Menú
Crónicas reales

Las nueras de Gran Bretaña

José Apezarena

La Reina de Inglaterra tiene, la verdad, auténtica mala suerte con las nueras. Como las hijas de Elena, "tres eran, tres, y ninguna era buena". Al menos si a los resultados nos remitimos.

La última de ellas, la rubia Sophie Rhys-Jones, aportó al principio un aire fresco y joven a la vetusta Casa de los Windsor, gracias a una tímida sonrisa y un rostro aparentemente ingenuo, hasta el punto de que se pensó que iba a ser la nueva "Lady Di" pero sin los inconvenientes del original. Bueno, pues todo eso ha saltado por los aires, y la condesa de Wessex lleva camino de protagonizar la peor de las tres experiencias habidas.

El primer susto con la esposa del Príncipe Eduardo surgió por unas viejas fotografías de soltera, en las que jugueteaba con un amigo mostrando el busto al aire. Después saltaron las sospechas de uso de su privilegiada posición para negocios privados. Lo último, la trampa que le ha tendido un falso jeque árabe, ante el cual la imprudente Sophie se dedicó a poner de "chupa de dómine" a todo bicho vivientes, desde la Reina Madre, el Primer Ministro y su esposa.

El escándalo de esas declaraciones, ampliamente reproducidas en la Prensa británica, se ha convertido en el peor trago desde la muerte de Diana de Gales. Los diarios han planteado, a las claras, la cuestión de la pervivencia de la Monarquía, o al menos de "ésta" Casa Real. Y en las filas del Partido Laborista, mayoritario en el país, las voces críticas arrecian.

Por aquí, alguien podría quedarse tranquilo, pensando que el problema nos coge muy lejos y que afecta a otra Monarquía. Sería un error. Demos un paso más. Si las meteduras de pata y los errores de las nueras provocan terremotos tales, incluso en una Monarquía tan asentada como la británica, ¿qué podría ocurrir en otras si los incidentes o problemas afectaran a la futura Reina?

Aviso para navegantes, pues. Y, por supuesto, para navegantes de estos mares ibéricos, donde más de uno puede caer en un peligroso providencialismo, fiado en la buena suerte que hasta ahora hemos tenido. La suerte es un bien escaso, que hay que procurar no malgastar.

Este artículo está publicado en el Semanal de Libertad Digital

En Sociedad