José Luis Rodríguez Zapatero se ve como un hombre utópico, radical feminista, rojo, laicista, talantoso, naíf y agradable. Dice de sí mismo: "me conozco muy bien y sé cuáles son mis valores vitales". No quiere ser un gran líder, aunque identifica su biografía con la de la constitución y se ve como instrumento de un cambio social profundo.
El presidente se considera un hombre de izquierdas; "¡Es que soy rojo!", le decía a la periodista de la revista Marie Claire que le acompañó en su último viaje a las Naciones Unidas. La revista no es el único sitio en que se define con esa palabra. También lo hace ante los líderes mundiales, según el reportaje: "coinciden sus colaboradores que ni ante la Liga Árabe, cuando reclama la igualdad entre hombres y mujeres, ni ante los que presumiblemente le desprecian, como Berlusconi, se corta un pelo llamándose 'rojo'." Rodríguez Zapatero ha llegado a esa identificación porque, reconoce, "nada me ha enseñado la derecha".
También se ve a sí mismo como un defensor de la utopía. "Sí, utilizo mucho esa palabra, forma parte de mi vocabulario esencial; los grandes avances en el mundo se han hecho defendiendo las causas de los dominados. Si la humanidad no hubiera tenido utopías no habríamos conseguido muchas conquistas que parecían imposibles; nada se movería". Ese utopismo es el que le lleva a "raptos poéticos" como los llama el reportaje de Marie Claire, aunque solo los utiliza, según un cercano colaborador, en los discursos. No obstante tuvo un arrebato, en un momento de confesión con la periodista de Marie Claire en la sala de Naciones Unidas: "Esta es la casa de todos, sin diferencias; de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen historia; de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen. Fue en esta sala donde tuve la certeza de lo necesaria que resulta la Alianza de Civilizaciones, porque, a pesar de las diferencias, aquí todos nos sentimos iguales".
En una entrevista con el diario The New York Times, según incide el propio periódico, "se hace llamar 'feminista radical'". Fue más preciso en una entrevista concedida al semanario Time: "No sólo es que sea antimchismo. Soy feminista. Una cosa que en verdad enciende mis venas son 20 siglos de un sexo dominando al otro. Hablamos de esclavismo, feudalismo, explotación, pero la dominación más injusta es la que la mitad de la raza humana ha ejercido sobre la otra. Cuanto más igualdad tengan las mujeres, más justa y más civilizada será la sociedad. La igualdad sexual es más efectiva contra el terrorismo que la fuerza militar."
El radicalismo del que presume en su feminismo no lo manifiesta en su visión del papel de la Iglesia en la sociedad. En una entrevista concedida al diario El País cuando todavía no era presidente, define la laicidad, que adopta como propia, como "el respeto profundo a las ideas de los demás". Sea como fuere su idea de laicidad, considera que es necesario llevarla a las relaciones políticas.
Ese utopismo del que hace gala le crea una imagen de la que él parece muy consciente. Según reconoció al periodista de The New York Times, "puedo parecer naíf a alguna gente. Pero no creo que haya nada malo si siguen pensando así. Soy conocido por estar todo sonriente en público, por ser agradable y ultraeducado con todo el mundo, por poner buena cara a las cosas". Zapatero cuida esa imagen de sí mismo, y la construye sobre la repetición de las palabras talante, pacto y respeto.
En el diario ABC, poco antes de ganar las elecciones, dijo de sí mismo: "Me conozco muy bien y sé cuáles son mis valores vitales ¡Desprecio tanto la arrogancia...! Creo firme e íntimamente que la humildad, el respeto a todos, la tolerancia... son cosas que tienes que demostrar más cuanto más poder tengas. Ésa es la grandeza de un liderazgo. La soberbia y la prepotencia es lo que más desacredita los liderazgos porque, a la postre, todos los liderazgos políticos, todos, más allá de las cualidades personales, son fruto del apoyo de la gente".
Zapatero reconoce ante Time que "no quiero ser un gran líder". Él lo contrapone con ser "un gran demócrata", que es su objetivo. Para ello sigue lo que llama "socialismo ciudadano", y lo define diciendo: "yo acepto que cuando una gran mayoría de los ciudadanos dicen algo, están en lo cierto".
Pese a no desear ser un gran líder, tiene en alta estima su biografía, que identifica con la de la Constitución. En una entrevista concedida el pasado 16 se octubre al programa A vivir, que son dos días de la Cadena SER, Rodríguez Zapatero dijo "sí sé que mi biografía política es la biografía de la Constitución. Sí sé que mi biografía personal es la biografía de la España constitucional a la que amo". Sobre esto último, declara: "yo soy una persona que ama a mí país y a mi tierra. A España y a León. Como la inmensa mayoría de los españoles, que se sienten catalanes y españoles; andaluces y Españoles".
En un plano más personal, José Luis Rodríguez Zapatero dice en Marie Claire de su relación con su mujer que "ella pone los límites, hasta donde quiera". En otra ocasión, en una entrevista concedida a El Socialista, declara que "ella quiere preservar nuestra intimidad, especialmente la de las niñas y la suya propia, hacer una vida lo más normal posible". Por ese motivo declara que "yo respeto que cada uno le guste y haga las cosas como las quiera hacer. A mí la familia me llama a la intimidad, a la discreción, a disfrutar entre nosotros".
