París, que ha defendido el FCAS como pilar de la autonomía estratégica europea. Alemania lleva tiempo frustrada por el reparto industrial impuesto por Dassault y por los continuos retrasos. La opción GCAP ofrece un esquema más flexible, mayor apertura tecnológica y un calendario más creíble hacia un caza operativo en torno a 2035 con socios internacionales claves.
Italia ve con buenos ojos la posible entrada alemana, aunque subraya que el equilibrio entre socios es esencial. El GCAP, compartido con Reino Unido y Japón, ha avanzado sin las tensiones que lastran al FCAS. Roma considera que sumar a Berlín reforzaría la base industrial, ampliaría pedidos y reduciría costes unitarios del programa a medio plazo dentro del sector europeo de defensa aérea avanzada común.
En Berlín, el debate se acelera en paralelo al giro estratégico del nuevo contexto de seguridad. Alemania busca asegurar capacidades de sexta generación sin depender de un socio dominante. El GCAP aparece como alternativa real frente a un FCAS encallado, mientras la Luftwaffe sigue apostando por el F-35 para cubrir el corto y medio plazo con fondos ya comprometidos y apoyo parlamentario amplio interno alemán.
Francia observa el movimiento con preocupación y silencio oficial. La salida alemana dejaría al FCAS prácticamente en manos de París, obligando a replantear financiación y ambición. España, tercer socio del programa, debería tomar una decisión sobre qué camino seguir. El pulso industrial refleja, una vez más, las tensiones de poder dentro de la defensa europea y el liderazgo tecnológico continental en un entorno geopolítico inestable actual.
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